El genoma de un famoso esqueleto norteamericano de 8.500 años de edad, conocido como el Hombre de Kennewick, muestra que está estrechamente relacionado con tribus de nativos americanos que desde hace décadas están buscando enterrar sus huesos. El hallazgo, publicado en Nature, parece reavivar la disputa legal entre las tribus y los investigadores que quieren seguir estudiando el esqueleto. Además, llega en un momento en que muchos científicos —inclusive aquellos que estudian al Hombre de Kennewick— intentan superar esta controversia invitando a los nativos americanos a formar parte de sus trabajos.

“La controversia ha sido dolorosa para muchas personas; tanto para miembros de las tribus como para los científicos”, dice Dennis O’Rourke, antropólogo biológico de la Universidad de Utah en Salt Lake City. “Creo que los resultados añadirán peso a los reclamos de repatriación porque las demandas de ascendencia ahora pueden ser aclaradas hasta cierto punto”, señala.

Dos adolescentes descubrieron los huesos en julio de 1996 en las costas del río Columbia, cerca de Kennewick, Washington. Mientras intentaban colarse en una carrera de hidroaviones, notaron un cráneo saliendo del agua y llamaron a la policía, quienes trajeron al antropólogo forense local. Él halló un esqueleto casi completo de un hombre joven adulto, que la datación con radiocarbono estableció en cerca de 8.500 años de edad, lo que hace al Hombre de Kennewick uno de los esqueletos humanos más antiguos y completos de América del Norte.

Varias tribus locales pronto exigieron el retorno del Hombre de Kennewick, a quien apodaron “el Anciano”. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. —la agencia federal que administra la tierra donde fueron encontrados los restos— apoyó a las tribus, citando una ley de 1990 que ordenaba la devolución de restos y artefactos nativos americanos a tribus afiliadas: la Ley sobre Protección y Repatriación de las Sepulturas Indígenas (NAGPRA).

Varios arqueólogos y antropólogos demandaron al gobierno de Estados Unidos para detener la repatriación, argumentando que el Hombre de Kennewick era demasiado viejo para estar relacionado con las tribus. En 2002, un juez federal dictaminó que la NAGPRA no se aplicaba porque el gobierno de Estados Unidos no había demostrado que las tribus tenían una afiliación cultural con el Hombre de Kennewick. La decisión fue confirmada por un Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos en 2004. Desde 1998, Kennewick ha estado guardado fuera de la vista, pero disponible para la investigación, en el Museo Burke de Historia Natural y Cultura en Seattle, Washington.

Raíces nativo americanas  

Los científicos que examinaron los restos habían concluido que el cráneo se veía diferente al de los nativos americanos contemporáneos, más parecido a los polinesios o a los miembros del grupo aborigen japonés conocido como los Ainu. Pero los esfuerzos anteriores para recoger el ADN antiguo del Hombre de Kennewick fallaron, señala Eske Willerslev, paleogenetista del Museo de Historia Natural de Dinamarca en Copenhague, quien dirigió el actual estudio.

El equipo de Willerslev usó métodos de vanguardia para extraer fragmentos de ADN de una escama de 0,2 gramos del hueso de un dedo. “Teníamos una muestra muy, muy pequeña”, dice. “La analizamos hasta el agotamiento. No queda nada”. Era tan pequeña que el equipo solo fue capaz de obtener una secuencia del genoma de baja calidad.

El genoma del Hombre de Kennewick reveló que él está más estrechamente relacionado con los nativos americanos contemporáneos que con cualquier otro ser humano en el planeta, eliminando la remota posibilidad de que él represente una misteriosa migración desde el este.

Para rastrear la herencia genética del Hombre de Kennewick, el equipo comparó su genoma con el de los miembros de docenas de grupos de Norteamérica y Suramérica, incluidos varios miembros de las Tribus Confederadas de la Reserva Colville, uno de los cinco grupos que buscan el nuevo entierro del Hombre de Kennewick.

Miembros de los otros cuatro grupos —los Nez Perce, los Umatilla, los Yakama y los Wanapum— optaron por no contribuir con el estudio de ADN.

Los miembros Colville estaban más estrechamente relacionados con el Hombre de Kennewick que muchas tribus de América del Norte y del Sur, pero algunas otras todavía compartían ascendencia con el Anciano.

