Científicos del Museo de Paleontología Egidio Feruglio, MEF,en Trelew, Argentina, en colaboración con el Centro de Investigaciones Paleontológicas en Colombia, CIP, describen en el Journal of Vertebrate Paleontology una nueva especie de saurópodo titanosauriforme que, no solo es el primer dinosaurio hallado en Colombia, sino en todo el norte de América del Sur.

La criatura herbívora de enorme cuello –de unos 16 a 18 metros de largo– y 10.000 kilos de peso pertenece aparentemente a la familia de los enormes braquiosaurios, y habitó las planicies costeras que bordeaban al gran mar somero del Cretácico Inferior (edad Barremiense), hace unos 130 millones de años, cuando esos pantanos salobres de arenas calizas estaban llenos de reptiles marinos y amonitas. Los braquiosaurios, que surgieron hace unos 150 millones de años, se caracterizaban por su gran altura, dada por el cuello elevado y recto, similar en su postura a las jirafas, y sus miembros anteriores más largos que los posteriores.

“El descubrimiento, proveniente de la Formación Paja, es significativo porque según la hipótesis, los braquiosáuridos se habrían extinguido en todos lados menos en Norteamérica”, dice el paleontólogo del MEF José Luis Carballido, autor principal del artículo. “Existían restos muy fragmentarios de otros dinosaurios en Colombia, pero no contenían suficiente información como para reconocer una nueva especie, por lo que fue muy relevante haber podido estudiar estos otros fragmentos”.

Según Diego Pol, coautor del estudio, “probablemente los braquiosaurios sobrevivieron en muchos otros lugares y aún no los hemos encontrado. Este espécimen nos ayuda a completar un poco la historia de esta familia tan importante de dinosaurios, su distribución a lo largo del tiempo y del espacio. En Patagonia los conocemos, pero son de otra época –el Jurásico Superior–. Pero esa etapa de los animales que vivieron en Suramérica hace 120 a 130 millones de años es una de las más misteriosas en paleontología de dinosaurios”, añade Pol quien desde 2014 trabaja en la descripción, aún no publicada, del dinosaurio más grande jamás encontrado hasta el momento, un descomunal titanosaurio patagónico.

Huesos llenos de aire

La nueva criatura colombiana ha sido bautizada Padillasaurus leivaensis, en honor al biólogo molecular Carlos Bernardo Padilla Bernal (1957–2013), quien con su hermano Santiago fueran fundadores del CIP y promotores de la preservación e investigación del registro fósil en Colombia. Las laderas desérticas y sedimentarias de las colinas de Villa de Leyva (a un par de horas de Bogotá) se reconocen como un importante repositorio de reptiles marinos cretácicos, por lo que confirmar restos de un dinosaurio terrestre constituye una agradable sorpresa.

Su nada fácil descripción se basó en una secuencia de diez vértebras de la región dorsal, el sacro y la cola que habían sido colectadas hace varios años por un poblador local, y se encontraban alojados en el museo de la Junta de Acción Comunal Vereda Monquirá, cuando el CIP inició su preparación y limpieza.

Las 10 vértebras del braquiosaurio muestran entre otras cosas la presencia de cavidades para sacos de aire, una de las características de los saurópodos para agilizar su masiva estructura. / Centro de Investigaciones Paleontológicas.

“Todos los saurópodos tienen un sistema de depresiones en los huesos”, explica Pol. “No es algo sólido, sino un conjunto de grandes cavidades que alojaban sacos de aire. Era parte de un sistema respiratorio mucho más complejo que el nuestro; es el mismo que tienen las aves, y que les confiere una eficiencia mayor que la de cualquier animal viviente”.

Cada especie de saurópodo tiene una serie de características particulares en el desarrollo de estas cavidades, señala Carballido. “Este animal en particular presenta varias de ellas en las vértebras caudales, que están ausentes en otras especies de saurópodos. Entonces, la forma, cantidad y ubicación de estas depresiones nos dieron las primeras claves para catalogar a Padillasaurus leivaensis como nueva especie”.

Las otras claves provienen de la presencia de un sistema de láminas sobre las vértebras. “Son láminas que, o bien inhiben ciertas de estas cavidades, o conectan algunas de las apófisis de los huesos”, dice Pol. “Los saurópodos tienen un patrón de laminación muy complejo porque necesitan estructura y rigidez para soportar buena parte del peso corporal sin aumentar mucho el peso de toda la estructura ósea. Entonces diferentes especies desarrollan diferentes patrones de laminación”.

Según Matthew Lamanna, curador asistente de paleontología de vertebrados del Museo Carnegie de Historia Natural, en Pittsburgh, Pennsylvania,  los dinosaurios terópodos (los carnívoros, como lo tiranosaurios) también poseían su sacos de aire y láminas vertebrales, pero como no eran tan masivos como los saurópodos, tenían menos necesidad de evolucionar huesos increíblemente ligeros y a la vez fuertes.

“Algo interesante”, dice Lamanna, “es que las reconstrucciones del Cretácico Temprano sugieren que gran parte de lo que hoy es Colombia podría haber sido una isla durante ese tiempo. En ese caso, Padillasaurus podría haber sido uno de los pocos ejemplos de dinosaurio isleño que existen (los que conozco están en Europa), y quizás el primero en el Hemisferio Occidental”.

Aunque el espécimen parece ser un adulto, no es muy grande para ser un saurópodo, sugiere Lamanna, quien ha trabajado muy de cerca con dinosaurios del Cono Sur. “Y esto podría ser la respuesta evolutiva de un linaje que habría quedado encerrado en una isla. Es algo que ya ha sido demostrado en otros animales, quizás porque en las islas hay menos recursos que en el continente”.

No obstante, según Pol, “el dinosaurio apareció transportado en sedimentos marinos, por lo que determinar si provino de una isla, o del continente, es imposible”.

Disciplina naciente

La paleontología es una disciplina naciente en Colombia, con un pequeño pero serio grupo de investigadores colombianos en el extranjero, que mantienen lazos con colaboradores internacionales como el MEF de Argentina. Un impulso importante en esta ciencia la dio el CIP, que desde 2012 se ha convertido en el referente nacional, siendo el centro de investigaciones mejor equipado en Colombia para trabajos en paleontología.

 Según Carballido, la identificación de los restos fue posible gracias al meticuloso trabajo de limpieza y preparación que hizo el CIP, el cual incluye el desarrollo de sus propias mezclas de ácidos para disolver la roca. “Por otro lado, pudimos colocar a Padillasaurus en el tiempo gracias a una amonita que estaba pegada a las vértebras. Las amonitas son cefalópodos abundantes que sufrieron modificaciones evolutivas muy rápidas; y como se conoce cuáles especies habitaron en cuáles épocas, son estupendas para datar fósiles raros. Todo ese trabajo lo hizo Fernando Etayo-Serna, del Servicio Geológico Nacional–Museo Geológico José Royo y Gómez,  en Bogotá”.

Para la preparadora de fósiles del CIP Mary Luz Parra Ruge, coautora del estudio, este logro es la cristalización de arduos años de trabajo. “Nunca en mi vida había estado tan orgullosa de nuestro trabajo en materia de paleontología de Colombia”.