Era un día magnífico en las colinas que se alzan sobre Edimburgo, Escocia, cuando los viejos amigos y colegas científicos Ian Wilmut y Alan Trounson partieron hacia una caminata hace dos décadas. A buena altura por encima de la ciudad, Wilmut confesó que tenía un secreto que compartir. Como parte de un estudio más amplio, él y varios colegas habían dado a luz con éxito a un cordero en el laboratorio –no de óvulo y espermatozoide, sino a partir del ADN extraído de la glándula mamaria de una oveja adulta–. Habían clonado un mamífero. "Caray, estaba aturdido", dice Trounson, que es ahora –como entonces– un biólogo de células madre en la Universidad de Monash en Melbourne, Australia. Recuerda haberse sentado en una piedra cercana. Era un día cálido, pero Trounson sintió un escalofrío al darse cuenta de las implicaciones. "Lo cambiaba todo".

La clonación de un mamífero desafiaba el dogma científico de su tiempo. El éxito llevó a serias y fantásticas predicciones: los seres humanos serían clonados. Se prevendrían enfermedades. Renacerían niños perdidos. Hoy, dos décadas después del nacimiento de Dolly, el 5 de julio de 1996, el impacto de la clonación en la ciencia básica ha superado las expectativas, mientras que la realidad de lo que técnicamente se denomina transferencia nuclear –la forma de clonación utilizada con Dolly– en gran medida se ha desvanecido de la conciencia pública.

En 2016 la clonación de una persona sigue siendo inviable, sin beneficio científico y con un nivel de riesgo inaceptable, dicen varios científicos. La mayoría no sabe de nadie que esté si siquiera considerando la hazaña. Y la clonación de animales sigue siendo limitada –aunque probablemente esté creciendo–. En EE.UU. y China se utiliza clonación agrícola para sacar provecho de los genes de algunos ejemplares extraordinarios, dicen los científicos, pero el Parlamento Europeo votó el año pasado prohibir la clonación de animales para  la alimentación. Un científico en Corea del Sur cobra $100.000 por clonar mascotas, aunque no está claro el nivel de demanda del servicio.

El mayor impacto de la clonación, dicen varios investigadores, han sido los avances que ha desatado en células madre. El biólogo de células madre Shinya Yamanaka dijo por correo electrónico que la clonación de Dolly lo motivó a iniciar el desarrollo de células madre derivadas de células adultas –logro que le valió el Premio Nobel en 2012–. "La oveja Dolly me dijo que la reprogramación nuclear es posible incluso en células de mamíferos y me animó a empezar mi propio proyecto”, escribió Yamanaka, quien divide su tiempo entre la Universidad de California,  en San Francisco, y el Centro de Investigación y Aplicación de células iPS (CiRA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Kyoto en Japón, que él dirige. Utilizó células adultas –primero en ratones, aunque la técnica es ahora factible en humanos– para hacer células madre que pueden formar una amplia gama de otras células, esencialmente girando sus relojes celulares de nuevo a la infancia para que pudieran madurar siendo adultos diferentes. Debido a que son creadas artificialmente y pueden tener una variedad de futuros, se les llama células madre pluripotentes inducidas (o células iPS, por sus siglas en inglés). El aumento de estas células iPS ha reducido la necesidad de células madre embrionarias –que durante mucho tiempo han causado preocupaciones éticas a algunas personas– y ahora las células iPS forman la base de la mayor parte de la investigación en células madre actual.

El nacimiento de Dolly fue transformador, ya que demostró que el núcleo de la célula adulta tiene todo el ADN necesario para dar lugar a otro animal, dice el biólogo celular Robin Lovell-Badge, jefe de la División de Biología de Células Madre y Genética del Desarrollo en el Instituto Francis Crick, en Londres. Investigadores anteriores habían conseguido ranas adultas a partir de células embrionarias o células embrionarias de ranas adultas –momento en el que su desarrollo se estancaba–. "Dolly fue el primer ejemplo de tomar una célula adulta y conseguir un adulto", dice Lovell-Badge. "Eso significaba que se puede reprogramar el núcleo de una célula adulta de nuevo a un estado embrionario".

Dolly murió el 14 de febrero de 2003, a los seis años, de una infección pulmonar, común entre animales que no tienen acceso al aire libre. Probablemente no tenía nada que ver con que fuera un animal clonado, dice Wilmut, ahora profesor emérito en el Instituto Roslin en la Universidad de Edimburgo, donde realizó su trabajo inicial.

La oveja, creada a partir de células mamarias, fue célebremente nombrada tras Dolly Parton, la cantante estadounidense conocida por su generoso pecho, así como su voz. "No fue pensado como una falta de respeto a la dama en cuestión o a las mujeres en general", dijo Wilmut recientemente sobre el nombre sugerido por un ganadero. Al contrario, ayudó a humanizar un proyecto de investigación que de otro modo podría haber parecido desconectado de la vida cotidiana. "La ciencia y su presentación a veces pueden parecer terriblemente serias", dijo. "Creo que fue bueno para nosotros –nos hizo parecer humanos–".

