En la fotografía se ve a un Sapayoa  salir del nido al que ha acudido para alimentar a los dos polluelos que hay dentro. Lo curioso de la escena es que el pájaro retratado no es ni el padre ni la madre de las crías, si no un macho “adolescente” –y se cree que sin lazos de parentesco– que colabora desinteresadamente en el cuidado de los polluelos.

Investigadores del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Cornell, Nueva York, se dirigieron a las laderas del cerro Pierre, en el Parque Nacional de Darién, de Panamá, para estudiar las costumbres de este esquivo pájaro, que hasta ahora no se sabía cuidaba colectivamente de las crías.

Esquivo porque los Sapayoas, de 15 centímetros de largo y color oliva, y observados por primera vez en el río Sapayoa de Ecuador en 1903, presentan varios enigmas para los científicos. Sus poblaciones son escasas y habitan los remotos bosques lluviosos que se extienden desde Panamá a Ecuador, haciendo difícil su observación. Los científicos debaten sobre sus costumbres, clasificación y origen, de ahí que su nombre científico sea Sapayoa aenigma.

En el Darién, los científicos hallaron nidos de Sapayoa, colgados de ramas a unos dos metros, sobre arroyos que corrían por el fondo de cañadas, “un lugar especial y con una gran diversidad”, afirma Sarah Dzielski, coautora artículo publicado en The Auk: Ornithological Advances. El grupo que atendía el nido estudiado estaba formado por un macho y una hembra adultos y dos machos inmaduros, que cazaban insectos al vuelo, para luego llevarlos al nido y alimentar a los polluelos, o eso creían los científicos.

Los dos machos “adolescentes” mostraron comportamientos extraños. En ocasiones llegaban al nido con alimento y desoyendo los ruegos de los polluelos, hacían varios vuelos del nido a una rama, antes de alimentar a los pequeños o comerse el insecto ellos mismos. Otras, parecían chocar con el nido al querer entrar, “quizá intentaban arreglar el nido, o eliminar algún gusano o parásito…, en realidad no sabemos qué estaban haciendo”, confiesa Dzielski.

Los Sapayoas no son los únicos que cuidan colectivamente de sus nidos, varias especies de pájaros lo hacen. Así los jóvenes desarrollan habilidades que aumentan las probabilidades de éxito de sus propias crías. En ocasiones, crías adultas –aunque inmaduras– permanecen en el nido para “aprender y practicar”; otras, los ejemplares jóvenes que ayudan en la crianza no estén relacionados con la pareja.

Los científicos también se sorprendieron al observar episodios de monta entre los distintos pájaros: mayormente uno de los machos inmaduros montaba a la hembra, pero también mostraron este comportamiento entre machos. Los científicos especulan que no se trata de un comportamiento reproductivo, sino que se podía usar para establecer el estatus social dentro del grupo de cría colectiva, –como en otras especies–.

Además de las curiosas costumbres observadas, el equipo tiene la esperanza de que el análisis de las muestras de sangre extraídas a los especímenes observados en cerro Pierre aporten nuevos datos sobre la clasificación de estas aves –que hasta ahora no es clara, por lo que se ubica en su propia familia: Sapoyoidae– así como sobre las relaciones entre los individuos del núcleo familiar.

 

– Berta Carreño