América Latina va a sentir los golpes del cambio climático si no se toman las medidas necesarias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Los eventos climáticos extremos, como sequías, inundaciones y olas de calor o frío, serán más comunes e intensas que ahora; los glaciares andinos desaparecerán y se perderá una fuente vital de agua dulce; los huracanes más poderosos podrían ser más frecuentes; varias ciudades costeras e islas del Caribe padecerán un aumento del nivel del mar de más de un metro.

Las medidas de adaptación para lidiar con estas consecuencias son necesarias, pero la región también puede contribuir a reducir las emisiones, a pesar de no ser un culpable histórico de este problema ambiental, pues solo es responsable del 9,6 por ciento de esa contaminación.

Hoy lunes se inicia en París una nueva cumbre sobre cambio climático (COP21) en la que se espera una intensa presencia de jefes de estados latinoamericanos. El objetivo es lograr un acuerdo vinculante y obligatorio para reducir las emisiones de GEI de forma que la temperatura media del planeta no se eleve más de dos grados por encima de los valores previos al inicio de la Revolución Industrial.

En un proceso previo casi todas las naciones presentaron voluntariamente su Contribución Nacional Determinada (INDC, por sus siglas en inglés), de reducción de emisiones. Las propuestas de la región fueron dispares con naciones que son ejemplo a nivel mundial y otras que reniegan de reducir sus emisiones bajo el argumento que necesitan quemar combustibles fósiles para seguir creciendo.

“En su mayoría corresponden a objetivos específicos de reducción de GEI y a la instrumentación de medidas de adaptación enfocadas a proteger a las comunidades de los efectos adversos del cambio climático, e incrementar la resiliencia de infraestructura estratégica y ecosistemas”, señala Luis Galindo, jefe de la Unidad de Cambio Climático de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Las medidas de mitigación están orientadas a la lucha contra la deforestación y a aumentar el uso de energías renovables, en especial la hidroeléctrica.

“Es bueno que la mayoría de los latinoamericanos haya presentado su INDC. El nivel y estilo de compromiso de la región varía enormemente. Hay países que atan su reducción de emisiones a valores de PBI, como Chile, otros que proponen reducciones en base a un año determinado, como Brasil, y muchos que proponen reducciones basadas en las emisiones proyectadas al 2030 (Argentina, Colombia, Perú, y otros)”, explica Enrique Maurtua Konstantinidis, coordinador del proyecto Agendas Climáticas Nacionales de las Fundación Ambiente y Recursos Naturales de Argentina (FARN).

En tanto, Marcia Rocha, directora del equipo de Política Climática en Climate Analytics, asegura que las grandes naciones de la región podrían haber tomado más medidas. “Un aumento en el calentamiento global de dos grados tendría impactos severos en el continente. Sin embargo, en lugar de tomar medidas adecuadas para el tamaño de la amenaza, estos gobiernos se están apegando en gran medida a sus políticas actuales, que van en la dirección equivocada", explica.

La asociación Climate Action Tracker (CAT) evaluó las propuestas de México, Brasil y Perú como “media”, y las de Argentina y Chile como “insuficientes”. Es decir, que si todo el mundo siguiera sus ejemplos, no se alcanzaría limitar el calentamiento a 2 grados Celsius.

La única nación latinoamericana evaluada como suficiente fue Costa Rica. Este país ha propuesto una reducción del 25% comparado con 2012 y la aspiración de transformarse en un país carbono neutral para 2021, es decir, que además de bajar su contaminación, compensará las emisiones restantes, con reforestación y otras medidas.

Los cinco más contaminantes

Brasil es el mayor emisor  de gases contaminantes de la región. Propuso una reducción de 37% respecto de los valores de 2005. El mayor peso de su contribución será evitar la deforestación del Amazonas y mejorar el aporte de energías renovables.

"Brasil tiene una gran participación de energía hidroeléctrica, sin embargo, se prevé que su mercado de energía aumente en más de un 50 por ciento para el 2030. Si bien es bueno que la participación de las energías renovables vaya a crecer, Brasil tiene que tener cuidado de recarbonizar su sector eléctrico ", dice Rocha.

México es el segundo país latinoamericano más contaminante. Plantea un reducción incondicional de 25% con respecto a los niveles de emisiones esperados para el 2030 si todo siguiera igual (“Business as Usual” o BAU, por sus siglas en inglés).

Esto significa que sus emisiones seguirán aumentando. Además, el foco está puesto en la reducción de las emisiones de carbón negro, una medida muy ventajosa para la salud y el ambiente pero que no tiene grandes efectos en la mitigación del calentamiento global, indica CAT.

Colombia y Argentina presentaron propuestas de reducción del 20 y 15 por ciento respectivamente respecto de un escenario BAU a 2030, lo cual significa que seguirán aumentando sus emisiones. En tanto, Venezuela, no presentó su INDC.

“Preocupa que Argentina, que tiene el potencial de proveer energía a todo el continente con el desarrollo las energías la eólica y solar, opte por la propuesta cara y peligrosa de la energía nuclear”, señala Maurtua Konstantinidis.

Pequeños del Caribe

A pesar de no ser grandes emisores, algunas islas caribeñas también presentaron sus INDC: Trinidad y Tobago, Bahamas, República Dominicana, Cuba, Antigua y Barbuda, Granada, Haití, Barbados, y Dominica. Sus propuestas están orientadas a la adaptación ya que se trata de una región muy vulnerable al aumento del nivel del mar y de los eventos extremos como las tormentas tropicales.

“La realidad de la región es muy heterogénea. Brasil, México y Argentina que se encuentran entre los 25 países más contaminantes del mundo, lo que hoy los posiciona en un lugar de mayor responsabilidad. Pero Haití está entre los últimos de la lista”, explica Maurtua Konstantinidis.

Para los expertos consultados, los esfuerzos de Latinoamérica deben estar focalizados en las medidas de adaptación y en invertir en un desarrollo de sus economías que sea limpio y sustentable.

“Esto quiere decir no repetir los pasos de los países contaminantes que utilizaron los combustibles fósiles como principal motor de sus economías. Pero eso no lo estamos viendo Argentina, Venezuela y Bolivia, que han aumentado sus inversiones en combustibles fósiles de una manera sin precedentes”, apunta.