Wilmut admite que el nacimiento de Dolly fue un accidente afortunado. Él y sus colegas estaban tratando de hacer clones de células fetales y utilizaron las adultas como controles experimentales –sin esperar que en realidad generasen un embrión propio–. "No nos dispusimos a clonar células adultas. Nos dispusimos a trabajar con, idealmente, células madre embrionarias o cosas por el estilo", dice Wilmut. "Tener éxito con células adultas fue una muy considerable e inesperada ventaja".

El objetivo inicial de la investigación era utilizar el sistema de producción de leche del animal como una especie de fábrica, donde se produciría proteínas para el tratamiento de enfermedades humanas. Pero el interés en esa idea ha disminuido con el aumento de productos químicos sintéticos de bajo costo.

Wilmut dice que cree que sería posible clonar un ser humano –pero altamente desaconsejable–. La técnica de clonación usada para crear a Dolly ha resultado no funcionar en primates. Cree que sería posible usando otras técnicas, pero dijo que se opone vehementemente a la idea de clonar una persona. "El hecho de que ahora pueda funcionar en el sentido de producir descendencia no quiere decir que debamos hacerlo", dice. "Lo más probable es que se den abortos espontáneos, nacimientos anormales". Por ejemplo, uno de los corderos que su laboratorio clonó poco después de Dolly, desarrolló problemas pulmonares que le hacían hiperventilar y perder el conocimiento regularmente. “Fue suficientemente angustioso ver eso en un animal", dice. "No me gustaría ser la persona que mire a un niño clonado a la cara y diga 'lo siento mucho’”. Con los avances recientes en la tecnología de edición de genes, la necesidad de clonación para corregir errores genéticos se reducirá aún más, señala. "Hay aún menos razones para hacerlo ahora que antes".

Trounson dice que cree que hay un gran mercado para embriones de ganado clonados. "Hay bastante movimiento por ahí, un poco sorprendente y por debajo de la superficie", dice. "Los beneficios para la excelencia productiva y el aumento de la producción son muy buenos", añade Trounson, quien recientemente dejó el cargo, tras seis años como presidente del Instituto de Medicina Regenerativa de California, una agencia estatal que otorga préstamos y subvenciones para la investigación en células madre. "Esa es probablemente la razón que ha evitado que empresas lo hagan en EE.UU.".

El gobierno de EE.UU. decidió en 2008 que no había diferencias discernibles entre vacas, cabras y cerdos clonados y no clonados, por lo que permitió el proceso en aquellos animales, aunque principalmente para la cría en lugar de la producción de carne. En China, una compañía llamada Grupo Boyalife tiene planes para producir al menos 100.0000 cabezas de ganado vacuno clonadas –una fracción del número total de animales sacrificados cada año en ese país, dijo un portavoz de la compañía a través de un correo electrónico–. "Podríamos estar en el mejor momento de hacer avanzar esta tecnología a aplicaciones, desde un punto de vista tecnológico y desde una perspectiva de mercado [en China]".

En teoría, también se podría usar la clonación para traer de vuelta especies en peligro de extinción. Se ha hablado de usarla para recuperar al mamut lanudo, los pandas gigantes, e incluso, a los neandertales –ideas que Lovell-Badge descarta, al señalar que son "bastante tontas"–. Trounson dice que todavía tiene un alijo de muestras de piel de wombat de nariz peluda del norte en peligro crítico de extinción almacenadas en nitrógeno líquido, en caso de que alguna vez alguien quiera intentar recuperar los números de estas especies. Los clones, sin embargo, se crean tomando una célula adulta y fusionándola a un óvulo destinatario. Hacer un clon requiere un núcleo intacto, que no estaría disponible para la mayoría de especies extintas.

Varios investigadores están usando técnicas de clonación para producir células madre embrionarias, evitando con ello la necesidad de recoger nuevos embriones. La llamada transferencia nuclear de células somáticas puede ayudar a los investigadores a entender mejor la embriogénesis humana y la biología de células madre, según Paul Knoepfler, biólogo de la Universidad de California, en Davis, quien no está involucrado directamente en el trabajo. Knoepfler escribió vía e-mail que no "ve ningún beneficio terapéutico inminente [de ese trabajo], pero eso podría cambiar en el futuro".

La idea de clonar a un ser querido fallecido –humano o mascota– ha caído en desuso, en parte, debido al reconocimiento de que el medio ambiente influye en el comportamiento. La genética podría ser la misma pero ¿un clon seguiría siendo el mismo individuo amado? "Nunca va a conseguir que Tibble, o lo que sea, vuelva", dice Lovell-Badge, señalando que él piensa que la idea de clonar una mascota es "estúpida". Y añade: "el único uso posible en el que vagamente puedo pensar es si usted tiene un perro particularmente valioso", con habilidades como un súper-olfato, que los científicos querrían determinar si eran innatas o adquiridas.

Lovell-Badge es aún más desdeñoso con la idea de clonar una persona. "Tendríamos que saber mucho más acerca de la reprogramación y cómo hacerla para que sea 100 por ciento eficaz", dice. "Nunca he pensado en una razón lo suficientemente buena para un ser humano".