Como la mayoría de las aves, el carbonero común es, mayoritariamente, monógamo. Cada invierno estos vistosos paseriformes vuelven a formar parejas con vistas a la próxima temporada de cría y pasan casi todo el tiempo juntos en labores tan diversas como la vigilancia del territorio, la construcción del nido y la búsqueda de alimento. La solidez del vínculo es palpable, pero ¿qué sucede si se los fuerza a escoger entre el corazón y el estómago?

A fin de descubrirlo, el zoólogo de la Universidad de Oxford Josh A. Firth y sus colaboradores distribuyeron comederos por un bosque cercano de la campiña inglesa. La portezuela de algunos solo se abría si el ave estaba marcada con un microchip acabado en número impar, mientras que otros solo permitían la entrada a los números pares. Por tanto, los miembros de las parejas con cifras iguales (pares o impares) podían abrir los mismos comederos y darse un atracón de semillas de girasol. En cambio, las parejas mixtas (formadas por un miembro par y otro impar) se veían obligadas a comer en puntos diferentes.

A lo largo de tres meses, los investigadores observaron metódicamente a 17 parejas, siete de ellas mixtas, por lo que no podían comer en los mismos comederos. Comprobaron que los integrantes de estas últimas visitaban los comederos vetados casi cuatro veces más a menudo que los de las parejas iguales, lo cual parece indicar que permanecían juntas aunque uno de sus miembros no pudiera comer. Los resultados se publicaron el pasado diciembre en Current Biology. Las parejas de carbonero común se mantienen unidas aunque uno esté hambriento porque se necesitarán más tarde. "El vínculo amoroso es vital para el carbonero", asegura Firth. "Un progenitor no puede afrontar solo la crianza de la pollada. Su única esperanza reside en contar con una pareja de confianza".

Andrew King, etoecólogo de la Universidad de Swansea en Gales, opina que este hallazgo se suma a observaciones semejantes en muchas otras especies, de primates a peces. Asegura que "obtener menos alimento por andar buscándolo en compañía es, pese a todo, mejor que llenar el buche en solitario". De hecho, muchos de los pájaros frustrados del experimento se las apañaron para hacerse con comida de su compañero, aprovechando el intervalo de dos segundos antes de que la trampilla del comedero se cerrara.

 

La versión en español de este artículo se publicó primero en Investigación y Ciencia