El desastre ambiental generado por el colapso de una represa perteneciente a una mina en Brasil, el pasado 5 de noviembre, ha causado un daño sin precedentes en el país y tendrá efectos negativos irreversibles en la salud humana y en el ambiente, de acuerdo con los expertos.

El accidente enterró bajo el lodo al pequeño pueblo histórico de Bento Rodrigues, un subdistrito de Mariana, ubicado en el estado de Minas Gerais. Al menos 11 personas han muerto y más de 600 fueron desplazadas. Adicionalmente, el suministro de agua de más de 250.000 personas fue interrumpido en la zona debido a que se contaminó con metales pesados.

Toneladas de lodo formado por residuos de mineral de hierro y sílice, y cuyo volumen fue originalmente calculado en cerca de 25.000 piscinas olímpicas, se han extendido por más 800 kilómetros y han llegado hasta uno de los ríos más grandes de Brasil, el río Doce. El lodo contaminado —en el que el Instituto de Gestión de Aguas de Minas Gerais ha encontrado sustancias tóxicas como mercurio, arsénico, cromo y manganeso en niveles superiores a los límites para consumo humano—, ha llegado ya a la costa de la provincia de Espírito Santo. Allí podría, potencialmente, afectar de manera más amplia al ecosistema marino.

Los riesgos van más allá de los elementos químicos específicos hallados en el barro. Por ejemplo, los procesos de descomposición iniciados en la represa pueden generar diversos tipos de contaminación bacteriológica y química.

Muchos culpan del desastre a Samarco, la empresa minera brasileña a cargo de las represas de agua. La compañía es un negocio conjunto entre dos gigantes brasileños de la minería: Vale, de Brasil, y BHP Billiton, de Australia.

Más represas en situación de riesgo

Aunque inicialmente se había anunciado que eran dos las represas que habían colapsado en la mina, los representantes del Departamento Nacional de Producción Minera de Brasil evaluaron vía aérea la zona y confirmaron que solo la represa “Fundão” se derrumbó. Advirtieron, sin embargo, que la represa “Santarém” —también bajo el cuidado de Samarco— se ha “sobrepasado” (en sus niveles normales) y que está en riesgo de colapsar, al igual que la represa “Germano”, también propiedad de la compañía.

“Debido a que nunca ha habido un incidente ambiental de esta magnitud, es imposible calcular el impacto real en este momento", dice Klemens Laschefski, investigador de la Universidad Federal de Minas Gerais.

"Los cambios en el caudal del río con respecto a las corrientes y las nuevas condiciones geoquímicas en los sedimentos, traerán profundos cambios en los ecosistemas, los cuales también influirán en las especies, e incluyen la posibilidad de que desaparezcan especies endémicas”, advierte Laschefski. Añade que las plantas acuáticas de la zona se encuentran en peligro porque el barro que ahora las cubre se endurecerá eventualmente como un cemento, debido a su alto contenido de hierro.

Aloysio da Silva Ferrão Filho, investigador de la Fundación Oswaldo Cruz, está de acuerdo con que la situación es grave. "Todo el ecosistema está bajo amenaza y el impacto puede incluso llegar a la cadena alimentaria marina, posiblemente hasta los arrecifes de corales de Abrolhos, que son muy sensibles a la sedimentación de material inorgánico”, dijo a Chemistry World.

Ferrão dice que estos efectos pueden durar décadas. Explica que las altas concentraciones de metales pesados en las muestras de agua del río Doce podrían generar la bioacumulación de metales en la cadena alimentaria, y posiblemente alcanzar niveles tóxicos en algunos organismos.

Biodiversidad perdida

“La biodiversidad del río está completamente perdida”, afirma Ferrão. "Varias especies, incluyendo las endémicas, deben haberse extinguido".  Aunque se espera una cierta recuperación a través del reabastecimiento con otros afluentes, Ferrão dice que es imposible estimar cuánto tiempo tomará dicho proceso.

Varias investigaciones están en curso para determinar las causas del desastre, incluyendo una llevada a cabo por fiscales federales y estatales, y otras realizadas por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y un grupo independiente de investigadores.

Samarco afirma que varios eventos sísmicos pequeños ocurridos en la zona podrían haber causado daños a la represa, pero algunos expertos acusan de negligencia a la compañía y los organismos gubernamentales responsables de la supervisión de la mina.

Por ejemplo, Laschefski afirma que los riesgos de rotura de la presa de Fundão, y la falta de un plan de contingencia para tal escenario, fueron bien documentados en 2013. Él dice, sin embargo, que Samarco no ha tomado medidas para hacer frente a esas amenazas, y que en realidad la empresa ha aumentado su producción de residuos.

El 11 de noviembre, los directores ejecutivos de Vale y BHP Billiton se comprometieron conjuntamente a apoyar Samarco en la creación de un fondo de emergencia para reconstruir la infraestructura dañada y proporcionar alivio a los afectados por el desastre.

De hecho, los representantes de Samarco firmaron un acuerdo con los fiscales estatales y federales el 16 de noviembre en el que se comprometen a pagar al menos $250 millones para cubrir las acciones de emergencia.

El 13 de noviembre, un juez de Mariana emitió una orden judicial para congelar $75 millones de las cuentas bancarias de Samarco, con el fin de garantizar indemnizaciones a las víctimas locales del accidente. El día anterior, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, había confirmado una multa $62,5 millones para la empresa minera, señalando que otras multas podrían estar en camino.

 

Este artículo se reproduce con permiso de Chemistry World. El artículo se publicó primero el 21 de noviembre de 2015.