En esta imagen se ve un balón de fútbol flotando en la Estación Espacial Internacional (ISS). No es una pelota cualquiera, a esta bola le tomó 31 años cumplir con su destino de viajar al espacio.

En enero de 1986, Janelle Onizuka, entonces de 16 años de edad, le regaló a su padre, el astronauta Ellison Onizuka, la pelota autografiada por ella y sus compañeros del equipo de fútbol masculino y femenino del Clear Lake High School, una escuela secundaria ubicada cerca del Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, Texas.

Onizuka era uno de los siete astronautas de la tripulación del transbordador espacial Challenger, que trágicamente explotó 73 segundos después de su despegue,  el 28 de enero de 1986.

“En virtud de los días catastróficos que siguieron, es literalmente, mi último recuerdo de mi padre cara a cara”, dijo recientemente Janelle Onizuka a la cadena de noticias ABC.

Trágicamente, ni Onizuka ni el resto de tripulación del transbordador logró sobrevivir, pero durante la recuperación de los escombros del Challenger la NASA encontró flotando en el océano algunos de los artículos personales de los astronautas, entre ellos una bandera de Estados Unidos y el balón de fútbol.

Luego de que la NASA culminó la investigación, los restos del Challenger fueron conservados en la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral y los objetos personales de la tripulación fueron devueltos a sus parientes más cercanos.

La familia de Onizuka decidió entregar el balón al Clear Lake High School, donde ha estado en exhibición todos estos años.

Tres décadas más tarde, Shane Kimbrough, Comandante de la Expedición 50 a la ISS –y cuyo hijo es hoy alumno del Clear Lake High School–, preguntó a los estudiantes si deseaban enviar algún recuerdo al espacio en nombre de la escuela. La pelota que no había logrado llegar al espacio en 1986, fue el objeto elegido.  

Luego de obtener el permiso de la escuela y de la familia Onizuka, Kimbrough divulgó en Twitter la foto de la pelota flotando frente a la ventana de la cúpula de la estación antes del aniversario de la tragedia del Challenger y el Día de la Memoria de la NASA.

“Me siento honrado de ser parte de traer este pequeño trozo del legado de Challenger a la Estación Espacial Internacional", dijo Kimbrough a través de un comunicado de la NASA.  

La pelota volverá a la Tierra, y la escuela, en un próximo vuelo de carga.

"El balón de fútbol ha continuado en muchos aspectos la misión que mi padre emprendió hace tantos años, y ha continuado viajando y explorando el espacio inspirando a tantos a través de su historia”, dijo Janelle Onizuka en la nota publicada por Clear Lake High School.