ADN es sinónimo de vida, pero ¿dónde se originaron los ladrillos biológicos que permiten nuestra propia existencia? En un trabajo publicado en la revista The Astrophysical Journal, un grupo de científicos describen un experimento en el que recrearon, en el laboratorio, las condiciones que se dan alrededor de una estrella moribunda rica en carbono, las cuales podrían representar un ambiente idóneo para la formación de los precursores moleculares del ADN.

Durante décadas, los astrónomos han apuntado sus telescopios al cielo en busca de estas estructuras llamadas quinoleínas, moléculas formadas por átomos de carbono dispuestos en forma de anillo y que contienen átomos de nitrógeno, y que constituyen los componentes clave de las bases nitrogenadas. Hasta ahora, los expertos habían focalizado su atención principalmente en el medio interestelar, pues siempre se ha considerado un lugar ideal para realizar dicho descubrimiento.

En cambio, Musahid Ahmed, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, y sus colaboradores utilizaron el Advanced Light Source (ALS), una de las fuentes de altas energías (ultravioleta y rayos X) más potentes del mundo, para recrear estas condiciones cósmicas en el laboratorio. Para ello, bombardearon con radiación sincrotrón del ASL un gas formado por una molécula orgánica que contiene átomos de nitrógeno y dos moléculas de acetileno (C2H2). Además, gracias a un dispositivo llamado hot nozzle (“boquilla caliente”), lograron reproducir en el gas la presión y la temperatura típicas de un ambiente estelar, especialmente de astros ricos en carbono.

Los expertos observaron que, a una temperatura de 700 grados Kelvin, el gas original se trasformaba en uno compuesto por moléculas con forma de anillo y que contenían nitrógeno llamadas quinolona e isoquinoleína, que representan el estadio siguiente en la formación de estructuras biológicas tras la creación de la quinoleína. El resultado pone de manifiesto que estas moléculas pueden sintetizarse en ambientes cósmicos calientes, en dónde son dispersadas al medio interestelar a través de los vientos estelares.

Según Ahmed, existe un límite energético a partir del cual se pueden producir estos procesos y que solo puede ser superado alrededor de las estrellas. “Tras ser expulsadas al espacio exterior, estas moléculas pueden unirse a partículas interestelares diminutas frías, por lo que pueden crear estructuras más evolucionadas y complejas desde un punto de vista biológico como las bases nitrogenadas, que son fundamentales para la formación del ADN y el ARN”, afirma Ralf Kaiser, de la Universidad de Hawái.

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en  Investigación y Ciencia.