A través de análisis de estilo, iconografía y datación de carbono, un grupo de científicos ha confirmado que un códice maya que languidece en los sótanos de un museo en México es el manuscrito más antiguo del continente americano.

Solo se conocen otros tres códices mayas que fueron sustraídos por los conquistadores en el siglo XVI, y a los que se identifica por los nombres de las ciudades en los que se encuentran: Dresde, Madrid y París.

Pero la rocambolesca historia del cuarto códice maya, el conocido como Códice Grolier, está plagada por el misterio y la controversia, ya que muchos expertos han dudado de su autenticidad desde que fuera encontrado en la década de 1960 en una cueva en Chiapas.

Según este estudio titulado El cuarto códice maya –elaborado por Stephen Houston, de la Universidad de Brown; Michael Coe, profesor emérito de antropología e historia de la Universidad de Harvard; Mary Miller, de la Universidad de Yale; y Karl Taube, de la Universidad de California-Riverside– el hecho de que este códice fuera encontrado por saqueadores en lugar de arqueólogos llevó a los expertos a dudar de su autenticidad durante décadas.

“Hemos estudiado las imágenes y los jeroglíficos, hemos tratado cada uno de los supuestos problemas con el manuscrito y hemos demostrado no solamente que es el cuarto códice maya que se conoce –que son una de las mayores rarezas del mundo– sino que podemos decir casi con certeza que es el libro mas antiguo en América”, dice Houston.

Además de la procedencia del códice, los expertos han cuestionado este documento por la inusual forma en la que fue presentado públicamente, ya que fue adquirido por un acomodado coleccionista mexicano, Josué Saénz, quién luego lo llevó a escondidas a Nueva York, donde fue exhibido en 1971 en un club de bibliófilos –el Club Grolier, del que el códice toma su nombre–.

Además, este códice, que consiste en 10 páginas de papel producido con corteza de árbol, y cuyo origen se remonta al periodo de 1147 a 1367, según datación de carbono, se diferencia de los otros tres porque no tiene tantos elementos jeroglíficos y en su lugar abundan las ilustraciones. Por eso muchos expertos lo rechazaban, y porque no era tan elaborado, ni tan estético como otros códigos mayas.

Houston reconoce que es un manuscrito de calidad inferior comparado con el Códice de Dresde, al que califica como una obra maestra, y el que hasta ahora era considerado como el manuscrito más antiguo del continente –expertos estiman que podría haber sido elaborado en los años 1200 a 1250, aunque la fecha exacta es un tema de debate–.

“Probablemente (el Grolier) era uno de los miles de libros que existieron durante la civilización maya. Era un libro estándar, un libro normal … pero es fascinante de todas formas, porque es el tipo de libro que era usado por parte de la comunidad maya”, dice, al tiempo que apostilla que el manuscrito seguramente no circulaba entre los campesinos, sino entre las élites.

Otra razón por la que este códice difiere de los otros tres es porque probablemente proceda de una civilización híbrida que tenía muchos elementos mayas, pero también de otras culturas del centro de México, dice el estudio publicado en la revista Maya Archeology.

Como los otros códices mayas, el de Grolier tiene elementos de astronomía y eventos cíclicos, que permitían a los sacerdotes hacer adivinaciones sobre el futuro, llevar a cabo rituales, y tomar decisiones sobre eventos como la guerra.

Todos ellos muestran el énfasis que los mayas ponían sobre los movimientos celestiales de Venus, ya que muchas culturas mesoamericanas vinculaban los ciclos de este brillante planeta con sus dioses y con el paso del tiempo.

“No solo observaban los movimientos (de Venus) en el cielo sino que le añadían significado. Para ellos los dioses eran parte de estos movimientos y se esperaba que ciertos dioses estuvieran activos durante ciertos periodos. Todo eso está incluido en este libro”, dice Houston.

Detalle de la sexta página del Código Grolier (Enrico Ferorelli).

¿ORIGINAL O FALSO?

Hay numerosos estudios científicos que argumentan que el Códice Grolier podría ser una falsificación. Por ejemplo, Susan Milbrath, curadora de arte y arqueología de América Latina en el Museo de Historia Natural de Florida, dijo en un estudio en 2002 que probablemente el código sea falso, dada la mezcla azarosa de estilos y las irregularidades tanto en la iconografía como en el uso de la numerología maya.

“Es posible que este códice sea del periodo colonial tardío, pero es más probable que proceda de una fecha tan reciente como 1960, cuando unos saqueadores se dieron cuenta de que el papel en blanco que habían encontrado en una cueva podía tener mucho más valor si estuviera pintado con diseños”, dice Milbrath en el estudio.

Además, varios expertos mexicanos publicaron un estudio en 2007 argumentando que la erosión y degradación del documento podrían haber sido provocados de forma artificial, y no natural. Otros expertos dijeron haber encontrado pruebas de que las páginas del Grolier habían sido cortadas con tijeras.

Todos estos elementos sembraron dudas sobre la autenticidad del Códice de Grolier durante décadas, haciendo de él un libro maldito que languidece en los archivos del Museo Nacional de Antropología de México, dice Houston.

“Pero ha pasado el tiempo y todo eso es agua corrida. Decidimos re-examinar este manuscrito a la luz de estas nuevas evidencias y hemos demostrado que es uno de los grandes tesoros de México y esperamos que salga pronto del sótano y que sea tratado con más respeto”, dice Houston.

Nikolai Grube, un experto en epigrafía maya, dice que hasta ahora dudaba de la autenticidad del Grolier porque tenía una iconografía inusual, porque carecía de textos jeroglíficos, como otros códices, y por el hecho de que algunas páginas tenían cortes muy finos en los bordes.

“Ahora estoy convencido de que el Códice Grolier es auténtico … Este nuevo estudio de Stephen Houston y sus colegas explica la ortografía inusual y la falta de texto. Además explica como es muy poco probable que en los 1960 o 1970, cuando el códice fue descubierto, alguien hubiera podido falsificar una presentación de iconografías como la que los autores han podido identificar”, dijo Grube a Scientific American, vía correo electrónico.