Cuando suene el disparo de salida en la pista olímpica de atletismo en Río de Janeiro, no hay duda de quién va a estar a la cabeza. En la carrera de 1.500 metros masculina, Asbel Kiprop estará en la delantera. Almaz Ayana va a fugarse en la carrera de 5.000 metros femeninos, y puede que también tome la delantera en la de 10.000 metros. En la maratón, será Hela Kiprop quien dará un empujón a las mujeres, y habrá que estar atentos a Eliud Kipchoge en la masculina. David Rudisha es probable que mantenga su título y tal vez rompa su propio récord mundial en la carrera masculina de 800 metros.

En otras palabras, la mayoría de estas carreras estará dominada por corredores de, o con raíces en, África oriental, principalmente, Kenia y Etiopía; aunque algunos eritreos y algún ugandés tal vez logren destacarse. Mo Farah, actualmente uno de los mejor posicionados para ganar los 10.000 metros, nació en Somalia y se crió en el Reino Unido, y ahora entrena en EE.UU. Bernard Lagat, que acaba de ganar la calificación para correr los 5.000 representando a Estados Unidos (a los 41 años) es un keniano-americano.

Los corredores de África oriental han sido dominantes en las dos décadas desde que los kenianos comenzaron a ganar a mediados de la década de 1990, seguidos por los etíopes poco después. Esto ha llevado a un gran examen de conciencia por parte de los naciones que antiguamente dominaban las grandes distancias, como EE.UU. y Reino Unido. Sin embargo, las razones para este nuevo dominio siguen siendo debatidas acaloradamente, y la ciencia ha tenido pocas cosas concluyentes que decir al respecto.

La teoría reinante en Occidente es que los corredores del este de África tienen ventajas evolutivas sobre los corredores de otros orígenes. Debido a que muchos de los atletas de élite provienen de la etnia Oromo en Etiopía y las tribus Kalenjin en Kenia, se supone que estos grupos deben tener adaptaciones o circunstancias ambientales que los hacen más rápidos. Tal vez sea por que sus padres y abuelos eran pastores que corrían tras el ganado. Tal vez sus antepasados eran cazadores perseverantes que perseguían a los animales para cansarlos y convertirlos en presa fácil. Quizás sea porque sus piernas son más delgadas y largas, o porque tienen gran capacidad pulmonar ya que viven en altitudes relativamente altas. En búsqueda de respuestas, los investigadores han recolectado ADN por toda la región. Yannis Pitsiladis, un fisiólogo deportivo y genetista de la Universidad de Brighton en Inglaterra, dijo recientemente a The New York Times: "Sabemos que los genes son importantes. Simplemente no sabemos cuáles genes son".

Garrett Ash, un fisiólogo del deporte en la Escuela de Enfermería de Yale, que estudió a los corredores etíopes junto a Pitsiladis, está de acuerdo. "Con base a mi trabajo, y mi lectura de la literatura, no puedo decir que tengan ventaja ancestral genética alguna por el hecho de haber nacido en Etiopía. El país tiene una ascendencia muy heterogénea. Dicho esto, uno tiene que escoger sus padres y abuelos con cuidado. Hay ciertas variantes genéticas que se requieren para competir en esos niveles de élite. A menudo se debe a una interacción entre los genes y el ambiente. Pero hay mucho trabajo por hacer para conocer cuáles genes son en realidad", dice.

Otro factor que ha sido mayormente pasado por alto es el de las "culturas del correr" que se han desarrollado en lugares específicos dentro de Etiopía y Kenia. Una de estas, en la ciudad etíope de Bekoji, fue retratada en un documental de 2012 llamado Town of Runners (Ciudad de Corredores). Bekoji es un pobre pueblo de montaña con cerca de 16.000 habitantes a unas horas de la capital, Addis Abeba. En los últimos años ha producido corredores que ganaron 10 oros olímpicos, 15 récords mundiales y 34 medallas de oro en los campeonatos mundiales, de acuerdo con el corredor y escritor británico Declan Murray, cuyo libro sobre Bekoji será publicado en 2017.

Esta es una tasa de éxito fenomenal, teniendo en cuenta que hay un sinnúmero de poblaciones en la región con orígenes étnicos, composición genética,  situación económica y ambiental similares, pero que no han producido ni un solo corredor de élite. Entonces, ¿qué hace que Bekoji sea Bekoji?

El motor tras el éxito de la ciudad es un entrenador llamado Sentayehu Eshetu, que lleva alimentando al talento local durante más de 30 años. Una de sus primeras estrellas fue Derartu Tulu, que se llevó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona. Desde entonces, Sentayehu ha atraído a muchos corredores a su programa. Cada día a las 6 a.m. las colinas que rodean Bekoji se llenan de cientos de jóvenes atletas que viven allí y entrenan y sueñan con ser el próximo Tirunesh Dibaba o Kenenisa Bekele (ambos de Bekoji). Corredores entrenados por Sentayehu se llevaron a casa cinco medallas olímpicas en Atenas en 2004, cuatro en Pekín en 2008 y cuatro más de Londres en 2012.

