A raíz de los ataques terroristas el 7 de enero a la revista satírica francesa Charlie Hebdo y dos días después en un supermercado kosher en París, ha habido grandes esfuerzos para comprender la combinación de la religión, la cultura europea y la influencia de las organizaciones terroristas que motivaron a estos hombres armados.

Scott Atran, antropólogo de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, y el Centre National de la Recherche Scientifique de París, estudia estas cuestiones entrevistando a terroristas convictos y otros en potencia sobre su compromiso extremo con sus organizaciones e ideales. Atran acaba de regresar de París, donde estuvo hablando con miembros de las comunidades a las que pertenecen los atacantes. Él conversó con Nature sobre lo que ha descubierto.

¿Qué factores sociológicos y culturales se esconden tras los ataques de París?
A diferencia de Estados Unidos, donde los inmigrantes logran un estatus socioeconómico medio y educación en una única generación, en Europa –dependiendo del país– incluso después de tres generaciones los inmigrantes todavía tienen de 5 a 19 veces más probabilidades de ser pobres o de recibir menor educación. Francia tiene aproximadamente un 7,5% de musulmanes, pero representan hasta el 60 a 75% de la población carcelaria. Es una situación muy similar a la juventud negra de Estados Unidos.
 
La gran diferencia es que cierta ideología detrás del islamismo resulta atractiva para mucha más gente de la que se piensa. En Francia, una encuesta realizada por ICM Research mostró que el 27% de los jóvenes franceses entre 18 y 24 años  (no solo los musulmanes) tenía una visión favorable hacia el Estado Islámico. La yihad es la única ideología cultural sistémica que es eficaz, que está creciendo, que es atractiva, gloriosa y que básicamente les está diciendo a estos jóvenes "Mira, estás mal y nadie se preocupa por ti. Pero mira lo que podemos hacer. Podemos cambiar el mundo".

Y por supuesto que pueden. Estos tres indeseables lograron captar la atención del mundo entero durante casi una semana. Movilizaron a toda la sociedad francesa. Esa es una muy buena relación coste-beneficio para estos tipos malos.

¿Así que se trata de una población lista para ser reclutada por grupos como el Estado Islámico y Al Qaeda?
No se trata de reclutamiento, se trata de iniciativa personal. El Estado Islámico y Al Qaeda no ordenan directamente operaciones desde un comando. Básicamente les dicen: "Chicos, aquí están las ideas, háganlo ustedes mismos. Así es como se hace una bomba con una olla de presión; estos son objetivos probables para aterrorizar a la gente; aquí está lo que odiamos. Salgan y háganlo".
 
 ¿Los terroristas que estudia encajan en este patrón?
Hablé con la gente del barrio de donde procedían los pilotos del ataque del 11 de septiembre, con sus familias. No sabían qué demonios estaban haciendo. Eran chicos que trabajaban en una universidad técnica, fueron a la mezquita juntos, consiguieron un apartamento juntos, querían hacer algo juntos. Llevaron al apartamento unos colchones, vieron videos. Los vecinos nos contaron que el apartamento apestaba porque nunca salían de allí.
 
Nada de esto fue cuidadosamente planeado. Pero los ataques nos recuerdan (los que funcionan) que sí escogen cuidadosamente sus objetivos. Los ataques del 11S en el World Trade Center y el Pentágono sacudieron a Estados Unidos hasta la médula. En Madrid (cuando una serie de atentados en 2004 mataron a 191 personas) cambiaron el gobierno. Pero son delincuentes de poca monta con un poco de entrenamiento.

Lo que aterroriza más de todo esto es la anarquía organizada de todo esto  y no tanto los comandos de operaciones cuidadosamente planificados. Por supuesto, muchos de estos chicos son ahora considerados héroes, y se convertirán en modelos para otros.

