Tras analizar con más detalle la imagen de la joven estrella HL Tauri  obtenida hace unos meses por el consorcio del Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama (ALMA), un grupo de astrofísicos ha descubierto que los espacios "vacíos" entre los discos concéntricos de polvo y gas corresponden a planetas en proceso de formación alrededor del astro.

La famosa imagen fue tomada en octubre de 2014 y mostró detalles inesperados en el disco protoplanetario alrededor de la estrella. Con todo, su publicación animó un acalorado debate en la comunidad científica. Algunos expertos especularon que los anillos concéntricos más oscuros correspondían a planetas en una etapa temprana de su formación, pero otros astrónomos se mostraron escépticos acerca de esta hipótesis. Según estos, los espacios vacíos no pueden albergar planetas porque se hallan demasiado cerca entre ellos, por lo que estos cuerpos serían expulsados del sistema por interacción gravitatoria con el material del disco estelar.

En un artículo de próxima publicación en la revista The Astrophysical Journal, Daniel Tamayo, de la Universidad de Toronto, y sus colaboradores apoyan la teoría de la formación planetaria y afirman que los espacios vacíos se mantienen separados por la llamada configuración de resonancia. Gracias a simulaciones por computadora, estos investigadores han demostrado que cada planeta presenta un período orbital específico que los mantiene a una distancia de seguridad, tal como ocurre, desde hace miles de millones de años, con Plutón y Neptuno, que han evitado colisiones pese a que sus órbitas se crucen entre ellas.

HL Tauri tiene menos de un millón de años de edad, un radio de 17.900 millones de kilómetros y se encuentra a unos 450 años luz de la Tierra en la constelación de Tauro. Ya en 2014 los investigadores hallaron que su disco estaba más desarrollado de lo que se esperaría por la edad del sistema, de modo que la imagen de ALMA sugirió que el proceso de formación planetaria fuese más rápido que lo predicho por los modelos. Además, el sistema se halla envuelto por una densa nube de gas y polvo, por lo que no puede ser observado con telescopios ópticos. ALMA permite solventar esta problemática gracias a un conjunto de antenas, ubicadas a una distancia de 15 kilómetros entre ellas, que logran detectar su emisión electromagnética en la banda radio y milimétrica. El resultado es una imagen de alta resolución sin precedentes que podría revolucionar el estudio de la formación planetaria.

De momento, según Tamayo, HL Tauri se mantendrá relativamente estable pero, en unos miles de millones de años, se convertirá en una especie de "bomba de relojería": algunos planetas serán expulsados del disco de manera violenta, lo que dejará a otros en órbitas elípticas similares a las que se observan alrededor de estrellas más antiguas. No obstante, nuestro sistema solar no parece haber padecido un evento como este y futuras observaciones con ALMA podrían permitir establecer si nuestro hogar es único en el universo. "Si estas mostraran que las condiciones iniciales típicas alrededor de otras estrellas son parecidas a las de HL Tauri, nos revelarían que el sistema solar es un lugar especial" asegura Tamayo.

Una versión gratuita del artículo, de próxima publicación en la revista The Astrophysical Journal, está disponible en el repositorio arXiv

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en  Investigación y Ciencia.