Estas dos diminutas ranas retratadas aquí, poseen un comportamiento reproductivo que las diferencia del resto de especies de ranas de Taiwán: cuando son renacuajos se comen los huevos de su especie, es decir, son oofogos. Pero no se trata de canibalismo, como se da en alguna clase de tiburones, si no que se considera un comportamiento maternal de cuidado de sus pequeños. Las hembras ponen sus huevos en las aguas estancadas de los huecos de los árboles y se quedan cerca de ellos. Una vez que eclosionan, la rana se sumerge en el agua y los renacuajos la golpean con sus morros para que suelte los huevos no fertilizados al agua. Los renacuajos se alimentan de esos huevos sin fertilizar hasta que logran su metamorfosis.

Las dos especies nuevas para la ciencia, Kurixalus berylliniris y Kurixalus wangi, son endémicas de Taiwán, y hasta ahora se creía que formaban parte de la especie Kurixalus eiffingeri, pero el estudio morfológico y de su genoma reveló las diferencias. Estas tres especies son las únicas tres especies oofagas conocidas en Taiwán.

Kurixalus berylliniris, significa en latín “iris de color verde”. Es un anfibio de cuerpo esbelto, de no más de 4 cm. de largo, que vive en las hojas de los árboles en los bosques húmedos del este de la isla. El cuerpo va a juego con los ojos y es verde oscuro o marrón, en contraste con el vientre y el cuello, que son blancos con motas. En cambio, el color de sus renacuajos varía del marrón oscuro al negro.

Kurixalus wangi fue nombrada tras el herpetólogo Ching-Shong Wang, tiene los ojos dorados y un cuerpo pequeño, de menos de 3,5 cm. Son ranas marrón-verdosas con motas marrón oscuro o negras, mientras que el vientre y cuello son blanquecinos.

Kurixalus wangi / Crédito: Dr. Shu-Ping Wu

El estudio publicado en ZooKeys fue liderado por Shu-Ping Wu, de la Universidad de Taipéi en Taiwán, quien afirma que “las alteraciones en el medio natural de Taiwán representan el ecosistema global en una micro escala. La población ha aumentado mucho en los últimos siglos, y conlleva cambios irreversibles: destrucción de hábitats, extinción de especies, disminución y reubicación de recursos. Aún así, hemos encontrado dos especies de vertebrados sin describir en un ecosistema isleño con un gran impacto humano y altamente desarrollado”. Shu-Ping Wu es optimista, “debemos continuar con los esfuerzos de explorar la biodiversidad del globo terráqueo y promover la conservación de los sistemas naturales. En las ciencias de la vida, siempre tenemos la oportunidad de descubrir la belleza de la naturaleza, como en este descubrimiento de las ranas de las isla de Taiwán”.

 

Berta Carreño