Tenía ocho patas y podía llegar a medir hasta 1,70 metros de largo. Su aspecto recuerda al de un monstruo en una película de horror. Y es que esta imagen muestra una representación artística de cómo pudo haber lucido el Pentecopterus decorahensis, una especie de escorpión marino que muy probablemente aterrorizó a otras criaturas acuáticas en las profundidades del océano hace cientos de millones de años.

El Pentecopterus decorahensis habría formado parte de la familia de los euriptéridos, un conjunto de predadores marinos gigantes ya extintos que tienen relación con los arácnidos modernos, describió el equipo en un estudio publicado en BMC Evolutionary Biology.

Científicos de la Universidad de Yale hallaron un total de 150 fragmentos del exoesqueleto del animal fosilizados bajo una roca durante la excavación de las capas superiores de la acumulación sedimentaria de Winneshiek, ubicada al norte del estado de Iowa, en Estados Unidos.

Las piezas del artrópodo, del que hasta ahora no se tenía registro, datan de hace aproximadamente 460 millones de años, lo que lo convierte en el fósil más antiguo que se haya encontrado de un euriptérido. El tamaño de este espécimen, 1,50 metros de largo, lo hace también el más grande de su tipo nunca antes encontrado.

“La mayoría de los euriptéridos medía solamente entre 10 y 20 centímetros de largo. El de mayor tamaño, llegó a medir 2,5 metros, pero era cerca de 100 millones de años más joven que esta nueva especie. Este euriptérido debió ser uno de los animales más grandes de su época”, dijo a Scientific American James Lamsdell, autor principal del estudio, quien añadió que hasta la fecha se ha documentado la existencia de 250 especies de escorpiones marinos.

El Pentecopterus decorahensis tenía ocho extremidades, conectadas casi directamente a su cabeza. Los autores del estudio creen que las seis patas traseras le servían para desplazarse, mientras que las dos frontales tenían la función de atacar a las presas. Adicionalmente, tenía una amplia cola trasera que probablemente le permitía impulsarse para nadar más eficientemente.

Lamsdell agregó que “este animal debió ser el depredador más poderoso dentro de su ecosistema. Su tamaño y espinosas extremidades seguramente lo convirtieron en un peligro para cualquiera que se atravesara en su camino”.

—Andrea Small Carmona