Los últimos segundos del épico video que acompaña la reciente visión de SpaceX sobre el viaje interplanetario y la colonización son quizás los más intrigantes. A medida que el planeta Marte gira sobre su eje se nos ofrece una mirada a un futuro donde este mundo seco, frío y polvoriento comienza a transformarse en un lugar con un tono diferente, con agua permanente e incluso con un toque de verdor.

La idea de hacerle una reingeniería a un planeta – terraformándolo– no es nueva, y no es para los que tienen un corazón débil. Sin embargo, dada la audacia y el éxito de muchos de los proyectos de Elon Musk, la idea de que podemos alterar Marte para adaptarlo mejor a nuestras necesidades merece al menos ser considerada.

La terraformación es un elemento en una larga lista de maneras con las que los seres humanos podríamos persistir en un mundo que, por lo demás, parece existir con el único propósito de matarnos. Si usted no muere en el camino, en el aterrizaje, o de estrés psicológico, morirá por la exposición a la baja presión, las temperaturas extremas, la radiación UV, los rayos cósmicos, un regolito marciano corrosivo (mezclado con percloratos), el hambre, la exposición a la débil gravedad por un largo tiempo o cosas en las que ni siquiera hemos pensado.

También está la difícil cuestión de qué hacer con la vida indígena que pueda existir en Marte. ¿Tienen derechos los microbios come-rocas? Sin duda tienen un valor científico que es difícil de exagerar y dejar caer a miles de simios sucios en la superficie de un medio natural virgen sería probablemente lo peor que podemos hacer. No voy a hablar de eso aquí –pero es una pregunta clave–.

Antes de que saltemos hasta la terraformación, existen posibles pasos intermedios para mitigar los peligros asociados con la vida en Marte para un gran número de personas. Por supuesto que se pueden construir estructuras habitables –tal vez enterradas bajo el regolito para ayudar con el aislamiento y la protección radiológica–. Podemos incluso comenzar a construir instalaciones de tipo ‘biodome’ (sistemas ecológicos cerrados) cuyo efecto consistiría en crear una pequeña Tierra en una burbuja. A estos enfoques a veces se les denomina ‘para-terraformación’. Sin embargo,   probablemente queramos averiguar cómo explotar la tierra de una vez.

Una idea es el canyon-tenting, o techado de cañones. Marte tiene accidentes geográficos como cañones, cráteres, y conductos de lava que solo necesitarían una estructura 'tapa' para crear un medio ambiente de gran volumen en el que podríamos introducir una atmósfera y humedad, y sobre el que tendríamos control.

En última instancia, poder vivir de la tierra es una parte esencial de la terraformación. ¿Pero, cómo lo conseguimos?

El primer paso sería intentar añadir densidad a la atmósfera de Marte –cuya presión en la actualidad es de 1/1.000 veces la de la Tierra, algo que dejaría nuestros pulmones vacíos–. Una atmósfera más densa y una temperatura más alta podrían permitir que agua líquida, procedente de grandes depósitos de agua congelada de Marte, subiera a la superficie.

Marte tiene enormes depósitos de dióxido de carbono congelado en sus regiones polares, y liberarlos en forma de gas podría tener un beneficio doble: aumentarían la presión atmosférica y la captura global de radiación infrarroja –el ‘efecto invernadero’–. En la actualidad la atmósfera marciana es mucho menos opaca a la radiación infrarroja (IR) que la de la Tierra –  un análisis de ‘profundidad óptica’ de IR (una medida estadística de la eficiencia con la que luz es detenida) para el Marte moderno es de aproximadamente 0.2 comparado con un 0.83 en la Tierra – para Venus es de alrededor de 60–.

Si pudiéramos liberar la mayor parte del dióxido de carbono congelado en Marte seríamos capaces de elevar la presión atmosférica a aproximadamente 1/3 del nivel de la Tierra, para así llegar a un punto de inflexión en el que la temperatura polar estaría por encima del punto de sublimación –lo que evitaría que el CO2 se convierta en hielo de nuevo–. Para hacer esto tenemos opciones como:

  • Hacer montones y montones de explosiones termonucleares por encima de los polos (un enfoque que Elon Musk ha mencionado, al menos informalmente).
  • Usar espejos gigantes en el espacio para enfocar la energía solar hacia las regiones polares (un espejo de un radio de 125 kilómetros podría contribuir a elevar las temperaturas polares alrededor de 5 grados Kelvin).
  • Verter amoníaco en la atmósfera para que actúe como gas de efecto invernadero dejando caer cuerpos cometarios (helados). Este enfoque tiene la ventaja de que añadiría un ‘buffer’ de gas nitrógeno a la atmósfera de Marte.
  • Bombear CFC a la atmósfera para potenciar el efecto invernadero. Necesitaríamos cerca de 40 millones de toneladas (aproximadamente el triple de la cantidad total de CFC fabricado por los seres humanos hasta la fecha).
  • Pintar con aerosol la superficie marciana para que sea menos reflectante (tomaría mucho tiempo para que tenga ese efecto).

... Y esos serían solo los primeros pasos.

La lista de posibles razones para desistir es igualmente larga:

  • El clima es complejo. ¿Acabaríamos haciendo de Marte un mundo de tormentas y zonas climáticas extremas inútiles?
  • Puede que ya no explotemos debido a la baja presión, pero ¿qué pasará con el oxígeno? Construir una atmósfera respirable nos podría llevar siglos.
  • Probablemente no entendemos muy bien cómo Marte podría perder elementos hacia el espacio –una vez que el vapor de agua sea abundante va a empezar a romperse debido a la fotodisociación en la atmósfera superior, donde el hidrógeno puede perderse de forma permanente. ¿Podríamos en realidad secar Marte?
  • Marte es mucho menos geofísicamente activa que la Tierra, no tiene tectónica de placas. Esto podría ser decisivo en los esfuerzos para lograr una estabilidad climática de largo plazo. En otras palabras, podríamos hacer que Marte sea habitable por unos pocos miles de años, pero no más.
  • La Tierra está literalmente repleta de microbios de gran diversidad genética que impregnan las rocas, intercaladas con la geoquímica. ¿Podemos sembrar Marte de una forma en la que reproduzcamos los sistemas que ayudan a que la Tierra se mantenga la misma forma que tenía cuando nos produjo?

Está claro que las respuestas no van a ser simples. La visión de SpaceX es un contrapunto maravillosamente provocador y estimulante a las últimas décadas en las que los que hubo un número reducido de vuelos espaciales tripulados. También está en consonancia con las preocupaciones que cualquier persona racional tendría como resultado de las crisis existenciales a las que se enfrentan las especies que viven en un planeta (no solo las crisis auto infligidas). Al igual que cualquier presentación conceptual, esta es un punto de partida.

Pero hay otra cara intrigante en todo esto. Hemos llevado a cabo un experimento incontrolado en la Tierra desde la revolución industrial. ¿Podría un experimento controlado en Marte ofrecernos información relevante sobre todos los mundos y todos los futuros humanos posibles?