La provincia del Chaco, en Argentina, es una extensa llanura que alguna vez estuvo cubierta de un monte impenetrable, pero que ahora está ocupada por cultivos.
 
Este paisaje plano solo está alterado por los enormes meteoritos metálicos de Campo del Cielo y sus característicos cráteres, únicos en el mundo por su forma y estado de conservación.
 
Campo del Cielo es una dispersión de impactos de meteoritos de 1.350 kilómetros cuadrados que se formó hace 4.000 años, cuando una enorme bola metálica espacial impactó en un ángulo casi recto, como si hubiera intentado aterrizar pero a una velocidad de 14.000 kilómetros por hora.
 
El resultado fue una lluvia de meteoritos de diversas medidas, desde pequeñas piedras de tan solo algunos gramos hasta el meteorito el Chaco, que con sus 37 toneladas es el segundo más grande del mundo. Solo es superado por el Hoba, de 66 toneladas, ubicado en Namibia.
 
Por sus características, el sitio ha sido investigado por científicos de la NASA en dos ocasiones. Ahora investigadores locales denuncian falta de protección. Las amenazas principales son los traficantes de meteoritos, algunos habitantes que ignoran su valor patrimonial y la falta de interés del Estado para conservar el lugar.
 

Alejandro López junto al meteorito El Chaco, el segundo más grande del mundo. Foto cortesía de Alejandro López.


 
La NASA estuvo allí
“En la mayoría de los impactos de meteoritos es imposible recuperar las masas intactas de los meteoritos, por lo que no podemos saber la masa total de impacto, ni el ángulo y ni otros detalles. Esto hace que el sitio de Campo del Cielo sea único”, asegura Bill Cassidy, investigador estadounidense que estudió el sitio para la NASA en dos oportunidades, en las décadas de 1960 y 2000.
 
Y agrega: “Campo del Cielo representa una situación interesante porque en el mismo sitio se pueden apreciar impactos de meteoritos con más o menos el mismo ángulo y velocidad, pero de diferentes masas, lo cual permite hacer muchos cálculos de impacto, órbita y otros datos y sirve de modelo comparar con otros impactos de meteoritos”.
 
Cassidy luego decidió dedicarse al estudio de impactos de meteoritos en la Antártida. “Apenas he arañado la superficie en ese sitio. Se debería seguir investigando Campo del Cielo”, asegura este investigador de más de 80 años.
 
La NASA levantó el campamento de Campo del Cielo luego de que el hombre llegara a la Luna en 1969. En nuestro satélite la agencia espacial podía estudiar cráteres mejor conservados sin ningún impacto humano o climático. Pero en 2005 volvieron para recabar más información y de mejor calidad.
 
Mario Vesconi, de la Asociación Chaqueña de Astronomía, entiende que no es muy descabellada la percepción de que un meteorito puede impactar con la Tierra. El mejor ejemplo es lo que sucedió en Rusia hace poco. “Si un fenómeno como el de Campo del Cielo sucede en una ciudad estamos hablando de un desastre”, asegura. Estudiar estos cráteres sirve para analizar la potencia, energía, velocidad y puede servir para predecir las consecuencias de un potencial impacto.
 

El cráter Rubín de Celis tiene 60 metros de diámetro y 4,5 de profundidad. La naturaleza y el hombre se han apoderado de él. Foto de Mario Vesconi


 
 
El estudio del sitio
Los cráteres de Campo del Cielo están distribuidos en dos provincias. En Chaco hay 14 y en Santiago del Estero, 26. “Ya hemos analizado todos los impactos de Chaco. Ahora nos falta estudiar los que hay en Santiago del Estero. En ningún lugar del mundo hay registros de una lluvia de meteoritos con un ángulo de impacto tan bajo. Son cráteres casi imposibles”, dice Vesconi.
 
Con su equipo realizan un trabajo arqueológico. “Tenemos analizado solo el 40 o 50 por ciento del sitio. Para calcular bien los parámetros orbitales y la masa completa del asteroide hace falta estudiar el sector de Santiago del Estero”, dice. 
 
Aunque luego realiza algunas estimaciones: “Antes de ingresar a la atmósfera, el asteroide habría tenido unas 600 toneladas. La mitad se perdió durante el ingreso. De esas 300 toneladas que impactaron, hemos recuperado un tercio. Hay más material enterrado y mucho elementos dispersos”, dice.
 
