La primera década de la epidemia del VIH fue un espantoso espectáculo de terror de cuerpos humanos consumiéndose. Luego, milagrosamente, sucesivas oleadas de nuevos fármacos añadieron carne a los debilitados cuerpos que, como Lázaro, se levantaron de entre los casi muertos. La infección por VIH rápidamente se convirtió en una enfermedad crónica, tratable y manejable.

La prevención del VIH, por otra parte, ha sido una iniciativa mucho más lenta, progresiva y menos exitosa. El paso más reciente de progreso es algo que se llama un anillo de dapivirina. El concepto es simple: las mujeres usan un anillo vaginal de elastómero de silicona que dispensa un medicamento contra el VIH –similar a los que se utilizan para dispensar hormonas anticonceptivas– y están protegidas de la infección por VIH durante un mes.

Según los investigadores, que han probado el anillo en más de 4.500 mujeres africanas de edades entre los 18 y 45 años, el concepto funciona. Las mujeres que usaron el anillo tenían un 27 por ciento menos probabilidades de infectarse con el virus del VIH, según los datos presentados el pasado lunes en la Conferencia anual sobre retrovirus e infecciones oportunistas en Boston.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA estima que a finales de 2014 36,9 millones de personas estaban infectadas con el VIH en todo el mundo, la mayoría de las cuales viven en países en desarrollo. Las mujeres son más propensas que los hombres a ser infectadas con el virus en el África subsahariana, donde se encuentra el 58 por ciento de todas las personas que viven con el VIH.

El análisis más detallado de los datos proporcionó más información: en primer lugar, la adhesión fue clave; el producto no puede funcionar si se saca en lugar de llevarlo puesto todo el mes. Hay pruebas de que muchas retiraron el anillo por lo menos durante cierto período de tiempo durante el mes. La eficacia aumentó hasta un 37 por ciento en las mujeres que realmente hicieron uso del anillo, como lo demuestra la cantidad del medicamento en su sangre. En segundo lugar, la edad fue un buen indicador de la adherencia y la protección –el anillo mostró una mayor eficacia en las mujeres mayores–. La eficacia fue del 61 por ciento en mujeres de 25 años de edad y mayores mientras que fue de solo el 10 por ciento en aquellas que eran más jóvenes. Esta información podría dar a los investigadores una mejor comprensión de por qué la mitad de todas las nuevas infecciones por VIH en todo el mundo se producen en personas más jóvenes, así como diseñar nuevos métodos para cambiar estos números.

A pesar de la baja tasa de éxito de las participantes más jóvenes, la buena noticia es que el anillo vaginal todavía mostró un cierto éxito en cuanto a la protección, a diferencia de otros ensayos anteriores de prevención femenina del VIH, como los microbicidas, dice Jared Baeten, quien dirigió el estudio, publicado en el The New England Journal of Medicine. Ahora que el anillo ha demostrado que puede funcionar, espera que ensayos adicionales muestren maneras de hacer que funcione mejor, tal como han hecho con la prevención en forma de píldora, conocida como profilaxis pre-exposición, o PrEP.

Realmente se pide a los primeros participantes en cualquier ensayo clínico de medicamentos o productos dar un salto de fe, explica Baeten. Se les dice que pueden recibir un medicamento o puede ser que reciban un placebo, y el fármaco podría funcionar o podría no hacerlo. "Sin embargo, en posteriores estudios abiertos sabemos que el medicamento es eficaz y que todo el mundo lo está recibiendo", añade. Eso puede cambiar la adherencia. "Esto abre mucho más la conversación acerca de si esto se debe o no utilizar, cuándo se debe utilizar, cómo utilizar y qué grado de protección realmente puede ofrecer", dice Baeten. "Ninguna de estas preguntas puede ser respondida en un ensayo clínico ciego. Para PreP, la adherencia y eficacia fueron en realidad más altas en los estudios de etiqueta abierta. Eso es algo que raramente ocurre en medicina clínica".

Naturalmente, otros investigadores, como Sharon Hillier, investigadora de la Universidad de Pittsburgh, que se centra en los microbicidas y otros productos para proteger contra la infección por VIH, quien no participó en este estudio en particular, querían que la eficacia fuese mucho mayor. "Pero por primera vez creo que se pueden utilizar pequeñas cantidades de medicamentos antirretrovirales en aplicación tópica de una manera muy segura y obtener una reducción significativa en la infección por el VIH para las mujeres, lo que para mí es bastante bueno", dice.

Como muchos, Hillier pensó que un producto inyectable o un anillo vaginal podrían superar el problema de la adherencia. "Pero creo que las barreras para las personas más jóvenes realmente trascienden la vía de administración", dice. "Los adolescentes tienen una perspectiva de vida más rebelde y una sensación mucho mayor de ser invulnerables".

La experiencia ha enseñado a Hillier que probablemente es mejor inscribir a participantes de más edad en un estudio de prueba de concepto; cuando a los sujetos se les dice que pueden recibir un placebo y no se sabe si el producto funciona de verdad, estas son las personas que con más probabilidad se mantendrán dentro del esquema. Una vez que un producto ha demostrado ser eficaz, los investigadores pueden trabajar en métodos para involucrar a personas más jóvenes.

"Tenemos que averiguar lo que las mujeres realmente quieren", dice Carl Dieffenbach, director de la División del Sida, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EE.UU., que supervisa más de $1.000 millones en investigaciones en sida financiadas por los Institutos Nacionales de Salud  de EE.UU.(NIH, por sus siglas en inglés), y no participó en el estudio. "Esto es solo un paso en el camino. ¿Sería mejor si ofrecemos a las mujeres protección contra el embarazo junto con la protección contra el VIH?" Los próximos estudios podrían tener tanto principios anticonceptivos como antivirales o tal vez solo la anticoncepción en lugar de un placebo. Embarazos en ambas ramas del estudio serían una manera de medir la adherencia. "Eso puede cambiar la ecuación, al conseguir que mujeres jóvenes lo usen”, dice Dieffenbach.  Él está convocando una reunión en marzo para examinar las opciones para los próximos ensayos de prevención.

"En muchos lugares no quedar embarazada tan a menudo es una prioridad muy alta para las mujeres, a menudo incluso más alta que no contraer el VIH en lugares como África”, dice Baeten. "La prevención del embarazo podría ser el gancho para usar el anillo y la prevención del VIH puede ser un beneficio adicional". Hillier se hace eco de ese sentimiento. Si su propia hija adolescente optase por utilizar un anillo como método anticonceptivo, desea que también protegiese contra el VIH.

No hay una solución absoluta y única en la prevención del VIH, dice Hillier. La lucha será continuar añadiendo opciones y ampliando las alternativas que tiene la gente para protegerse de la infección.