Acceder a agua limpia es esencial para la salud humana, pero hay comunidades en zonas rurales de todo el mundo a las que les es difícil acceder a este recurso. El agua que se consigue de pozos puede tener partículas en suspensión, volviéndola turbia. Esto es  más que una preocupación estética, ya que contaminantes como metales pesados, bacterias o virus se adhieren a las partículas en suspensión; al aumentar la turbidez, también aumenta el riesgo de padecer enfermedades intestinales. Según la Organización Mundial de la Salud beber agua contaminada causa alrededor de 500.000 muertes al año, principalmente debido a diarreas.

Mas una solución a ese problema podría encontrarse en su jardín. Investigadores del Laboratorio de Química de Nano-superficies y Química de Materiales verdes de la Universidad del Sur de Florida, están explorando el uso del cactus Opuntia ficus-indica, popularmente conocido como nopal, tuna o chumbera, para purificar el agua.

La idea viene de antaño: el nopal se ha usado tradicionalmente en México para purificar el agua turbia. De hecho, fue la abuela mexicana de la ingeniera química Norma Alcantar, líder del proyecto, quién primero la introdujo a la costumbre popular. Al hervir el cactus, y luego añadir el agua resultante al agua turbia, se consigue “capturar” los distintos contaminantes en conjuntos cada vez mayores, o flóculos, que al aumentar de peso acaban sedimentando, haciendo que el agua pierda turbidez y sea bebible.

El nopal es una planta originaria de México, pero se encuentra extendida por el mundo entero, formando parte de la economía agrícola en muchas zonas áridas del mundo. Este cactus no es tóxico, sus frutos son comestibles y en algunos lugares es considerado una delicatessen.

Múltiples aplicaciones

Alcantar y su equipo llevan estudiando este cactus desde 2006, analizando múltiples aplicaciones potenciales, siendo la más directa la eliminación de contaminantes del agua para beber.

Tras el terremoto de 2010 en Haití, las aguas de consumo para la población tenían mayores concentraciones de bacterias y de metales pesados. El equipo de Alcantar recibió una beca de Investigación de Respuesta Rápida de la Fundación Nacional de la Ciencia estadounidense, para desplazarse al país y estudiar el uso del cactus para purificar las aguas de consumo humano. Recogieron agua de distintos campos en los que vivía la población tras el desastre, donde normalmente la comunidad disponía de un tanque centralizado para almacenar el agua que debe ser purificada. Tras realizar pruebas, observaron que la técnica sería útil para reducir la cantidad de metales pesados, como el aluminio, y bacterias como la del cólera. En cada punto de abastecimiento de agua “se debe hacer algunos test para dar una idea a la comunidad de las concentraciones de cactus que deben usar”, dice Alcantar.

Mas la técnica también ha resultado exitosa en otro campo: la piscicultura. Durante la Reunión de la Asociación Americana de Química, llevada a cabo en San Diego, California, el 15 de marzo, presentaron un nuevo método en el que usando el nopal se logra limpiar las aguas contaminadas de los tanques en los que viven los peces de las piscifactorías, que son difíciles de limpiar, y, además, su limpieza estresa a los animales. La recirculación de las aguas hace que los peces presenten mal gusto en su carne y olores desagradables cerca de las piscinas, debido a la proliferación de bacterias que producen moléculas orgánicas aromáticas, que los humanos percibimos a concentraciones muy bajas.

El método diseñado por Alcantar y su equipo logra eliminar un 50% de los olores. “Es un proyecto que atrae a muchos estudiantes, ya que ven una aplicación directa a lo que están haciendo en el laboratorio”, concluye Alcantar.

Otras posibles aplicaciones que se están estudiando para el cactus son la creación de fibras para fabricar membranas que sirvan como filtro para el agua. También hay una línea de estudio en torno a la enfermedad de Alzheimer, donde se espera que el uso del mucílago del cactus induzca la dispersión de las fibras que forman las placas de proteínas amiloides en el cerebro humano, uno de los mecanismos del avance del mal de Alzheimer.