(Inside Science) - Si El Niño, el fenómeno climático que ocurre periódicamente en el Pacífico, vuelve este año, el aumento de la lluvia podría salvar a California de su actual severa  sequía. Pero mientras que El Niño puede rescatar las zonas de sequía, también puede destruir civilizaciones enteras, como los científicos están descubriendo ahora.

Todo, desde la gran pandemia de gripe de 1918, que mató a 50 millones de personas, a la caída de los imperios mayas e incas se puede vincular a El Niño y la evidencia está en el más improbable de los lugares – los glaciares tropicales–.

Durante años, Lonnie G. Thompson, un paleoclimatólogo de la Universidad Estatal de Ohio, en Columbus, ha sacado muestras de hielo –núcleos de hielo– de los glaciares en la cimas de las montañas de los Andes, en Perú, y de la cordillera del Himalaya, en el Tíbet. Las muestras, todavía congeladas y enviadas a Columbus, muestran períodos húmedos y secos, incluidos los relacionados con los eventos de El Niño que se remontan a miles de años.

A principios de la década de los 80, Thompson se convirtió en uno de los primeros científicos en observar el calentamiento global. Su colección de núcleos de hielo se considera como una de las evidencias más fuertes del calentamiento global y, para la mayoría de los científicos, demostró que el clima está cambiando dramáticamente.

El hecho de que existan glaciares tropicales puede parecer extraño,  pero enormes cadenas montañosas como los Himalaya y los Andes están en los trópicos y son lo suficientemente altos,  y sus picos bastante fríos, para crear campos de hielo y glaciares. Los glaciares en el Perú son los más grandes.

El Niño es el resultado de oscilaciones atmosféricas a gran escala que responden a las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico occidental. Un aumento en la temperatura de la superficie influye en la temperatura en la atmósfera y el flujo de los vientos alisios. Con el paso de unos años, comienza un ciclo de retroalimentación que finalmente hace su camino a América y termina por influir en el clima del mundo, de acuerdo con David Unger, meteorólogo del Centro de Predicción del Clima de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés), en College Park, Maryland.

Algunos lugares se vuelven más calientes y mojados; otros más fríos y secos.

Mucho del trabajo de Thompson se basa en la exploración de los glaciares peruanos en Quelccaya, y el análisis de miles de muestras de hielo formados hasta hace 1.800 años. Los campos que exploró estaban a menos de 60 kilómetros de Cusco, la capital de la otrora gran imperio Inca.

El estudio del hielo, junto a hallazgos arqueológicos, mostró que las personas se trasladaban de la sierra a la costa y de vuelta, siguiendo el mismo patrón de alteración del clima  de El Niño. Si bien es poco probable  que los eventos de El Niño fueran la única causa de los desastres que destruyeron el imperio Inca, las alteraciones en el clima y sus efectos sobre los recursos hídricos y la agricultura fueron cruciales, cree Thompson.

Lo mismo parece cierto para otros pueblos indígenas en las Américas, incluyendo los Mochica.
Se trata de una hipótesis que suena plausible para Unger. Los hallazgos han sido corroborados por la datación por radiocarbono.

"América Central tiende a ser una de las zonas más sensibles a El Niño", dijo Unger.

"Creo que es notable que ... en los registros de hielo a ambos lados del Pacífico se ven grandes sequías en momentos históricos de gran agitación social," dijo Thompson la semana pasada en una reunión del Council for the Advancement of Science Writing ,en Columbus, Ohio.

Estos hallazgos en los registros de hielo son lo que los científicos llaman "cisnes negros", eventos raros, pero inevitables y dramáticos.

Eventos de El Niño suelen durar solo un año, explicó Unger, aunque una oscilación opuesta, llamada La Niña, puede durar dos o tres. Últimamente, eventos de El Niño han estado ocurriendo cada cuatro años. Thompson no es el único científico que ha vinculado eventos “cisne negro” con El Niño.

La conexión a la pandemia de gripe se remonta a 2010, cuando Benjamin Giese, del Texas A & M University,  informó que una revisión de siglos de registros de El Niño mostró que la aparición del fenómeno en los años de 1918 y 1919 fue única. Fue muy fuerte en el Pacífico central, pero curiosamente más suave a lo largo de la costa de las Américas.

La ubicación, escribió, provocó una grave sequía en la India cuando los monzones no llegaron, y 18 millones de indios murieron. La gripe coincidió con la emergencia de salud pública allí y luego se extendió a Europa y América.

Thompson señaló que 1918 no fue solo el año de la gripe, pero el final de la Primera Guerra Mundial y varios trastornos políticos, incluyendo la Revolución Rusa.

En 1781, el monzón tampoco llegó y 600.000 indios murieron de hambre. El mismo año, eventos “cisne negro” devastaron Australia, Egipto, México y el Caribe, dijo Thompson.

Un fenómeno de El Niño también acompañó la peste negra,  la plaga que acabó con 200 millones de personas y tal vez la mitad de la población de Europa alrededor de 1346. Ese mismo año, la dinastía Yuan en China, donde la plaga se originó probablemente, fue derrocada por los Ming, una de los acontecimientos más importantes en la historia de China, dijo. Los núcleos de hielo documentan que en esa época hubo una sequía de 30 años.

En cuanto a California, los científicos predicen que hay una probabilidad del 60 por ciento de que el fenómeno de El Niño ponga fin a su sequía este año. A principios de año, parecía una certeza, pero este fenómeno no se está comportando como un clásico de El Niño, así que las probabilidades son menores, dice Unger.

Mientras tanto, los glaciares tropicales están muriendo tan rápidamente como los de Groenlandia y la Antártida, dijo. Por ejemplo, Thompson predice que un glaciar en Nueva Guinea habrá desaparecido para el año 2017.
 


Joel Shurkin es un escritor independiente ubicado en Baltimore. Es autor de nueve libros sobre la ciencia y la historia de la ciencia, y ha sido profesor de periodismo científico en la Universidad de Stanford, UC Santa Cruz y la Universidad de Alaska Fairbanks.  Sígalo en twitter en @shurkin.
 
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