El paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía está intentando descifrar el enigma de una gigantesca huella de dinosaurio carnívoro que estaría entre las más grandes jamás encontradas.

Esta huella de 1,14 metros de largo fue descubierta a finales de junio a unos 65 kilómetros de Sucre, la capital constitucional de Bolivia, por Grover Marquina, un guía turístico y paleontólogo aficionado, cuyas fotos han sido publicadas por la prensa nacional e internacional.

“Esto es un golazo en cuanto al tamaño porque no se esperaba que dinosaurios carnívoros tan grandes fueran frecuentes a fines del Cretácico suramericano”, dice Apesteguía a Scientific American.

Basado en la edad geológica de la formación rocosa en la que se encontró, él estima que la huella data de hace entre 65 y 70 millones de años, lo que indica que los dinosaurios de gran tamaño podrían haber deambulado por la región por un periodo mucho más largo de lo que hasta ahora se pensaba. 

“Nosotros tenemos en América del Sur lo que llamamos la edad de los gigantes que tuvo lugar a principios del Cretácico Superior, hace unos 100 a 90 millones de años. Pero en Suramérica para fines del Cretácico supuestamente no quedaban dinosaurios realmente grandes y sin embargo aquí esta este”, dice.

En un principio Apesteguía dedujo que la huella pertenecía a un Abelisaurus, un linaje de dinosaurios depredadores que se cree tenía entre siete y nueve metros de largo y que vivía en tiempos del Cretácico en América del Sur. Pero ya no está tan seguro.

“Lo más importante es reconocer la identidad de la huella y por supuesto publicarla, traerla sobre el tapete de lo científico y no solo de la prensa. Luego el tema es comparar las huellas que conozcamos de Abelisaurus y de otros grupos y tratar de acertar un poco con la identidad”, dice.

Apesteguía, que trabaja como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), sospecha que la huella podría ser también de un miembro de la familia de los Neovenatorid, como los Megaraptors, que tenían las manos más desarrolladas que los Abelisaurus y con garras poderosas.