Arqueólogos han descubierto varias ciudades medievales, enterradas bajo el suelo de los bosques en Camboya: se dice que la más grande rivaliza en tamaño con la capital moderna de Camboya, Phnom Penh. Es un descubrimiento monumental, basado en dos importantes estudios arqueológicos de la zona alrededor de Siem Reap, no muy lejos del famoso complejo de templos de Angkor Wat en las zonas centrales de la antigua cultura Jemer.

En el pasado, un arqueólogo se habría pasado toda su carrera andando a través de la selva, machete en mano, con el fin de mapear estas ruinas. Pero gracias al inteligente uso de la tecnología de escaneo láser aerotransportado, el proyecto entero tomó tan solo tres años. Tal es el increíble poder de Lidar –abreviatura en inglés de "detección y oscilación de luz"– una innovación que está causando una gran entusiasmo en el mundo arqueológico.

De 2012 a 2015, el arqueólogo Damian Evans y su equipo utilizaron la tecnología Lidar, montados en helicópteros, para mapear unos 2,230km² con una precisión de +/- 150 mm. Con 16 puntos de datos por cada metro cuadrado, los investigadores no solo fueron capaces de identificar con un detalle exquisito las monumentales estructuras de piedra ya conocidas, sino que también descubrieron las masivas civilizaciones urbanas que rodeaban estos templos, identificables por los restos de movimientos de tierras, como montículos, canales, caminos y canteras.

Lidar fue desarrollado por primera vez en la década de 1970 para ayudar en la exploración espacial; inicialmente se utilizó en la misión Apolo 15 para mapear la superficie de la Luna. Como su nombre indica, la tecnología utiliza láseres para medir la distancia. Si está vinculado a un GPS de alta precisión y montado sobre una plataforma aérea, como un avión o helicóptero, puede producir una nube de puntos tridimensional de la superficie debajo suyo.

Esta tecnología es muy emocionante para los arqueólogos. No solo puede mapear rápidamente enormes áreas de paisajes antiguos, sino que los láseres son realmente capaces de "ver a través" de la vegetación mediante múltiples escaneos y registrando una serie de reflexiones a partir de un solo pulso. Eligiendo cuidadosamente el momento correcto del año, cuando la cobertura de las hojas se ha reducido, es posible documentar el paisaje en ambientes tropicales –una gesta en la que los arqueólogos basados en tierra siempre han tenido gran dificultad, debido a la densa cobertura vegetal y con frecuencia a una mala recepción de GPS–.

Una imagen diferente

Con estos resultados, está emergiendo una visión de la cultura Jemer completamente nueva, que cuestiona lo que sabemos acerca de un gran número de otras civilizaciones antiguas.

Hasta ahora, las grandes civilizaciones tropicales del mundo se han mantenido como algunas de las más enigmáticas. A pesar de que han producido grandes monumentos de piedra, los arqueólogos aún tienen muchas preguntas sin respuesta acerca de cómo operaban, donde vivían sus poblaciones y lo grandes que eran.

Esto se aplica no solo a la Jemer de Camboya, sino a civilizaciones a lo largo del sureste asiático; desde Srivijaya en Sumatra, hasta Borobudur en Java. Del mismo modo, en África, sabemos muy poco acerca de los grandes reinos de Congo o Benín, que en gran medida aún están cubiertos por el bosque.

Lidar bien podría ayudarnos a encontrar respuestas a algunas de estas preguntas. Lidar ya empieza a enriquecer nuestra comprensión de la civilización Maya, especialmente los extensos sistemas de campos, que se utilizaron para mantener las grandes ciudades. En Honduras, se ha encontrado un gran número de sitios antiguos que pertenecen a una cultura en gran parte desconocida. En la Amazonia, gracias a la teledetección están comenzando a emerger asentamientos y campos de debajo del dosel del bosque lluvioso.

Estos resultados son algo más que bonitas imágenes de sitios antiguos. Tienen el potencial de desafiar nuestra comprensión sobre el colapso de antiguas civilizaciones. Por ejemplo, muestran que muchas áreas que antes se pensaba que eran selva, de hecho habían sido despejadas, y sostenían poblaciones significativas. También muestran que muchos de los grandes centros ceremoniales que han sido devorados por la vegetación, estuvieron una vez rodeados de grandes ciudades, con una población de cientos de miles –o incluso millones– de personas.

En los ecosistemas a menudo frágiles, que dependen de un clima estable, ahora es mucho más fácil ver cómo los cambios ambientales podrían haber contribuido al colapso de estas antiguas civilizaciones. Como resultado, muchas ideas sobre el colapso de las sociedades antiguas, como las promovidas por Jared Diamond –quien enfatiza factores sociales, políticos y económicos– pueden requerir una reflexión significativa.

¿A qué costo?

Hay, por supuesto, varios problemas con esta tecnología. Uno es el costo: el mapeo de Camboya fue generosamente financiada por el Consejo Europeo de Investigación, pero el acceso a tanto el equipo como a los aviones estaría limitado para la mayoría de arqueólogos. Algunos de los paisajes pueden ser demasiado remotos como para llegar en avioneta o helicóptero, o las autoridades locales podrían prohibir dichos vuelos.

Colocar la tecnología de Lidar en drones puede resolver este problema en el futuro, pero por el momento solo ha habido unos pocos ejemplos de su uso en zonas tropicales. Dada la escala de algunos de estos sitios, y la altura mínima requerida (unos 800 metros) el avión seguirá siendo el método preferido por ahora.

También existe el problema de la verificación en el terreno. Si bien estas imágenes Lidar son asombrosas, requieren de una cuidadosa interpretación y validación. Algunas pueden mostrar rasgos antiguos, pero otras pueden ser bastante modernas en su origen. Por lo que el arqueólogo con su machete puede que no sea totalmente redundante –de hecho, con el uso de esta nueva tecnología, pueden ser incluso más importantes que antes–.

Mark Horton  es profesor de arqueología en la Universidad de Bristol. Él no trabaja, consulta, posee acciones ni recibe financiación de cualquier empresa u organización que se pueda beneficiar de este artículo, y ha declarado que no tiene relaciones relevantes más allá del puesto académico mencionado.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el artículo original.