Si se encuentra en la cola de la caja de pago del supermercado y quiere que las personas que se encuentran delante de usted le dejen pasar, debería vigilar su imagen: si lleva una botella de agua en la mano es más probable que consiga su objetivo que si el producto de compra es una cerveza. Investigadores de la Universidad Braunschweig, en Alemania, han utilizado este escenario para conocer más sobre la evolución del comportamiento cooperativo en los humanos.

Desde un punto de vista biológico resulta incomprensible que las personas ayudemos a un desconocido a quien, en un principio, no volveremos a ver. Pero los requisitos bajo los cuales nos solemos mostrar colaboradores revelan que en este comportamiento interviene otro mecanismo: la reciprocidad indirecta, basada en la reputación y en la ayuda al altruista. Es decir, colaboramos con los individuos que consideramos dispuestos a ayudar. Al parecer, esperamos que, de manera indirecta, nuestra actuación altruista nos beneficie.

Reprocidad indirecta

Estas suposiciones inconscientes también suceden en la cola del supermercado. Los autores enviaron 60 veces a un experimentador “intruso” a comprar al supermercado bien una botella de agua o bien una de cerveza. Ya en la cola de pago, observaron que cuantos más productos llevaba en el carro la persona que se hallaba delante del “comprador falso” más probable era que le dejara pasar. O como señalan los investigadores, cuanto más tiempo de espera se podía ahorrar el sujeto con un solo producto de compra más probable era que le permitieran avanzar en la cola, es decir, que cooperaran con él. También constataron que el aspecto del comprador influía en el gesto de generosidad de los otros clientes, pues era menos probable que le dejaran avanzar si portaba una botella de cerveza que si llevaba una de agua.

Según los autores del estudio, publicado en Human Nature, ambos resultados pueden explicarse desde el sistema de la reciprocidad indirecta. En el primer caso, la persona colaboradora compensaba el coste (tiempo de espera) con la utilidad de su acción (obtener una buena reputación y colaboración). En relación al segundo hallazgo, los bebedores de cerveza se tienen a menudo por irresponsables y faltos de carácter, según se ha confirmado en estudios anteriores. Quien apoya esta opinión considera a estas personas menos dispuestas a cooperar, por lo que se reduce la disposición a ayudarles.

Este trabajo demuestra que el comportamiento cooperativo puede investigarse no solo en el laboratorio, como sucede a menudo, sino también en escenarios cotidianos, concluyen los autores.

 

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en Investigación y Ciencia. Más información en Spektrum.