Cuando Rylea Taylor sacó a su hijo Jaxon del auto familiar, luego de tener un accidente el pasado15 de septiembre, supo al instante que su cuello estaba roto, una lesión que por lo general deja a las víctimas paralizadas o muertas. La fuerza de la colisión frontal a 70 millas por hora había fracturado las dos vértebras superiores de Jaxon y desgarrado los ligamentos que las estabilizan. Sus vértebras superiores y el cráneo estaban completamente separados del resto de su columna vertebral. La propia médula espinal se había doblado en un ángulo de 45 grados y era peligrosamente vulnerable a nuevos movimientos que podrían amputar nervios críticos.

Aún así, tan solo tres semanas más tarde, el niño de 16 meses de edad, estaba dando pasos tambaleantes, como es común en los niños pequeños, sin nada más que el apoyo de su manita regordeta agarrando un dedo de su madre.

¿Cómo logró Jaxon recuperarse tan dramáticamente? Tuvo la suerte de sobrevivir y haber estado bajo el cuidado de Geoffrey Askin, un experimentado cirujano de la espina dorsal en el Hospital de Niños Virgen del Cilento, en Brisbane, y a quien se le conoce como el padrino de la cirugía lumbar de Australia. El cirujano de voz suave y un equipo de más de 20 médicos, enfermeras y especialistas de apoyo planearon una operación de seis horas para colocar el cráneo de Jaxon de regreso sobre su columna vertebral.

Despegado

Con el nombre desagradable de decapitación interna, este tipo de lesiones con frecuencia mata al cortar la columna vertebral, con lo que impide que las señales que envía el cerebro a los pulmones para que respiren, lleguen a su destino.

El pronóstico para lo que médicamente se denomina como dislocación C1-C2 es grave: un estudio de 2010 acerca de las dislocaciones del cuello superior encontró que 68% de las víctimas mueren antes de que la lesión pueda siquiera ser diagnosticada, a menudo en el lugar del accidente; otro 22% muere en el hospital. Incluso si los pacientes son resucitados y llevados al hospital a tiempo, pueden quedar tan severamente paralizados que son permanentemente incapaces de respirar por su cuenta. Las dislocaciones del cuello superior se producen con mayor frecuencia en los niños pequeños, cuyas cabezas, relativamente pesadas, no están bien estabilizadas por sus ligamentos extra flexibles. Los accidentes de tráfico a alta velocidad causan el 80% de estas lesiones, dice Askin, a menudo cuando el cuerpo del niño está sujetado firmemente a su asiento del auto y su cabeza se impulsa hacia delante.

El trabajo del médico es aún más complicado porque incluso hacer una evaluación completa de los daños puede ser problemático. Las radiografías comunes tienen limitaciones para revelar toda la extensión de la lesión, porque el escáner se queda quieto y el paciente debe ser movido para examinar diversos ángulos, algo que no ideal para un paciente con una lesión en la columna, que debe estar lo más quieto posible.

Para superar las limitaciones de las radiografías tradicionales, los médicos recurren a la tomografía computarizada (TC). En el Hospital del Distrito de Moree, cerca del lugar del accidente, Jaxon fue colocado en una plataforma dentro de un escáner de tomografía computarizada, donde un haz de rayos X podía girar a su alrededor. Las imágenes 3D resultantes revelaron el espantoso grado de su lesión. "Eran bastante alarmantes", dice Askin, que recibió las imágenes mientras Jaxon estaba siendo trasladado por aire al Hospital de Virgen del Cilento. "Pensé, no puede estar moviéndose o respirando, debe haber sido resucitado". Sin embargo, se sorprendió al enterarse de que Jaxon aún respiraba por sí mismo, lo que significaba, increíblemente, que los nervios de la médula espinal habían permanecido intactos.

Cuando llegó al hospital, los médicos también utilizaron una máquina de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) para investigar más a fondo la lesión. Las ondas de radio y poderosos imanes del MRI detallaron un cuadro de inflamación y daño en los ligamentos, lo que confirmó que la médula espinal del Jaxon estaba intacta. Mientras Jaxon pasaba la noche en cuidados intensivos, el personal se agrupaba para la cirugía al día siguiente. Incluso construyeron aparatos en el sitio, incluyendo un halo cervical a la medida para mantener la cabeza y el cuello de Jaxon en la posición correcta, tanto durante la cirugía como para después de esta.

Askin, que realiza habitualmente operaciones que duran más de seis horas, compara los preparativos con los de una operación militar. "Tienes que tener un plan B en el plan preoperatorio, tienes que tener todos los escenarios previstos", dice. Porque, a pesar de las increíblemente detalladas imágenes proporcionadas por modernas máquinas de tomografía computarizada y MRI, no se sabe la verdadera magnitud de los daños hasta que el cuerpo de un paciente es abierto en el quirófano.

