He escrito mucho sobre Marte recientemente y eso se debe a que hay mucho que está ocurriendo allí: tenemos nuevos datos fantásticos transmitidos desde misiones orbitales, desafortunados fracasos de una nave espacial que salpican la superficie del planeta y sueños reavivados de la colonización humana y la terraformación.

También tenemos el rover Curiosity rodando alrededor del paisaje del Monte Sharp aprendiendo más y más sobre la geología marciana y la historia. Pero, al igual que la Tierra, todo lo que se encuentra en Marte no es necesariamente autóctono.

El sistema solar está repleto de millones (probablemente miles de millones) de pequeños trozos de material. Parte de esa materia es verdaderamente primordial, se fusionó, pero quedaron cosas sin procesar de 4.500 millones de años atrás, de cuando el Sol y los principales planetas se estaban formando. Otras piezas han pasado tiempo dentro de grandes asteroides o cuerpos protoplanetarios, donde el calor y la presión han segregado y reelaborado minerales en versiones alienígenas de la propia geofísica de la Tierra. Más tarde, estos mundos embrionarios han colisionado, fracturado y roto de nuevo en detritus cósmico.

De forma regular, muchos de estos pequeños cuerpos terminan cruzando órbitas planetarias y chocando con mundos más grandes (posiblemente sigan miles de millones de años de formación planetaria muy lenta). Marte, como la Tierra, acumula piezas sobrevivientes en su superficie, en forma de meteoritos.

Hemos visto las señales de los recientes eventos de impacto en Marte desde la órbita, e incluso nos hemos encontrado con probables piezas de meteoritos (por ejemplo, el meteorito "Líbano" visto en 2014). Pero ahora, por primera vez para la ciencia planetaria, el rover Curiosity ha descubierto un nuevo prospecto de meteorito y analizó activamente su hallazgo mediante un corte con un láser para muestrear la composición de la roca (el instrumento ChemCham).

A medida que el material superficial se vaporiza, el espectrómetro láser del rover puede capturar datos sobre su composición básica. En este caso, está dominada por hierro, níquel y fósforo. Esta mezcla sería muy rara para las rocas marcianas nativas, pero  coincide con un  meteorito de níquel-hierro –un pedazo de material que una vez fue profundo dentro de un cuerpo de un padre mucho más grande–.

La existencia de este globo congelado en Marte no es tan impactante, pero el hecho de que podamos hacer estudios meteorológicos invasivos en otro mundo es bastante impresionante.

 
‘Egg Rock’ (Huevo-piedra) –un meteorito de níquel-hierro de Marte que tiene el tamaño de un pelota de golf. Los puntos brillantes son donde el láser de Curiosity ha quemado el material de su superficie. Crédito: NASA, JPL-Caltech, LANL, CNES, IRAP, LPGNantes, CNRS, IAS, MSSS