Los meteoritos han dejado dos tipos de cráteres: de explosión y de embudo de penetración. De los primeros hay cuatro; el más grande tiene 80 metros de diámetro y 14 metros de profundidad. “Al estallar desparramó toda su masa por la zona. Vas caminando por el sitio y vas encontrando meteoritos”, explica.
 
El otro tipo de cráter se parece a un túnel. “Pueden tener hasta 25 metros de extensión y ocho metros de profundidad, en el caso de un meteorito de 14 toneladas. Los meteoritos impactaron a 14.400 kilómetros por hora. Parece rápido pero es una velocidad más baja de la habitual debido el bajo ángulo de penetración”, aclara. 
 
Vesconi disfruta cada vez que la grúa levanta un meteorito para extraerlo. “Verlo de nuevo en el aire, emociona. No tiene precio ese momento en el que lo ves salir desde abajo y despegarse del piso calcinado”, asegura.
 

Una vez que se descubre un meteorito por lo general se sube a la superficie y se pone junto a su cráter. Foto de Mario Vesconi


 
Desprotección
El astrónomo dice que siempre han tenido problemas con la conservación de los cráteres. “Es tierra de nadie. A pesar de que la provincia expropió los cráteres, nunca se hizo una toma de posesión real del terreno. Y la gente todavía no termina de valorar el sitio. A veces tapan los cráteres o hacen un camino arriba, ni hablar de los que van a robar”, asegura.
 
Alejandro López, astrónomo e investigador de la Universidad de Buenos Aires y Conicet, asegura que muchos de los fragmentos grandes terminaron en colecciones privadas o en museos e instituciones científicas del mundo.
 
“En Internet se ofrecen pequeños meteoritos de Campo del Cielo que fueron extraídos en forma ilegal. Pero no solo existe ese mercado negro hormiga. También hay tráfico de grandes fragmentos o cortes de ellos. Esto ya implica una red de tráfico más importante. En la década de 1990 un traficante de meteoritos incluso intentó llevarse el Chaco”, asegura. 
 
Aunque aclara que la situación es mejor de la que era hace una década, sostiene que el sitio sigue estando en riesgo porque falta mayor protección a partir de una ley nacional y también un control más estricto del tráfico de meteoritos.
 
“Se debe tomar conciencia de que es un patrimonio material e inmaterial. No sólo importan los meteoritos y sus cráteres, sino también las relaciones que los distintos grupos humanos de la región establecen con estos objetos”, dice.
 
Los meteoritos y las personas
López realiza etnoastronomía, analiza las cosmovisiones y conocimientos astronómicos de diferentes culturas. “Para las personas que vivían aquí antes de la llegada de los españoles, los meteoritos ya eran un hito importante del paisaje, estaban ligados al poder y eran objetos que vinieron desde el cielo, a pesar de que no presenciaron el suceso”, explica.
 
En este sentido, López asegura que los pueblos originarios tenían un conocimiento más certero sobre los meteoritos que los españoles. “Los científicos europeos de la época colonial negaban que objetos así podían caer del cielo. Buscaban otras explicaciones como que era un afloramiento de plata que venían del Potosí o rocas de origen volcánico”, cuenta.
 
El español conquistador se enteró de la existencia de Campo del Cielo por boca de los aborígenes. En seguida se creó toda una leyenda alrededor del Mesón de Hierro, un meteorito enorme del que se perdió el rastro a pesar de que varios aventureros aseguraron que lo habían encontrado.
 
López explica que para los criollos los meteoritos siempre fueron vistos como fuente de riqueza. “Se los pensó como mina de hierro o de plata. Y ahora como un atractivo turístico. En todo caso, siempre fueron vistos como hitos que marcan a la región como una tierra elegida”, dice.
 
Para López el sitio puede ser un excelente atractivo turístico, si se realiza un buen manejo y se incluye a la población local. Hoy sólo se puede visitar el Parque Provincial de los Meteoritos donde está el meteorito el Chaco y algunos otros.
 
Por orden de la provincia del Chaco, Vesconi está realizando mediciones para crear un circuito turístico por algunos cráteres cerca del parque.
 
En Gancedo, la localidad más cercana al sitio, todos los años se realiza la Fiesta Nacional del Meteorito.
 

En su última vista a Campo del Cielo en 2005, el investigador estadounidense Bill Cassidy trabajó junto con Mario Vesconi. Foto cortesía  de Mario Vesconi