Según informó la revista Astrophysical Journal, un grupo de investigadores dirigido por Donald Shemansky, del Instituto Tecnológico de California, ha analizado los datos de la atmósfera de Europa obtenidos por el Espectrógrafo de Imágenes Ultravioletas (UVIS), a bordo de la nave Cassini-Huygens, durante un sobrevuelo realizado en 2001.

Los resultados muestran que la composición del satélite, uno de los más grandes del sistema solar, no se debe a los gases emitidos por los procesos geológicos, sino a los expulsados por los volcanes de Io, otra luna cercana de Júpiter.
A partir de las mediciones realizadas por UVIS, los investigadores calcularon que la actividad subterránea de Europa contribuye 40 veces menos de lo que se pensaba al oxígeno presente en su atmósfera.

El resultado representa un gran avance, puesto que este cuerpo celeste es considerado como un lugar en el que podrían encontrarse signos de vida microbiana, debido a la presencia de un océano debajo de su corteza.

En concreto, este hallazgo demuestra que los estudios previos han sobrestimado la densidad de la atmósfera de Europa. Según los investigadores, aunque ya se pensaba que fuese millones de veces más tenue que la terrestre, es aproximadamente 100 veces más delgada que las estimaciones anteriores.

Además, los nuevos datos refutan toda una serie de hipótesis desarrolladas hasta la fecha sobre la composición del atmósfera de Europa, que consideraban formada en su mayoría por oxígeno molecular (O2). En cambio, Shemansky y sus colaboradores sugieren la presencia de una envoltura gaseosa menos densa, que contiene solo átomos individuales de este elemento químico.

En el pasado, los expertos también habían avanzado una teoría acerca de la existencia, en Europa, de la pulverización catódica. Según este proceso, cuando partículas cargadas golpean el agua helada en su superficie liberan átomos de oxígeno en la atmósfera. Sin embargo, los autores del nuevo estudio creen que el responsable de su presencia pueda ser un fenómeno aún más energético: los iones, acelerados por la rotación ultrarrápida de la magnetosfera de Júpiter, envían una descarga eléctrica hacia dichas moléculas de agua, lo que acaba rompiendo los enlaces que las mantienen unidas.

”Nuestros resultados representan un paso adelante en la solución del enigma que envuelve Europa: pese a existir indicios de una actividad geológica reciente en su superficie, los datos recogidos por la nave Cassini-Huygens han desvelado otro escenario”, afirma Amanda Hendrix, del Instituto de Ciencias Planetarias. Tal vez, las futuras sondas proporcionen más información para entender más a fondo la naturaleza de esta luna de Júpiter.

 Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en Investigación y Ciencia.