Tornillos, alambres y los injertos óseos

La cirugía de Jaxon se inició atornillando el halo cervical hecho a la medida a su cráneo, con ocho tornillos. Aunque esta es la férula más rígida disponible, el halo es lo suficientemente ligero como para ser tolerado, incluso, por un niño quisquilloso. Nombrado así por el aro de aluminio que rodea la cabeza del paciente, el halo está anclado a un chaleco que usa el paciente sobre su cuerpo, de modo que el cuello no pueda girar o doblar en cualquier dirección. Pero antes que nada, el cuello roto debe ser alineado de forma correcta.

Guiado por imágenes de rayos X en tiempo real, Askin maniobró la cabeza de Jaxon hasta que las vértebras agrietadas y la médula espinal dentro de ellas estuviesen en la posición correcta. Es un tratamiento lleno de riesgos: la zona es extremadamente inestable y a menudo contiene fragmentos afilados de hueso roto. Un solo movimiento en falso y los nervios críticos pueden dañarse irreparablemente, dejando al paciente con parálisis parcial o total. "Es un procedimiento que produce mucha adrenalina”, dice Askin. “No sabes si la médula espinal sigue trabajando hasta que el paciente se despierta al día siguiente".

Solo los cirujanos más experimentados, que han perfeccionado su oficio durante años atendiendo lesiones menos precarias, realizan estas operaciones. Los residentes de Askin, médicos jóvenes que se entrenan para especializarse como cirujanos de la espina dorsal, llegan a la sala de operaciones para observar al veterano con 25 años de experiencia en la tan delicada operación. Askin opera tan solo una o dos dislocaciones C1-C2 cada año.

Eso no es porque la lesión sea rara, sino porque es tan mortal que las víctimas tienen más probabilidades de morir en la carretera que llegar a la sala de emergencias, por no hablar de la sala de operaciones. Aún así, en las últimas décadas, avances en todas las áreas del cuidado médico —desde que los servicios de emergencia llegan al sitio, hasta el momento en que el paciente es llevado a su habitación de recuperación en una silla de ruedas— han aumentado tanto las posibilidades de supervivencia que Askin está ahora contribuyendo al diseño de un manual de prácticas de cuidado estandarizadas para niños con lesiones similares. "Los anestésicos son mucho más seguros, los instrumentos para exponer la columna vertebral o para pasar cables son más sofisticados y las imágenes preoperatorias con tomografías computarizadas proporcionan mucha más información, incluso antes de hacer una incisión", dice Askin. Las tomografías computarizadas se pueden utilizar incluso para hacer un modelo 3D en silicón del lugar de la lesión, que ayude a la planificación de la operación.

Aún así, las mejoras en las herramientas no bastaban en el caso de Jaxon. Una vez que la columna vertebral fue alineada correctamente y Askin había hecho una incisión de 10 centímetros de largo para exponer las fracturas, el equipo encontró que hasta los tornillos quirúrgicos más pequeños eran demasiado grandes para las minúsculas vértebras de Jaxon. Usando un microscopio, Askin recurrió a un método ya retirado: el uso de un alambre para unir los huesos fracturados, una técnica que él describe como "primitiva".

Con el peso de la cabeza de Jaxon, el uso de alambres no bastaba para mantener la vértebra superior C1 en su posición correcta sobre el resto de las vértebras. En una columna vertebral sana, una red de ligamentos mantiene a las vértebras correctamente apiladas, pero una vez rotos o estirados, los ligamentos nunca recuperan su antigua fuerza. En su lugar, Askin terminó la cirugía injertando en la articulación un fragmento de hueso de 7,6 centímetros, proveniente de una de las costillas de Jaxon.

El hueso de la costilla, colocado contra la parte de atrás de las vértebrsa, con un extremo sobre el otro para formar un puente sobre las articulaciones de en medio, continuará creciendo hacia las dos vértebras y, finalmente, las fusionará. No serán capaces de moverse independientemente una de otra, pero el cuello de los niños suele ser tan flexible que otras articulaciones vertebrales de Jaxon compensarán esto, y con el uso continuo mantendrá los ligamentos flexibles. También, su costilla volverá a crecer.

Del hospital al hogar

Apenas tres semanas después del devastador accidente, Jaxon pudo abandonar no solo el hospital, sino que pudo incluso dejar Brisbane para ir a su casa en el pequeño pueblo de Moranbah. El pequeño hospital de 12 camas de su ciudad natal enviará regularmente radiografías a Askin para verificar que la columna vertebral de Jaxon se mantiene en la posición correcta mientras lleva el halo cervical durante tres meses. Después de eso, Jaxon no debería necesitar fisioterapia o tratamiento adicional. Aparte de no poder jugar rugby o participar en otras actividades que podrían causar lesiones similares al latigazo cervical, debería ser capaz de vivir una vida normal.

Nadie sabe por qué la médula espinal de Jaxon se dobló en lugar de desgarrarse. Askin dice que este es el peor caso de lesión de C1-C2 que ha visto, y tiene problemas para imaginar la separación de las vértebras en la escena del accidente, que fue, sin duda, peor que la lesión que se encontró cuando Jaxon llegó al hospital, antes de que los socorristas de emergencia inmovilizaran el cuello del niño. "¿Cómo la médula espinal logró sobrevivir es verdaderamente un milagro", dice. "Él es muy, muy afortunado".