Los niños que crecen en hogares pobres se encuentran en clara desventaja. La pobreza estresa a toda la familia y afecta al desarrollo del cerebro del bebé que, incluso en edades tan tiernas como los dos años, provoca problemas de conducta como enfados excesivos al ser separados de sus padres, o no ser capaces de prestar atención o comportarse “educadamente” (como estar sentado en una silla mientras come). Igual que una bola de nieve cuesta abajo, este tipo de conductas se van agravando y complicando con el tiempo: problemas de conducta a edades tempranas están relacionados con problemas clínicos como TDAH (trastorno por déficit de atención e hipeactividad), que al alcanzar la edad adulta se puede traducir en comportamiento impulsivo, hasta criminal en algunos casos.

Sin embargo, las interacciones positivas entre padres y hijos, como leer en voz alta, hablarle o cantarle a los niños, permite reforzar el vínculo entre ambos y promover que los pequeños desarrollen un mejor comportamiento, según revela un estudio publicado recientemente en la revista Pediatrics, donde, tras la intervención,  se observó una reducción del 50% de la hiperactividad niños provenientes de familias consideradas de riesgo.  

Pero, ¿cómo enseñarle a los padres a desarrollar estas prácticas positivas? Aprovechando las visitas rutinarias de los niños al médico, los científicos Adriana Weisleder, investigadora costarricense de la División de Desarrollo del Comportamiento Pediátrico del Departamento de Pediatría y  Alan Mendelsohn, director del proyecto y profesor asociado de Pediatría y Salud Pública, ambos del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, desarrollaron un estudio en el que promueven actitudes positivas de los padres con los hijos mediante la técnica del Vídeo Interaction Project.

En el Video Interaction Project, tras el chequeo médico, las familias visitan a un facilitador que graba un vídeo mientras padres y niños juegan con libros y juguetes, para luego charlar sobre las experiencias positivas que esto implica para el niño. “La interacción en persona con el intervencionista y la posibilidad de ver luego el vídeo en casa con la familia es lo que marca la diferencia”, dice Weisleder.

El equipo de Mendelsohn y Weisleder ya ha publicado otros estudios usando la misma técnica, en los que demuestran que resulta eficaz  para reducir el estrés en madres con depresión, y disminuir los niveles de agresión física por parte de los progenitores.

El más reciente estudio se llevó acabo en el Hospital Bellevue de Nueva York, que se encuentra en un barrio en el que habitan mayoritariamente inmigrantes recién llegados a la ciudad.. Debido a las características del barrio, casi un 85% de dúos madre-hijo que formaron parte del estudio son inmigrantes recientes de origen latino, que por esta y otras circunstancias, se pueden considerar familias de riesgo.

Scientific American conversó con Weisleder y Mendelsohn, líderes del estudio en su despacho de la cuarta planta de dicho hospital. A continuación un extracto de la entrevista:

SA: ¿Cómo afecta la pobreza al desarrollo del cerebro de los niños?

AW: Es un factor de estrés en el desarrollo y el cerebro de los niños. Estudios sobre el desarrollo cerebral en niños en condiciones de pobreza con respecto a niños sin este factor muestran que hay grandes diferencias en sus cerebros desde una edad muy temprana, que se ampliarán a medida que crecen. Por ejemplo, a los cuatro años los niños pobres han escuchado 30 millones de palabras distintas menos que sus pares no pobres.

AM: Y es para esto que hemos hecho este estudio. Los niños pobres van por detrás del resto en todo, cualquier cosa que se pueda medir. La brecha en el lenguaje que comenta Adriana se hace cada vez mayor a medida que pasa el tiempo, y para cuando empiezan el colegio, están por detrás en todos los dominios del desarrollo: resolución de problemas, lenguaje, en la habilidad de comportarse y controlarse. Las habilidades de controlarse y comportarse son las bases para que luego, al ir a la escuela, sean capaces de atender en clase y aprender. Cuando llegan a  cuarto grado, la proporción de niños pobres que no leen al nivel que les toca es del 40%, y en cambio en el resto de niños es del 20%.

SA: ¿Cómo afecta a los bebés que sus padres sean inmigrantes?

AM: La mayor parte de las familias a las que tratamos en el hospital, no solo sabemos que son inmigrantes y pobres, si no que también son familias en riesgo: inmigrantes recientes con, por lo general, niveles de educación muy bajos, aislamiento social, etcétera. Esta situación por sí sola ya es estresante, así que si se añade un bebé, es una situación de mucho estrés para las familias. Lo que hemos encontrado es que al ayudar a los progenitores a involucrarse en este tipo de actividades, como leer en voz alta o jugar con su hijo, reduce el estrés que supone tener un hijo.

Cuando uno piensa en las cuestiones de cómo cambiar las perspectivas vitales de un niño, la mejor estrategia es hacerlo tan pronto como sea posible, mientras el cerebro se está desarrollando. Así que tenemos una oportunidad única, ya que es durante los primeros años de vida que el cerebro se desarrolla socioemocionalmente, y podemos prevenir problemas de comportamiento, como la falta de atención o no comportarse correctamente, que luego se suelen traducir en problemas de aprendizaje como el TDAH.

AW: Como comenta Alan, los padres están afectados por el estrés. Una de las cosas más importante que sabemos por muchos estudios es que los padres son un amortiguador de los efectos del estrés en el cerebro de sus hijos. Así que a pesar de que hayan múltiples factores de estrés, crecer en una familia atenta y que les cuida y protege es uno de los principales factores para la protección del cerebro del bebé.

Q: ¿Específicamente, qué tipos de trastornos o comportamientos negativos intentan prevenir?

AW: Algunos de los comportamientos en los que nuestro programa tiene un efecto son la hiperactividad y la agresión, que forman lo que se conoce como problemas de comportamiento externo. Este tipo de conductas y problemas ya hace mucho tiempo que se han relacionado con problemas clínicos como TDAH, o incluso a comportamientos criminales más adelante en la vida del niño. De una manera más amplia, el objetivo de nuestro estudio es prevenir problemas de aprendizaje a través de [la prevención de] problemas de comportamiento.

SA: A nivel de familia, ¿qué se puede hacer para desarrollar relaciones positivas con los hijos?

AW: El programa se centra en encontrar los puntos fuertes de los padres, en subrayar el rol tan importante que tienen para su hijo y cómo la criatura disfruta leyendo, jugando y hablando con ellos. Así, [los padres] al ver la importancia que tienen, acaban interactuando más. De hecho, esperamos que este comportamiento de hablar, cantar e interactuar con los niños sea un comportamiento que se extienda por la comunidad, y que a la larga todas las familias que ahora consideramos en riesgo vean que los otros lo hacen y ellos también acaben haciéndolo, es algo que se conoce como cambio normativo.

 

-Berta Carreño