Existen tantos caminos y carreteras que la superficie terrestre ha quedado fragmentada en 600.000 parches, de los cuales solo un 7 por ciento tiene más de 100 kilómetros cuadrados, mientras que el 80 por ciento tiene menos de 500 hectáreas (5 km2).

Los datos pertenecen a un trabajo que se publica hoy en Science. Si bien las carreteras permiten el traslado de personas y bienes, también provocan  fragmentación del ambiente, contaminación química y sonora, potencian la deforestación y aumentan la mortalidad de animales en accidentes viales.

“Los diversos y complejos impactos ecológicos y socioeconómicos de carreteras casi no se pueden mitigar. Por eso es tan relevante evitar la construcción de carreteras en los territorios sin caminos”, explica Pierre Ibisch, investigador de la Universidad para el Desarrollo Sustentable de Eberswalde (Alemania) y autor principal del trabajo.

Según Ibisch, en América latina existen grandes parches de territorios sin caminos, pero la construcción vial avanza rápidamente. “Países como Brasil, Perú o Colombia tienen mucho potencial para la conservación de territorios sin caminos. Nuestro mapa muestra bloques muy grandes en el Amazonas, pero muchos ya están fragmentados, solo que aún no se han mapeado. Y hemos visto que la construcción de carreteras progresa muy rápidamente”, explica.

El experto comenta que en el Amazonas está bien documentado el “efecto contagio” que tiene la apertura de carreteras. “Se acelera la deforestación por el acceso a caminos que tiende a ir escalando y facilita la construcción de más y más vías de acceso, sean planificadas o no”, resume.

La consecuencia más impactante para la biodiversidad de los caminos es la muerte de fauna por atropellamiento. Según el Centro Brasileño de Ecología de Estrada (CBEE), en ese país mueren anualmente 475 millones de animales por esta causa.

La cifra puede parecer muy elevada, pero la mayoría de los afectados son pequeños vertebrados como ranas y aves. “Sabemos que más de 400 especies son atropelladas en Brasil. Entre los animales grandes se pueden mencionar al tapir, el oso hormiguero y el aguará guazú”, comenta Alex Bager, coordinador del CBEE.

El biólogo asegura que no hay mucha información sobre el Amazonas, una de las regiones con menos carreteras, según el estudio de Science. “Pero sabemos que hay caminos no oficiales y la mortalidad es muy grande. En esta región lo mejor es actuar con políticas para prevenir la construcción de carreteras y mantener grandes extensiones de selva continua”, explica.

Un varanus atropellado en la carretera que divide en dos la reserva Gomatong, en Borneo, Malasia. Crédito: Pierre Ibisch 

Pasafaunas para mitigar el problema

Una de las soluciones al problema del atropellamiento de animales son los pasafaunas, viaductos que cruzan por debajo o por encima de las carreteras y permiten comunicar ambientes naturales fragmentados.

Entre 2012 y 2013, organizaciones ambientalistas de México denunciaron que la ampliación Carretera Federal 186 ocasionó la muerte de 25 monos saraguatos mayas (Alouatta pigra) en los estados de Jalisco y Campeche. Se trata de una especie que está en peligro de extinción. Según datos de la ONG Conservación sin Fronteras en poco más de un año murió casi la mitad de la población de monos saraguatos localizada en la zona. La Procuraduría Federal de Protección del Ambiente de México tomó el caso y está verificando que se construyan pasafaunas.

En el estado de Río de Janeiro (Brasil), una ONG ambientalista reclama la construcción de pasafaunas en el proyecto de ampliación de la carretera BR 101. En esa región vive la única población del mono mico-leão-dourado, en peligro de extinción. Estas estructuras no fueron incluidas en el presupuesto de la obra vial.

“Allí el problema no es tanto el atropellamiento como la fragmentación del hábitat que impide a esta especie mantener una población viable mínima”, explica Bager.

En otros sitios, los pasafaunas ya son una realidad. En la carretera que une Nuevo Xcan con Playa del Carmen, México,  ya se construyeron 40 de estos viaductos para proteger el hábitat del jaguar.

“Los pasos de fauna han resultado exitosos en Costa Rica, Canadá y Estados Unidos. Esperemos que en el futuro otras carreteras de México puedan incorporar estas estructuras para crear corredores biológicos”, dijo Diana Friedeberg, directora de la ONG Panthera para México, en la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (COP 13) que se realiza en Cancún.

En el norte de la provincia argentina de Misiones, donde están las Cataratas del Iguazú, más de 3.000 animales mueren atropellados por año dentro de áreas protegidas. Desde 2012 fallecieron tres jaguares por esta causa y en la región no hay más de 60.

A pesar de que existen más de 30 pasafaunas, las ONG ambientalistas proponen levantar varios puentes de un kilómetro en un tramo 17 kilómetros de la ruta nacional 12 que atraviesa el Parque Nacional Iguazú.

Toman como ejemplo la carretera de los inmigrantes que atraviesa la Serra do Mar para unir Sao Paulo con el puerto de Santos, en Brasil. Tiene más de 50 pasafaunas en 57 kilómetros de extensión.

Pero para Ibisch los pasafaunas solo mitigan uno de los problemas de las carreteras y son muy costosos. “Los caminos no solo fragmentan las poblaciones. Hay impactos relacionados con el ruido y consecuencias hidrológicas y climatológicas. Los pasafaunas no frenan a las especies invasoras y tampoco ayudan a controlar las actividades humanas en la carretera que alteran la funcionalidad de los ecosistemas”, detalla.

Bager cree que son una buena medida para la biodiversidad y también para la sociedad, ya que reducen los accidentes y daños a la propiedad, pero requieren estudios previos para saber dónde instalarlos.

En este sentido, el CBEE desarrolló una aplicación para celulares, Sistema Urubu, para que la gente recolectar datos de atropellamientos. “Hay más de 20.000 usuarios y se han registrado 16.000 casos de atropellamiento. Esperamos duplicar esa cifra en 18 meses”, detalla Bager.