A raíz de los ataques terroristas que el 13 de noviembre dejaron en París 130 muertos y más de 350 heridos, Alain Fuchs, presidente del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) francés, anunció una convocatoria de propuestas para la investigación sobre terrorismo. Consciente de que todo esfuerzo que no tenga un efecto inmediato corre el riesgo de parecer “irrisorio”, Fuchs insistió en que la ciencia puede ayudar a abrir vías de análisis.

Este año, el Estado Islámico (ISIS) ha perpetrado ataques en Túnez, Líbano, Bangladesh y otros países, e hizo estallar un avión de pasajeros ruso en la península del Sinaí. Pero, a la vista de que miles de europeos han abandonado sus hogares para unirse a grupos islamistas en zonas de conflicto, el riesgo de que vuelvan y cometan nuevos ataques tiene al continente en vilo.

Para entender qué lleva a algunos jóvenes europeos a radicalizarse, los investigadores estudian las circunstancias personales de quienes han cometido o planeado actos terroristas en los últimos años, así como las de aquellos que han dejado el continente para unirse al ISIS o son sospechosos de incorporarse al yihadismo. Sociólogos, politólogos, antropólogos y psicólogos se basan en la información generada por la policía, los jueces y los medios de comunicación y, en algunos casos, en entrevistas. También han analizado el ambiente que se vive en las cárceles y en algunas zonas socialmente desfavorecidas. A continuación se resumen algunas de sus conclusiones.

La religión no es el desencadenante

El aumento de la yihad en Europa ha llevado a considerar la existencia de un proceso genérico de radicalización entre los musulmanes del continente. Sin embargo, la investigación al respecto sugiere que la mayoría de los extremistas son, o bien personas que han experimentado un reencuentro súbito con el islam, o bien conversos sin pasado religioso, explica Olivier Roy, especialista en islamismo político y Oriente Próximo del Instituto Universitario Europeo de Florencia. En el caso francés, uno de cada cuatro yihadistas es un converso al islam. Roy presentó las últimas investigaciones al respecto en una conferencia organizada en Maguncia el 18 y 19 de noviembre por la Oficina Federal de Policía Criminal alemana.

Rik Coolsaet, director del departamento de ciencias políticas de la Universidad de Gante y experto en yihadismo y política exterior, señala que primero surge el extremismo violento y después la justificación religiosa. En este sentido, recuerda que dos jóvenes británicos que el año pasado fueron encarcelados por su conexión con el terrorismo tras haber luchado en Siria habían comprado previamente por Internet los libros El islam para principiantes y El Corán para principiantes.

La base común es el resentimiento

Resulta difícil hacer generalizaciones sobre el proceso que lleva a ciudadanos europeos a radicalizarse. En Maguncia, Roy expuso que muchos extremistas provienen de familias desestructuradas, áreas deprimidas y carecen de educación y empleo. Un número menor poseen estudios y han tenido trabajos y formas de vida propios de la clase media. Algunos disfrutan de relaciones estables y tienen hijos pequeños. Pero, según Roy, las características que parecen compartir son un resentimiento contra la sociedad y una necesidad narcisista de reconocimiento, lo que los hace vulnerables a una narrativa de gloria violenta.

Farhad Khosrokhavar, investigador del CNRS que trabaja en la Escuela de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales de París, explica que los factores sociales pueden exacerbar tales frustraciones. Casi todos los extremistas y terroristas europeos son inmigrantes de segunda y tercera generación, a quienes Khosrokhavar considera a menudo “estigmatizados, rechazados y tratados como ciudadanos de segunda clase”. Sin embargo, el investigador señala que, desde 2013, entre quienes han ido a combatir a Siria hay una proporción de jóvenes de clase media mucho mayor que la de generaciones anteriores.

Terrorismo y cárcel

El vínculo entre el terrorismo y cárcel ha recibido atención este año. Los tres yihadistas que el pasado mes de enero asaltaron la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y un supermercado judío en París, así como algunos de los autores de los ataques del 13 de noviembre, habían cumplido penas de prisión.

Muchos terroristas franceses cuentan con un historial de delitos menores por el que han acabado pisando la cárcel. Tales estancias han resultado clave numerosas veces en su proceso de radicalización, explica Khosrokhavar, quien a lo largo de varios años ha entrevistado a unas 160 personas —trabajadores y reclusos— de cuatro grandes cárceles francesas, incluidos 15 condenados por delitos de terrorismo. Según él, los presos caen a menudo bajo la influencia de redes terroristas y de islamistas radicales con quienes establecen luego lazos duraderos.

Los líderes son “emprendedores”

Petter Nesser, experto en terrorismo del Establecimiento de Investigación para la Defensa noruego, sostiene que la mayoría de quienes se implican en el terrorismo yihadista en Europa son “inadaptados y balas perdidas”, personas que se unieron a grupos radicales durante una crisis personal o a través de amigos o familiares que ya estaban dentro.

Sin embargo, Nesser apunta que los actores principales son un número mucho menor de «emprendedores»: activistas experimentados y con una motivación ideológica, que forman parte de las redes terroristas transnacionales vinculadas tanto a los extremistas de toda Europa como a los grupos armados en las zonas de conflicto. Son ellos quienes, a través del reclutamiento y el adoctrinamiento, aportan estructura y organización a una mayoría desafecta.

Molenbeek no es la capital terrorista de Europa

Varios de los terroristas que participaron en los atentados de París, así como los autores de otros ataques previos en Europa, habían vivido en Molenbeek, un barrio de Bruselas con una gran comunidad musulmana, en su mayoría de origen marroquí. Eso ha hecho que algunos políticos y medios de comunicación se hayan referido al suburbio como la capital terrorista de Europa y hayan achacado el fenómeno a un ambiente social deprimido o a una aparente falta de integración de los musulmanes.

“Eso es engañoso”, asegura Nesser. En Europa han surgido focos yihadistas en ambientes que van desde los barrios pobres hasta las universidades, las escuelas o las cárceles. El ingrediente fundamental en la diseminación del yihadismo, añade, es una masa crítica de militantes “emprendedores”. Poner la lupa en Molenbeek oscurece el hecho de que el yihadismo europeo constituye un fenómeno transnacional y que sus principales impulsores son los conflictos armados y los grupos extremistas que participan en ellos. “Es también injusto y estigmatizante para los habitantes de este suburbio belga”, concluye el experto.

 

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó primero el 2 de diciembre. La versión en español se publicó primero en Investigación y Ciencia.