En Colombia no había incubadoras para todos los bebés prematuros, nacidos antes de las 37 semanas de gestación y con un peso inferior a los dos kilos y medio. En los hospitales y centros de maternidad con pocos recursos las madres de estos recién nacidos –sin complicaciones médicas– se convirtieron en incubadoras naturales acomodando al bebé entre sus pechos y en posición vertical, con una tela de sujeción. La inspiración marsupial del contacto piel con piel y la lactancia materna frecuente o exclusiva contribuyó a la regulación del calor corporal, la nutrición y la estimulación de los pequeños.

Esta alternativa a la incubadora, que recibe el nombre de método madre canguro, mejoró la evolución de los recién nacidos que recibieron el alta en menos tiempo. La nueva técnica, desarrollada en la década de los setenta, cubría “las necesidades del bebé en materia de calor, lactancia materna, protección frente a infecciones, estimulación, seguridad y amor” según detalla la Guía práctica del método madre canguro de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre este método universal para “todas las madres, independientemente de su edad, número de partos, educación cultura y religión”.

Ahora, después de años de aplicación e investigación, esta práctica está extendida por países de todo el mundo, especialmente en lugares donde no hay suficientes incubadoras y el mantenimiento, reparaciones y suministro eléctrico son complicados. Según la Fundación Canguro más de 30 países han adoptado este método, incluidos países industrializados como España. “El método es una rutina en los países nórdicos, que tienen la mortalidad infantil más baja del mundo”, asegura Nathalie Charpak, pediatra francesa, investigadora de esta técnica y directora de la fundación.

Una revisión científica del 2014, que recoge 18 estudios con 2.751 recién nacidos, muestra la asociación entre el método y la reducción de la mortalidad. También se observa como la técnica favorece el amamantamiento y aumento de peso del bebé, el apego con su madre, y reduce las infecciones severas, la hipotermia y la estancia en el hospital. Además hay algunas evidencias de reducción infecciones nosocomiales causadas por el entorno hospitalario.

Los divulgadores de este método le suman los beneficios emocionales a lo que consideran la humanización de la neonatología: “Las madres de los niños prematuros sufren por ser separadas de su bebe”, señala Charpak que añade que esta técnica no solo incide en la relación madre e hijo sino también con el padre que participa de unos cuidados “muy especiales”.

Nacer prematuro en un país en vías de desarrollo

Cada año nacen unos 20,6 millones de niños que presentan bajo peso al nacer de los cuales un 95,6% son hijos de países en vías de desarrollo, según los últimos datos de la OMS. El organismo internacional estima que una quinta parte de los cuatro millones de muertes neonatales son recién nacidos prematuros y de bajo peso, un factor que supone una de las cinco causas principales de muerte infantil en el mundo, según el último resumen anual de estadísticas vitales publicado en la cabecera Pediatrics el año pasado. De hecho, el peso insuficiente al nacer supone entre un 60% y un 80% de las muertes neonatales, tal y como contabilizan las series de supervivencia neonatal de la revista científica The Lancet.

El médico Edgar Rey Sanabria del Instituto Materno Infantil en Santa Fe de Bogotá (Colombia) fue el creador de esta alternativa al cuidado convencional de niños prematuros por el que recibió en 1991 el premio Sasakawa para la Salud de la OMS. Sus primeros informes registraron un incremento de la supervivencia en el hospital de entre un 30% y un 70% de los recién nacidos que pesaban entre un quilo y un quilo y medio de peso.

Los investigadores Bergman y Jürisoo observaron en el Hospital Manama Mission, en un confín remoto de Zimbaue, el aumento de la supervivencia entre un 10% y un 50% en los bebés nacidos por debajo del kilo y medio, mientras que la supervivencia entre los pequeños que pesaron entre un kilo y medio y dos kilos al nacer mejoró entre un 70% y un 90%.

Para poder aplicar el método hay una ventana de tiempo que va desde el momento del parto hasta algunos días después del nacimiento, aunque cuanto antes se implemente es mejor para evitar riesgos para la salud del bebé. La duración del contacto piel con piel varía de los minutos hasta prácticamente todas las horas del día durante días o semanas. “Cuanto más duran los cuidados, más fuerza adquiere la posible asociación directa y causal”, comenta la OMS.