A diferencia de otros simios, el hombre migró de los bosques a espacios más abiertos como la sabana. Por ello, la estructura de la cavidad orbitaria (que aloja el glóbulo ocular) del hombre habría evolucionado para ampliar su visión periférica, una ventaja que le permitió controlar la llegada de posibles depredadores. Así lo afirma un grupo de científicos liderado por Eric Denion, del Instituto Nacional Sanitario y de la Investigación Médica (INSERM) de París, en un artículo publicado en la revista Scientific Reports.

Los investigadores compararon la estructura del cráneo de cien fósiles humanos con la de varios monos y encontraron que las órbitas oculares de los primeros (y de los gibones) se hallan más separadas que las de chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes. En general, estos primates tienen los ojos situados en la parte frontal de la cabeza, lo que les proporciona una buena agudeza visual a la hora de calcular sin errores las distancias.

Según estos resultados, la estructura de la órbita de nuestro cráneo sería única, puesto que su borde exterior resulta más atrasado en comparación con la de los monos analizados. Esta característica, combinada con la posición más avanzada del globo ocular, mejoraría nuestra visión lateral periférica. De hecho, a la hora de escudriñar un ambiente, los humanos utilizamos más los movimientos del ojo que los de la cabeza, como hacen los otros primates.

Los investigadores también reconstruyeron el camino evolutivo que nos podría haber llevado a esta configuración craneal. Según sugieren, esta podría ser el subproducto de la evolución de otros rasgos faciales como, por ejemplo, la pérdida del hocico, la cual, a su vez, podría derivar de una mayor exposición a los espacios abiertos. Un morro prominente tiene la función de protección en un ambiente en el que las ramas de árboles y arbustos pueden representar un obstáculo para los ojos. En el caso de la sabana, en cambio, esta característica ya no sería necesaria.

Por otra parte, según Denion y sus colaboradores, la pérdida del hocico podría deberse a un cambio gradual en la dieta: en comparación con otros primates, la del hombre moderno está basada en alimentos que precisan de una masticación inferior y de músculos dedicados a este proceso menos desarrollados que en otros primates.

 Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en Investigación y Ciencia. Más información en Le Scienze.