¿Se puede hacer algo para predecir ataques extremistas?
Creo que la gente desea pensar que se pueden predecir, tener garantías. Pero el hecho es que cualquiera en cualquier momento y en cualquier lugar puede empezar a organizar su propia red con sus propios amigos. Es como cuando se hierve agua, que cuando empieza a arrancar el hervor no sabes qué parte del agua hervirá primero. La teoría de la complejidad no es buena para analizar este tipo de hechos. Nunca se pueden predecir con certeza.
 
Hay diferentes encuestas, pero sobre el  7-14% de los musulmanes de todo el mundo apoya la contienda de Al Qaeda contra Estados Unidos. Si calculamos que un porcentaje parecido apoya  al Estado Islámico, eso significa más de 100 millones de personas. Pero realmente ¿quién está dispuesto a luchar y a morir? Hay un problema de especificidad. La ideología y los valores están muy lejos de ser condición suficiente.

Los mejores factores predictivos parecen ser hechos como quiénes son tus amigos y si perteneces a algún grupo de acción. En el caso de los hermanos Kouachi (que cometieron el ataque a Charlie Hebdo), tuvieron la mayor experiencia de unión posible: la cárcel. Aunque podría haber sido el fútbol, podría ser el rafting…
 
Si se quiere saber quién va a luchar y morir, si se quiere desmantelar una célula terrorista en particular, averigua lo que están comiendo y cómo se visten. Las células nunca se forman en las mezquitas: en las mezquitas se debe estar sosegado y en silencio. Se forman en lugares de comida rápida, campos de fútbol, picnics y barbacoas.
 
¿Por qué no hay más personas haciendo trabajo de campo antropológico, como entrevistar a los  yihadistas y sus familias?
El problema es que no puedes tener grandes muestras. Los datos que obtienes no provienen de encuestas. Han de extraerse de entrevistas en profundidad en el terreno y de experimentos muy bien controlados.

Si realmente se quiere hacer un estudio científico con yihadistas (yo los hago), debes convencerlos de que depongan las armas, de no hablar el uno con el otro, y de que respondan a tus preguntas. Si a algunas de estas personas les preguntaras: ¿renunciaría a su creencia en Dios a cambio de una gran cantidad de dinero?, te dispararían ahí mismo. No puedes hacer preguntas como esta.

No es solo por peligroso. Es porque los revisores de proyectos de las universidades y en especial el  Departamento de Defensa de EE. UU. no permiten hacer este trabajo. No porque ponga al investigador en peligro, sino porque los criterios éticos acerca de los “sujetos humanos para investigación” se han creado para defender a los estudiantes universitarios de clase media. ¿Qué vas hacer con este tipo de protocolos cuando hablas con los yihadistas? ¿Le entregas un documento para que lo firme que dice: "Soy consciente de que el Departamento de Defensa ha financiado este trabajo", y por cierto si usted tiene alguna queja, llame a la secretaria de “sujetos humanos para investigación”? Suena ridículo y no se consigue hacer nada, literalmente.

¿Ha sufrido estas dificultades con su trabajo de campo?
A modo de ejemplo, antes de la ejecución de los tres terroristas de Bali (que llevaron a cabo una serie de ataques simultáneos en 2002), me dieron permiso para entrevistarlos. Iban a ser fusilados porque asesinaron a 200 personas, pero no pude conseguir la aprobación del estudio porque "hay que llevar un abogado y además no permitimos que nadie entreviste a presos." Yo dije ¿por qué? "Nunca puedes estar seguro de que no se está violando su libertad de expresión."
 
También existen otros sinsentidos (requeridos por los organismos de financiación de Estados Unidos), como la autorización del país de acogida. Supongamos que deseas hacer el trabajo en Israel y Palestina, y vas a los israelíes y les dices: "Queremos hacer estudios de la misma manera que se hacen en las universidades estadounidenses. Necesitamos tener la autorización estatal de algún miembro del gobierno." Te van a responder “¿Estás loco?"  En muchos otros países que están sumidos en el caos, ¿quién va a darte el permiso?

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado por primera vez el 15 de enero de 2014.