Aunque a los humanos nos encantan lo juguetones que son los chimpancés y como hacen muecas con sus bocas llenas de dientes, nuestros primos primates tienen la reputación de ser competitivos, rudos y, a veces, agresivos.

Una nueva investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences sugiere que a pesar de ser propensos a la violencia de vez en cuando, muchos chimpancés prefieren cooperar a competir entre ellos. De hecho, el estudio muestra que los chimpancés trabajan juntos con una frecuencia similar a la de los humanos, y que cuando surge violencia entre los simios, a menudo se dirige hacia un individuo que no está colaborando con el equipo.

Trabajando con 11 chimpancés alojados en un gran recinto al aire libre en el Centro de Investigación Nacional de Primates Yerkes de la Universidad Emory, los investigadores diseñaron un experimento para evaluar la cooperación –cuando dos o más chimpancés trabajan juntos para acceder a un premio de comida–. Inicialmente dos chimpancés tenían que trabajar en equipo: mientras uno levantaba una barrera, el otro tiraba de un cebo que consistía en una bandeja con pequeños trozos de fruta. Una vez que se estableció la cooperación entre dos sujetos, se añadió otra barrera, lo que requeriría que un tercer chimpancé colaborara para que los tres pudieran obtener el botín.

Teniendo en cuenta que los monos tenían cerca de 100 horas para obtener su recompensa mientras otros chimpancés observaban, había muchas posibilidades de que surgiera competencia entre ellos. Los autores definen “competencia” como episodios de agresión física, la intimidación a otro chimpancé para que abandone la escena de la recompensa y el robo de los premios obtenidos por otros sin colaborar para conseguirlos.

Aunque el estudio observó solo una muestra pequeña de individuos, los resultados fueron claros. En 94 horas de sesiones de pruebas, los chimpancés cooperaron entre ellos en 3.565 ocasiones, una frecuencia cinco veces superior a la de la competición. Además, los animales utilizaron una variedad de estrategias para castigar comportamientos competitivos como, por ejemplo, elegir colaborar con otros animales mas tolerantes y con espíritu comunitario.

Las agresiones que ocurrieron fueron a menudo para someter a los que eran excesivamente competitivos o para prevenir a los aprovechados, lo que probablemente represente una gran infracción del código de honor de los chimpancés. Los intentos de robo por parte de los que no colaboraban no fueron bien recibidos. De hecho, los investigadores observaron 14 casos en los que un tercer chimpancé –típicamente uno de los más dominantes del grupo– intervino para castigar a los que se aprovechaban. “Que la cooperación humana es única se ha convertido en una premisa popular en la literatura [científica]”, dijo el coautor del estudio, Frans de Waal, un primatólogo de Yerkes, en un comunicado. “El nuestro es el primer estudio que muestra que nuestros parientes más cercanos saben muy bien cómo desalentar la competencia y el gorroneo”.

Muchas otras especies exhiben comportamientos cooperativos –por ejemplo las hormigas tienen un grado de cooperación envidiable que les permite construir metrópolis subterráneas–. Pero, como explica Malini Suchak, uno de los autores principales que trabaja como psicólogo en el Canisius College, lo que su equipo observó en los chimpancés es aún más impresionante. “La cooperación está muy extendida en otras especies, pero la cooperación en las hormigas, por ejemplo, así como en muchas otras especies, se enfoca en los familiares y está básicamente programada de antemano”, dice. “Nuestro estudio muestra que los chimpancés están realmente pensando en la cooperación y toman decisiones activamente para maximizar la cooperación y minimizar la competencia”. Y, añade: “cognitivamente, lo que hicieron en nuestro experimento es más similar a lo que lo hacemos los humanos cuando cooperamos, que a lo hacen las hormigas cuando cooperan”.

Michael Tomasello, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, es un pionero en este área de investigación que no participó en el estudio. En un correo electrónico dijo que, además de considerar una muestra pequeña, este nuevo trabajo tiene otras limitaciones. Los estudios anteriores de Tomasello han mostrado que cuando se les da a elegir entre trabajar juntos para obtener alimentos o trabajar en solitario, los chimpancés prefieren hacerlo solos, un rasgo que los distingue de los seres humanos. Los chimpancés en el estudio de Suchak eran libres de vagar por su recinto en Yerkes y tenían acceso a su habitual dosis de comida para primates, pero es probable que en la naturaleza hubieran elegido alimentarse por sí mismos en vez de cooperar para obtener alimentos, piensa Tomasello.

Aún así, cada vez hay mas evidencia que apoya la idea de que otros primates son más similares a nosotros de lo que se creía. Un estudio de Suchak, de Waal y sus colegas publicado en 2014 mostró como los chimpancés que viven en entornos socialmente ricos y complejos establecen alianzas de forma espontánea con sus compañeros. Y no solo los simios; el mes pasado la revista Scientific American informó sobre una investigación que revela que los monos, como los humanos, se vuelven socialmente más selectivos con la edad, y prefieren pasar más tiempo con sus “amigos” en lugar de con monos desconocidos.

Por desgracia, los grandes simios también pueden compartir algunas de nuestras cualidades menos atractivas: es frecuente que chimpancés salvajes formen alianzas con otros para competir más eficazmente. En su trabajo de campo en Uganda, el antropólogo John Mitani, de la Universidad de Michigan, encontró que cada pocas semanas los machos de una comunidad de chimpancés, se ponían en fila india e iban a explorar los territorios vecinos sigilosamente. Si no eran superados en número, los intrusos lanzaban ataques con la esperanza de ocupar un nuevo territorio.

Chimpancés que colaboran entre ellos, monos viejos y gruñones, y conflictos de grupo –cada vez está más claro que nuestros parientes simios son un reflejo nuestro–. Estos nuevos hallazgos implican que los orígenes de nuestros comportamientos de cooperación –esos que están arraigados en sentidos desarrollados de tolerancia y confianza y que, a veces, llevan a la violencia coordinada para obtener recompensas– tienen un pasado más remoto de lo que se pensaba, dice Suchak. “En el pasado, los chimpancés fueron caracterizados como demasiado agresivos y competitivos, lo que llevó a pensar que el comportamiento cooperativo de los humanos evolucionó hace relativamente poco y es de alguna manera diferente a la cooperación observado en otras especies”, dice. “Nuestros hallazgos son un recordatorio de que, después de todo, los seres humanos también somos animales”.