Aunque desde el siglo XIX había reportes de que los peces espada desplegaban acciones de cortejo, la ciencia nunca había constatado ese fenómeno. Ahora, científicos españoles lograron documentar ese comportamiento reproductivo, incluyendo las primeras fotografías de un macho merodeando a una hembra que, al momento de ser capturada, estaba próxima a poner millones de huevos para su fecundación. 
 
Las fotos, tomadas desde un barco en aguas muy claras y publicadas en la última edición de la Revista de Biología Marina y Oceanografía, son conmovedoras: a unos 10 metros de profundidad, mientras pescadores izan a la superficie a una hembra con su cavidad visceral visiblemente dilatada, previo al desove, un macho “galán” acompaña el ascenso forzado de la infortunada sin dejar de cortejarla, nadando a su alrededor.
 
La foto confirma relatos de marineros gallegos que, en la década de los años 80, habían bautizado una zona de intensa actividad reproductiva en el Atlántico como “o mar dos namorados” o “el mar de los enamorados”. Durante sus operaciones de pesca, cuando capturaban a un pez espada hembra a punto de poner huevos, los hombres reportaron observar que uno o varios machos solían permanecer alrededor de la “pretendida” y se aproximaban al costado del barco hasta que la izaban a bordo. Incluso se podían quedar durante varios minutos más, como si no se resignaran a perder su pareja sexual.

Macho de pez espada (en segundo plano) merodeando a una hembra adulta capturada por un palangre (en primer plano).  Crédito: Mejuto & García-Cortés 2014.


El flamante documento gráfico es particularmente valioso porque es muy difícil registrar estos procesos en las áreas oceánicas donde este tipo de peces suele habitar la mayor parte de su vida, sostiene uno de los investigadores, el doctor en biología Jaime Mejuto, del Instituto Español de Oceanografía, en La Coruña.
 
“Las imágenes son asombrosas”, dice a Scientific American el doctor George Tserpes, del Centro Helénico de Investigaciones Marinas, en Grecia, quien preside el grupo de trabajo de pez espada de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT). “Es la primera vez que se documenta el cortejo durante el período de desove en esta especie, lo cual contribuye a los esfuerzos para el manejo racional de este recurso pesquero”, agrega.

Mejuto admite que todavía se desconocen los detalles íntimos del cortejo, que se despliegan entre los 50 y 150 metros de profundidad y podrían incluir otros rituales. “Será un verdadero reto disponer en el futuro de observaciones directas de estos eventos”, apunta a Scientific American. Pero datos previos en especies relacionadas sugieren que “los machos podrían hacerlo para desencadenar la puesta de (huevos de) la hembra y proceder posteriormente a emitir su esperma para fertilizarlos una vez que reciben esos estímulos”, dice. Al igual de lo que ocurre en la mayoría de los peces, la fecundación en los peces espada es externa, esto es, se realiza en el lecho de las aguas y no en el interior del organismo.
 
En el nuevo trabajo, firmado con su colega Blanca García-Cortés y basado en el registro y análisis de unos 40.000 ejemplares capturados por barcos comerciales españoles entre 1995 y 2003, Mejuto presenta otros datos que permiten inferir los hábitos sexuales del pez espada. Por ejemplo, que en áreas de mucha actividad reproductiva, parece haber entre dos y cuatro machos por cada hembra de cualquier talla. “Desconocemos si se ha producido elección previa de pareja por parte de la hembra, pero no habría que desechar algún tipo de selección o incluso de competencia y descarte entre machos”, sugiere Mejuto.
 
Para otros científicos, ese sería el escenario más probable. “En todos los peces, la hembra es siempre quién elige”, afirma Matías Pandolfi, investigador de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, quien estudia señales químicas del cortejo en peces nativos tropicales y subtropicales de agua dulce. “Poner huevos implica una enorme inversión energética. Si no hay un macho que la convenza de que tiene los mejores genes, no los va a liberar porque sí”.  
 
En la antigüedad, se creía que el pez espada podía ensartar con su pico barcos y ballenas. Pero sus proezas reales son otras. De amplia distribución geográfica, puede desplazarse 10.000 kilómetros en un año; viajar de aguas cálidas a frías en pocos meses; y pasar la noche en capas superficiales del mar y sumergirse a 900 metros o más durante el día. Puede pesar más de 500 kilos y todos los años se capturan unas 100.000 toneladas de esta especie. El trabajo de Mejuto y García-Cortés, incluyendo las primeras fotos del cortejo, representa, a la fecha, el esfuerzo más extendido para caracterizar sus procesos reproductivos. “Investigar esta especie es realmente fascinante”, señala Mejuto, “pero también un reto por su enorme dificultad”. 

En la foto se parecia la hembra, con gónadas muy maduras próximas a la puesta, con su cavidad visceral visiblemente dilatada. Al fondo se ve el macho merodeador (pareja).
 Crédito: Mejuto & García-Cortés 2014.