Frita, asada o en puré, la papa es uno de los alimentos más populares del mundo, no solo por su delicioso y versátil sabor, sino también por la facilidad con la que crece en ambientes donde otros frutos difícilmente prosperarían, dado que necesita poca agua y muchas variedades son capaces de adaptarse bien a climas extremos. Y luego está su valor nutricional. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el consumo de una papa tipo russet puede aportar casi el 10% de la carga calórica diaria recomendada por los nutricionistas, y eso incluye cuatro gramos de fibra, cinco de proteínas y tan solo dos de azúcar.

Todos estos datos han motivado a un grupo de científicos de la NASA y del Centro Internacional de la Papa (CIP), en Perú, a conducir un experimento para tratar de hacer crecer papas en condiciones similares a las de Marte, con la esperanza de generar alimentos para futuras posibles exploraciones tripuladas al Planeta Rojo.

El estudio comenzará a llevarse a cabo este mes en Perú y espera tener sus primeros resultados en tres meses, dijo a Scientific American Joel Ranck, portavoz del CIP en Lima.

Para la primera fase del experimento, los investigadores intentarán sembrar clones de papa del tipo LTVR (siglas en inglés para Lowland Tropic Virus Resistant). Entre las características más importantes de esta variedad están la resistencia a algunos de los virus que más comúnmente atacan a la papa y merman su cosecha —tales como el PVY, PVX y PLRV—, una rápida maduración del fruto, que usualmente es de entre 90 y 100 días; la habilidad de producir tubérculos en altas temperaturas y una alta tolerancia a ambientes de sequía.

Las papas serán plantadas en muestras de tierra de Pampas de La Joya, un sector del desierto de Atacama. Con una extensión de 105.000 kilómetros cuadrados compartidos entre Perú, Chile, Argentina y Bolivia, el desierto de Atacama está considerado como uno de los más áridos y secos del mundo. 

“Los suelos del desierto de Atacama y Marte tienen mucho en común”, dice a Scientific American Julio Valdivia, investigador de Microgravedad y Biología Espacial del Instituto Nacional de Investigación y Capacitación de Telecomunicaciones del Perú y director científico del experimento. Durante los últimos 12 años, Valdivia ha estudiado las características del desierto de Atacama y sus similitudes con los suelos de Marte. “Ambos tienen extremadamente bajos niveles de microorganismos y material orgánico, y altos niveles de elementos químicos oxidantes. Por estas razones, los suelos de Atacama se han utilizado mucho como escenarios de investigación análogos a Marte”.

En la segunda fase del proyecto, los investigadores intentarán congelar los frutos obtenidos. “Ir de la Tierra a Marte puede tomar unos nueve meses, y durante todo ese tiempo debemos evitar que las papas germinen. Por eso queremos congelarlas y luego descongelarlas para saber si podemos ‘revivirlas’ y plantarlas en suelo marciano en el momento correcto”, explicó Ranck.

En la tercera y última fase del experimento, los científicos del CIP utilizarán una tecnología de la NASA conocida como CubeSat , unos  pequeños satélites  de forma cúbica, donde cada cara mide de 10 centímetros de largo y que puede contener un volumen de hasta un litro. Estos satélites se llevan como carga ‘extra’ en misiones espaciales ya planeadas.  Allí intentarán hacer crecer las papas. “Con esto queremos explorar el crecimiento de las papas dentro de una atmósfera controlada. Una de las características más importantes de Marte es su baja presión atmosférica, y para estudiar algunas reacciones de la papa necesitamos de un ambiente confinado como el que podemos tener con el CubeSat”, señala Valdivia.

Proyecto colectivo

Los científicos esperan poder aumentar la recolección de datos con la ayuda de investigadores y estudiantes en centros universitarios. La idea es que estudiantes desde distintos rincones del planeta preparen los CubeSat con los sustratos y las papas. Melissa Guzmán, investigadora de Ciencias Planetarias y Astrobiología del Centro de Investigación Ames de la NASA, en San Francisco, California, coordinará el esfuerzo desde Estados Unidos. “Lo que queremos es que los estudiantes utilicen módulos CubeSat para recopilar data que luego podamos comparar con la obtenida en Perú. Es una idea muy emocionante pensar que las papas podrían ser una de las primeras comidas de futuros astronautas marcianos”, dice Guzmán.

Pero no todo se trata de Marte. Los científicos creen que la información recopilada también aportará datos valiosos para buscar soluciones eficientes a otros problemas que las papas enfrentan aquí en la Tierra, como su crecimiento en ambientes  extremadamente áridos y los efectos del calentamiento global en las cosechas. “Nuestros científicos en el CIP han encontrado que ciertos cambios extremos en el clima dificultan la viabilidad de las cosechas. La papa es un alimento altamente nutritivo que puede salvar a mucha gente de la inanición. Solamente en el Perú tenemos 4.000 tipos de papas diferentes. Quizás es un poco irónico que tengamos que mirar a Marte para ayudar a entendernos a nosotros mismos, pero también interesante, sin duda”, finalizó Ranck.