Los arqueólogos necesitan una nueva teoría para explicar la colonización de las Américas. El ADN vegetal y animal enterrado bajo dos lagos canadienses ha derribado la teoría de que los primeros americanos viajaron a través de un corredor libre de hielo que se extendía desde Alaska hasta Montana.

El estudio, publicado en la revista Nature el 10 de agosto y liderado por el palaeogeneticista Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague, sugiere que este pasadizo se hizo habitable hace 12.600 años. Eso es casi 1.000 años después de la formación de la cultura Clovis –a quienes en el pasado se les ha considerado como los primeros americanos– e incluso después de que otras culturas conocidas como pre-Clovis se asentaran en los continentes.

Hace unos 14.000 años, cuando América del Norte estaba saliendo de la última Edad de Hielo, glaciares gemelos que cubrían el centro de Canadá retrocedieron, creando un corredor libre de hielo antes de que los Clovis aparecieran a lo largo de lo que hoy en día es el centro de Estados Unidos. “Parecía imposible ignorar esa coincidencia porque era demasiado fuerte”, dice el arqueólogo y co-autor del estudio David Meltzer, de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, Texas. “Las personas que habían estado congelándose en Alaska durante miles de años vieron que esta había tierra nueva disponible y descendieron apresuradamente por ese corredor hacia un nuevo mundo”.

IDEA PERSISTENTE

La teoría del corredor libre de hielo comenzó a resquebrajarse en la década de 1990, cuando unos investigadores argumentaron que los humanos ya vivían en Monte Verde en Chile hace más de 14.000 años. El descubrimiento de otras posibles zonas pre-Clovis en América del Norte  socavó aún más la teoría de que los Clovis fueron los primeros americanos. Pero la idea de que sus antepasados ​​llegaron a caminar a través del corredor persistió, dice Meltzer, a pesar de que había poco consenso sobre cuando el paso se abrió, o cuando se hizo habitable. “Son 1.500 kilómetros. No puedes preparar un almuerzo y caminarlo en un día”.

Para construir una imagen de cómo era el hábitat tras la edad de hielo, el equipo de Willerslev analizó el ADN de muestras extraídas del fondo de dos lagos situados en el último tramo del corredor donde el hielo se deshizo. Las primera vida vegetal en la zona, hierbas y juncias, data de hace solo 12.600 años. Más tarde, la región se hizo más exuberante, con artemisas, ranúnculos e incluso rosas, seguido de sauces y álamos. Este hábitat atrajo primero a bisontes y luego a mamuts, alces, ratones de campo e incluso a algún águila calva. Hace unos 11.500 años, el corredor empezó a parecerse al paisaje actual, poblado de pinos y abetos.

Eventualmente, estos tesoros naturales de la región atrajeron a los cazadores-recolectores. Pero las fechas descartan que hubiera sido usado como un corredor por el pueblo Clovis, o incluso para que americanos colonizaran las Américas anteriormente, dice Willerslev. En lugar de eso, es probable que ambos grupos bordeasen la costa del Pacífico, tal vez en barco.

Loren Davis, arqueólogo de la Universidad Estatal de Oregon en Corvallis, está de acuerdo: “Ahora que la teoría del corredor libre de hielo se ha ido al garete podemos empezar a pensar en la posibilidad de que hubiera una ruta de migración costera”.

Otras investigaciones recientes indican también que los Clovis y otros grupos de primeros humanos no podían haber viajado a través del corredor libre de hielo. En junio, un equipo dirigido por Beth Shapiro, un paleobiólogo evolutivo de la Universidad de California, en Santa Cruz, secuenció el ADN de bisontes que vivían al norte y al sur de la vía del corredor y encontró que estas poblaciones estaban separadas durante la última edad de hielo hasta hace al menos 13.000 o 13.400 años, cuando empezaron a mezclarse de nuevo. Shapiro también apoya la teoría de una ruta de migración costera para los seres humanos.

PARADAS EN LA RUTA DEL PACÍFICO

El descubrimiento de asentamientos a lo largo de estas rutas no será fácil, porque es probable que la mayoría estén sumergidos hoy en día. Pero, este verano, Davis y sus colegas empezaron a hacer un reconocimiento de zonas en el océano Pacífico, incluyendo áreas que en el pasado fueron bahías y estuarios, y que podrían haber servido para que los primeros americanos hiciesen paradas en el trayecto. En 2017, el equipo comenzará a recoger sedimentos marinos en busca de signos que indiquen si se asentaron allí, tales como artefactos tallados en piedra o ADN humano antiguo.

Willerslev espera poder participar en estas búsquedas y piensa que la recreación de estos hábitats costeros a través de la secuenciación de ADN podría ser una herramienta valiosa. El hecho de que los primeros humanos pudieron haber avanzado en las Américas, a pesar de que había glaciares del tamaño de continentes en el camino, también le ha llevado a reconsiderar la teoría prevalente de que los primeros seres humanos, al igual que otros animales, migraban solo en busca de alimento.

“Del mismo modo que hoy en día hay gente que intenta llegar a la cima del Monte Everest o al Polo Sur, estoy seguro de que estos cazadores-recolectores eran también exploradores que estaban curiosos de saber qué es lo que había al otro lado de esos glaciares”, dice. “¿Por qué siguieron adelante después de llegar a California por primera vez? ¿Por qué no se quedaron en la bahía californiana?”

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó el 10 de agosto de 2016.