Willerslev advierte sobre sacar conclusiones firmes acerca de la ascendencia y el legado del Hombre de Kennewick. “No podemos decir que los Colville son los descendientes vivos más cercanos de Hombre de Kennewick, porque el panel de referencia es demasiado pequeño”, dice. “Pero creo que podemos decir que los Colville están muy estrechamente relacionados con el Hombre de Kennewick”.

Disputa por el entierro

El destino de los restos del Hombre de Kennewick aún es incierto. Al concluir que no se podía aplicar la NAGPRA, los tribunales federales decidieron efectivamente que los restos no eran nativos americanos. “Estoy bastante seguro de que hemos explicado que Kennewick era nativo americano”, dice David Meltzer, arqueólogo de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, Texas, quien fue parte del equipo de Willerslev.

“Creo que esto habría sido evidencia útil en la decisión original de la NAGPRA que podría haber conducido a un resultado diferente”, dice Hank Greely, experto en derecho de la Universidad de Stanford en California.

Gail Celmer, arqueóloga del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU en Portland, Oregon, se reunió con representantes de las tribus esta semana y dice que todavía están dispuestos a continuar con la repatriación. Ahora, su agencia prevé reconsiderar si el Hombre de Kennewick cae bajo la NAGPRA y por lo tanto debe ser devuelto, a la luz del estudio del genoma y otra nueva evidencia. “Esperamos desafíos, así que debemos tener mucho cuidado con la forma en la que hacemos nuestros análisis”, dijo Celmer. “Tenemos un largo camino delante de nosotros”.

Sin embargo, Greely señala que el objetivo de la demanda era dar a los científicos tiempo para estudiar al Hombre de Kennewick. El año pasado, un investigador que fue parte de la demanda publicó un tomo de 688 páginas sobre los restos. Con una secuencia del genoma analizado, “es en beneficio de los científicos, del gobierno y de los nativos americanos pensar seriamente en devolver los restos del Hombre de Kennewick a las tribus”, dice Greely.

 James Chatters, el antropólogo que desenterró al Hombre de Kennewick y que desde entonces estableció la firma consultora Applied Paleoscience en Bothell, Washington, está destrozado. “Como una persona que trabajó directamente con los restos óseos, me gustaría verlos en paz”, dice. “Como científico, hubiera odiado enterrar uno de los esqueletos más completos de América del Norte por razones políticas”.

Lazos estrechos

Willerslev está al margen del tema de la repatriación. “Es otra persona quien tiene que decidir eso”, dice. Pero él quiere que las tribus participen en la investigación de su equipo; después de que determinaran que el Hombre de Kennewick era nativo americano, Willerslev informó a las cinco tribus sobre la conclusión.

Algunos de los integrantes de estas tribus viajaron al laboratorio del científico en Copenhague para conocer más sobre la investigación, y vistieron trajes de cuerpo entero para visitar el limpio laboratorio en el que se extrae el ADN antiguo de los restos. El laboratorio hizo algo similar con las tribus en Montana después de que el equipo secuenciara el genoma del niño “Anzick”, ayudando a llegar a un acuerdo para enterrar nuevamente los huesos.

Muchos investigadores están adoptando un enfoque similar. O'Rourke dice que no hay una estrategia única que sirva para trabajar con todas las comunidades nativas. En su trabajo con grupos del ártico de América del Norte encontró algunos con ganas de contribuir a su investigación, otros menos; y sus opiniones cambian con el tiempo.

“Realmente tenemos que cambiar el enfoque de arriba hacia abajo, en el que llegamos a la gente y le decimos ‘estas son nuestras preguntas de investigación y usted debe participar, porque—CIENCIA’”, dice Jennifer Raff, genetista antropológica de la Universidad de Texas en Austin .

 Apenas unas semanas antes de que se descubrieron los restos del Hombre de Kennewick, los investigadores que trabajan en Alaska descubrieron un esqueleto humano de 10.000 años de antigüedad. Notificaron a las tribus locales y rápidamente llegaron a un acuerdo que les permitía excavar y estudiar los restos y mantener a las tribus involucradas en la investigación. “En realidad, no se oye mucho acerca de los buenos casos”, dice Raff.

 

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado por primera vez el 18 de junio de 2015.