Habitamos una galaxia en forma de espiral gigante que brilla con cientos de miles de millones de estrellas, un coloso tan masivo que al menos dos docenas de galaxias menores giran alrededor de ella. Pero ¿cómo surgió esta enorme entidad? Las pistas provienen de las estrellas más antiguas y sabias de la Vía Láctea –aquellas en el halo estelar, el componente galáctico que envuelve el disco brillante que da hogar al Sol.

Las estrellas del halo destacan porque se formaron antes de que se dieran las explosiones de supernovas que dispersaron una gran cantidad de elementos pesados ​​en la galaxia, por lo que las estrellas del halo poseen poco hierro. Los miembros más brillantes de halo son cúmulos globulares de estrellas pobres en hierro, objetos espectaculares que pueden empacar cientos de miles de estrellas viejas en una esfera de solo unas pocas docenas de años luz de diámetro.

Ahora, el telescopio espacial Hubble ha encontrado que una solitaria estrella del halo, incluso más vieja que estas ciudades de estrellas antiguas, y es por tanto una cápsula del tiempo ideal, guardada desde el nacimiento de la Vía Láctea. "Este es un muy elegante trabajo", dice Gerry Gilmore, un astrónomo de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, que no estaba afiliado a los investigadores. "Han hecho el mejor trabajo posible."

A pesar de su importancia, el halo estelar constituye solo una milésima parte de la masa total de la Vía Láctea. Aunque el halo se extiende mucho más allá del disco, la mayoría de sus estrellas se encuentran más cerca del centro de la galaxia de lo que estamos nosotros; cúmulos globulares como las constelaciones de Escorpio y Sagitario abundan en el centro de la galaxia.

Don VandenBerg, un astrónomo de la Universidad de Victoria en British Columbia, y sus colegas midieron las edades de dos estrellas del halo en la constelación de Libra. Ninguna de las estrellas pertenece a un cúmulo globular, y ambas son subgigantes –estrellas que están pasando de la etapa en la que se encuentra nuestro Sol a la etapa de gigante roja, cuando una estrella es mucho más grande. Los astrónomos eligieron estas estrellas porque en determinadas temperaturas, las subgigantes de diferentes edades tienen diferentes luminosidades, por lo que la medición de este último dato puede revelar su edad.

El equipo de VandenBerg utilizó el Hubble para determinar que una de las estrellas del halo, llamada HD 140283, está a unos 190 años luz de la Tierra. La distancia reveló cuánta luz emite la estrella. Los modelos de evolución estelar indican que la estrella debería alcanzar esta luminosidad a una edad de 14.300 millones de años. Eso es un poco mayor que la edad del universo de 13.800 millones de años de edad, pero la edad estelar es incierta en unos 8.000 millones de años, por lo que los datos no generan un conflicto.

Sin embargo, la estrella es mucho más vieja que un cúmulo globular con la misma composición química. "Creo que hay una diferencia de edad real", dice VandenBerg. El cúmulo, llamado M92, se encuentra en la constelación de Hércules y tiene una edad de solo alrededor de 12.500 millones de años –unos 1.500 millones de años más joven que la estrella–. Ambos tienen la misma presencia baja de hierro, aproximadamente 250 veces menos que la cantidad que tiene el Sol.

Es la misma historia de la otra estrella, llamada HD 132475, que es más joven y más rica en hierro. Está a unos 320 años luz de distancia y tiene una edad aproximada de 12.600 millones de años –unos mil millones de años más antigua que el cúmulo globular M5, cuya abundancia de hierro de una trigésima parte de la del Sol es muy similar a la de esta estrella solitaria del halo. Por lo tanto, como informan los astrónomos en la edición del 10 de septiembre de The Astrophysical Journal, ambas estrellas aparentemente se formaron mucho antes que los grupos que se les parecen.

"Tiene sentido en el campo de la astrofísica", dice Gilmore. En sus inicios, explica, la galaxia probablemente no podía hacer grandes conglomerados y por tanto solo creaba estrellas individuales y pequeños grupos estelares. Las estrellas se forman cuando las nubes de gas colapsan. Pero al colapsar una nube debe enfriar; en la Vía Láctea moderna, átomos de carbono y oxígeno irradian calor, llevando las nubes a temperaturas gélidas. Pero la galaxia primitiva tenía poco carbono u oxígeno. Como resultado, dice Gilmore, algo tan grande como un cúmulo globular podría surgir solo después de que supernovas habían echado estos dos elementos cruciales en el espacio. Así, los primeros objetos que la Vía Láctea formó fueron estrellas individuales.

Sin embargo, el nuevo hallazgo se basa en solo dos estrellas. "Uno tiene que tener cuidado", advierte VandenBerg. Afortunadamente, la situación mejorará pronto, porque la nave espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea está realizando la medición de distancias de un sinnúmero de estrellas, incluyendo subgigantes en el halo. "Vamos a pasar de tener dos estrellas a tener 20 millones de estrellas con números precisos", dice Gilmore. "Y eso va a hacer que se reescriban los libros."

Al finalizar esta década, los datos de Gaia deben confirmar o refutar este nuevo trabajo. Es impresionante observar a los cúmulos globulares a través de un telescopio de aficionado, pero los indicios más reveladores de las primeras épocas de la galaxia pueden provenir de las estrellas solitarias esparcidas por su halo.