El meteorito de esta foto, un condrito tipo L que los científicos han bautizado como Öst 65, esperó un largo tiempo para ser descubierto: llegó a la Tierra hace más unos 470 millones de años y es el primero de su tipo en ser hallado en nuestro planeta. Pero los científicos no creen que sea el único, al contrario: creen que hay muchos más escondidos en el mundo esperando a ser descubiertos.

Los geólogos encontraron la roca en una cantera de piedra caliza en Suiza, y la describieron en un artículo publicado la semana pasada en Nature Communications. El nuevo meteorito mide un poco menos de 10 centímetros de diámetro, y presenta rasgos de espinela y cromita, dos materiales comunes en joyería y construcción.

Los condritos tipo L, contienen pocos metales y son una clase de meteorito bastante común en el espacio. Durante décadas, los científicos habían intentado dilucidar cómo se habían formado. La teoría más aceptada dice que provienen de un cuerpo mucho más grande, que chocó contra un asteroide hace poco más de 470 millones de años en el cinturón de asteroides —entre Marte y Júpiter—. El impacto hizo que este cuerpo se desintegrara en pequeñas piezas de no más de 10 centímetros de diámetro, que desde entonces andan errantes por el universo.

Para estimar el momento en que Öst 65 llegó a la Tierra, los científicos usaron una técnica conocida como Exposición de Rayos Cósmicos, que permite medir la cantidad de radiación que recibe un objeto en sus viajes por el espacio. Así llegaron a la conclusión de que la roca estuvo viajando sin rumbo por casi un millón de años, antes de finalmente caer en la Tierra.

Los investigadores también ejecutaron otros análisis químicos, y determinaron que la composición de Öst 65 es completamente diferente a todos los meteoritos que hasta ahora se han documentado en el mundo. Estas diferencias hacen pensar a los científicos que los meteoritos que cayeron en la Tierra hace 470 millones de años eran muy diferentes a los que caen hoy en día, y que por eso, Öst 65 y otros como él pudieron haber jugado un rol importante en el desarrollo de la vida en la Tierra.

Los condritos tipo L comenzaron a llover sobre la Tierra durante el período ordovícico —entre hace 550 millones y 440 millones de años—, cuando no habían demasiados seres vivos en la Tierra. “Creemos que la diversidad de materiales que trajeron los meteoritos pudo haber influido en la diversidad de la vida que vino después. Esta colisión es un ejemplo de cómo se conecta nuestro sistema solar: una choque aleatorio hace 470 millones de años pudo haber dictado las reglas para la evolución de especies en la Tierra”, dijo a Scientific American Qin-zhu Yin, coautor del estudio e investigador de geoquímica y ciencias planetarias en la Universidad de California, Davis.

El descubrimiento del condrito proporcionará más información de cómo se formaron estos meteoritos, y quizás ofrecerá también datos claves para entender nuestra propia historia.

“Es muy emocionante, porque a lo largo de la historia los humanos hemos recolectado más de 50.000 meteoritos, y nadie ha visto nunca algo como Öst 65”, finalizó Yin.

—Andrea Small Carmona