Ha quedado claro que los deportes de impacto como el fútbol americano y el boxeo pueden causar daño cerebral a largo plazo. Ahora el fútbol está siendo objeto de escrutinio. A medida que aumenta la evidencia de que el cabeceo en exceso de una pelota de fútbol puede lesionar el cerebro de un jugador, jugadores profesionales, como Brandi Chastain, una estrella de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 1999, están llamando la atención sobre los riesgos de salud que enfrentan los jugadores  más jóvenes.

Para obtener información sobre los últimos avances científicos sobre las lesiones que cabecear puede ocasionar en el cerebro, la revista Scientific American habló con Robert Cantu, profesor de neurocirugía en la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston y co-fundador del Sports Legacy Institute.

 [A continuación, una transcripción editada de la entrevista.]

¿Cuál es la evidencia científica que señala que cabecear una bola de fútbol puede puede causar daño cerebral?

Nuestros resultados y los hallazgos de otros investigadores muestran que cabecear una pelota de fútbol puede contribuir a problemas neurodegenerativos, tales como la encefalopatía traumática crónica.

Investigadores que han seguido de cerca a  jugadores de fútbol han notado una estrecha relación entre la cantidad de cabeceos que un jugador hace y la presencia de anormalidades cerebrales.

También han habido estudios en los que los investigadores compararon  futbolistas con nadadores. Los cerebros de los nadadores se mostraron perfectamente normales, mientras  que los cerebros de los futbolistas presentaron anormalidades en la fibras nerviosas de la material blanca.

Las células nerviosas transmiten sus mensajes a otras células nerviosas a través de fibras nerviosas o axones. Si el cerebro es sacudido violentamente bastante, una persona puede presentar una interrupción en las fibras nerviosas.

¿Cuáles son los efectos de estas anormalidades cerebrales?

Sacudir violentamente el cerebro de forma excesiva puede conducir a síntomas cognitivos, incluyendo problemas de memoria, así como trastornos del comportamiento y del estado de ánimo, como la ansiedad y la depresión. Otros síntomas incluyen problemas con el sueño, mareo y dolor de cabeza.

¿Estos daños se observan más tarde en la vida, una vez que la persona ha dejado las canchas?

Aún no le hemos dado seguimiento a estas anomalías a lo largo de los años. Esos estudios están en curso. ¿Esas anomalías desaparecen con el tiempo o no? No sabemos la respuesta todavía. Probablemente  sea un poco de ambas.

¿Existe un umbral de fuerza por debajo del cual una persona puede cabecear una pelota con seguridad?

La ciencia no está allí todavía. Ni siquiera tenemos un umbral que predice las aceleraciones lineales y rotacionales necesarias para causar una conmoción cerebral. Las fuerzas lineales se miden en valores de gravedad (g), y hemos medido golpes en varios deportes de hasta 150 g  donde la persona no ha tenido una conmoción cerebral y hemos tenido otros individuos donde golpes de tan solo 50 g o 60 g le has ocasionado conmociones.

Con el otro tipo de fuerzas ­–las fuerzas que rotación o torsión– que se miden en radianes por segundo al cuadrado, tampoco sabemos  cuál es la fuerza necesaria para producir conmociones cerebrales.

Tampoco tenemos un buen control sobre el umbral necesario para producir una conmocion cerebral leve, que son golpes en la cabeza que no producen síntomas, pero sí  producen cambios estructurales observables en imágenes neurológicas.

¿Por qué tarda tanto la ciencia en comprender los efectos de las conmociones en el cerebro?

Es un tema muy complejo. Usted tiene fuerzas biomecánicas que pueden ser medidas, como la aceleración lineal y la de rotación, pero estamos lidiando con un humano y no un objeto inerte en un laboratorio. Hay un montón de factores biológicos que influyen en que ese ser humano tenga una conmoción cerebral o no: cuántas conmociones cerebrales ha tenido antes, la gravedad de dichas conmociones cerebrales y lo seguido una de otra que se produjeron. Otros factores a tomar en cuenta son: la edad –es más fácil sufir una conmoción a una edad más temprana y la recuperación es más lenta–; la fortaleza de su cuello – si  tiene un cuello fuerte, se reduce significativamente la posibilidad de una conmoción cerebral– ; estado –si está deshidratado es más probable que tenga una conmoción cerebral–; y el sexo –las mujeres son más proclives a las conmociones que los hombres.

¿Cuál es su consejo para los padres de niños que juegan fútbol? ¿Usted recomienda una edad antes de la cual hay que evitar el cabeceo?

Recomendamos que los jóvenes menores de 14 años no cabeceen la pelota en el fútbol, al igual a que se abstengan de jugar fútbol americano y hockey sobre hielo. Los impactos en la cabeza son más perjudiciales  cuando se dan en niños menores de esa edad debido a varias razones estructurales y metabólicas. Los cerebros de los niños no son tan mielinizados como los cerebros de los adultos. La mielina es el recubrimiento de las fibras neuronales –similar al recubrimiento de un cable de teléfono­–;  ayuda a la transmisión de señales y también da a las neuronas mucho mayor fuerza, por lo que los cerebros jóvenes son más vulnerables. Los jóvenes también tienen cabezas desproporcionadamente grandes. Alrededor de los cinco años, la circunferencia de sus cabezas ronda el 90 por ciento de lo que llegará a ser en la edad adulta, pero el cuello no se ha desarrollado casi a ese punto. Ellos tienen la cabeza grande en un cuello muy débil, por ello con un golpe no tan fuerte puede causar un daño.

¿Debería prohibirse el cabeceo en el fútbol?

No debería ser prohibido porque no tenemos suficiente evidencia en este momento para entender exactamente cuáles son los riesgos. El objetivo de esta investigación no es reducir la participación en el fútbol. El objetivo es tener más personas jugando el juego, pero debe hacerse de una forma más segura en las edades más tempranas. Esto no significa que a los niños no se les puede enseñar las técnicas del juego; en lugar de usar un balón de fútbol, pueden practicar el cabeceo con una bola de playa.