Al igual que en muchos países, la cultura del atletismo en Etiopía comenzó con un pionero notable, cuyo éxito temprano aparentemente inspiró a una cosecha de jóvenes que querían seguir sus pasos. En Etiopía, ese fue Adebe Bikila, que ganó la maratón olímpica de 1960 con los pies descalzos y sigue siendo un héroe popular hoy en día. Más recientemente, el éxito de Haile Gebrselassie en la década de 1990 originó un auge del atletismo en su ciudad natal, Asella. Pero desde entonces, el centro de ese auge se ha trasladado a Bekoji. "Cuando preguntas a la gente por qué se involucraron en el atletismo, dicen que es porque ven a estas personas en la televisión o escuchan sobre ellas en la radio", dice Malcolm Anderson, agente de atletismo y fundador de Moyo Sports, una agencia que representa a corredores de Kenia, Etiopía y el Reino Unido "Eso es lo que mis atletas me dicen. Hay muchos factores que explican por que los corredores llegan al nivel que lo hacen, pero uno de ellos es el de los ejemplos a seguir, y Bekoji es un lugar donde eso es evidente. "

"Asella y Bekoji han sido históricamente los ejemplos más extremos" de tales semilleros de atletas, dice Richard Nerurkar, un excorredor de maratón de élite y el organizador de la Gran Carrera de Etiopía. Dice que hay otros lugares donde se puede ver un fenómeno similar, y donde los corredores no proceden de la etnia Oromo. “Gebregziabher Gebremariam (el campeón mundial de campo traviesa en 2009) es de Tigray, la provincia más al norte de Etiopía, y en los últimos cinco años hemos visto a más atletas de clase mundial emerger de esa provincia, incluyendo a Hagos Gebrhiwet y Atsedu Tsegay. Creemos que es probable que (esta tendencia) continúe en los próximos años”.

Estos manantiales locales de talento se vierten en una corriente más grande formada por más de 100 clubes de atletismo registrados oficialmente, algunos de ellos con más de 500 atletas, y un número similar de clubes menos formales en las zonas rurales del país.

La cultura del atletismo de Kenia fue liderada por el famoso Kipchoge "Kip" Keino, quien ganó la carrera de 1.500 metros en la Ciudad de México en 1968. Hoy en día esa cultura se caracteriza por campos de entrenamiento para grupos – muchos situados en y alrededor de la pequeña ciudad de Iten, donde profesores extranjeros llegaron a trabajar a la Escuela Secundaria de San Patricio en 1976. Entre ellos estaba Peter Foster, cuyo hermano ganó la medalla de bronce en la carrera de 10.000 metros en los juegos Olímpicos de ese año, y Colm O'Connell, un joven profesor de geografía que heredó el programa de atletismo de Foster en la década de 1970. Pronto sus corredores empezaron a ganar, y ha entrenado a atletas que incluyen al ganador de la medalla de oro de los 1.500 metros en las olimpiadas de 1988, Peter Rono, y a David Rudisha, que se hizo con el oro olímpico en los 800 metros en el 2012 (y quien posee del récord mundial).

Culturalmente, Iten funciona de una forma similar a Bekoji: ambos atraen a una enorme reserva de talento, y fomentan una cultura de competencia feroz y de entrenamiento muy enfocado. Cada día, corredores jóvenes hambrientos de éxito llegan a Iten desde diferentes partes de la región. Si son rápidos y tienen suerte serán admitidos en un campo de entrenamiento. Si tienen aún más suerte, serán firmados por un agente que se ocupará de su entrenamiento y carreras en el extranjero. Y casi todos verán a algunos de sus compañeros atletas subir a la cima del escalafón mundial. "He perdido la cuenta del número de atletas que responde a mi pregunta, ‘¿Por qué empezar a correr?’ Diciéndome que escucharon en la radio que Haile Gebrselassie había ganado una carrera y ‘simplemente’ decidieron empezar a correr, dice Michael Crawley, un estudiante de doctorado de la Universidad de Edimburgo donde analiza la relación entre el atletismo de larga distancia y el desarrollo económico de Etiopía. Pero más importantes que los corredores famosos procedentes de Etiopía o Kenia son los corredores que uno conoce personalmente. Como un entrenador explicó a Crawley una vez, para tener éxito, un corredor necesita una "persona imaginaria" o una "persona ejemplar" que le ofrezca esperanza.

Conocer personalmente a alguien que consigue algo es siempre más efectivo que saber de alguien que lo hace. Esto es probablemente un factor significativo que explica el elevado número de corredores de élite en Bekoji y Iten. Aunque en un contexto muy diferente, este es el mismo fenómeno identificado por los sociólogos Catalina Riegle-Crumb y Chelsea Moore de la Universidad de Texas, en Austin, en un estudio de 2014 con 20.000 estudiantes de secundaria en EE.UU., que investigaba la brecha de género entre los estudiantes de física. Encontraron que "cuando el porcentaje de mujeres empleadas en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) incrementa, el número de niñas que estudian física en comparación con los niños también aumenta. Dicho de otra manera, las escuelas en las comunidades con un mayor porcentaje de mujeres trabajando en esos campos, tienen mas presencia femenina en las tasas que miden el número de personas que estudian física".

Aprender de un modelo a seguir es una forma de "aprendizaje social" (o en casos en los que hay proximidad física, "aprendizaje por observación") dice el antropólogo Joe Henrich de la Universidad de Harvard, y autor de The Secret to Our Success (El secreto de nuestro éxito). Henrich es uno de los co-autores de la teoría del "nicho cultural" de la evolución (junto con Robert Boyd y Peter Richerson), que sostiene que el aprendizaje social es la fuerza más poderosa en la evolución humana. Permite que el conocimiento técnico se acumule durante generaciones sin necesidad de volver a aprender de nuevo. Las personas que acumulan este conocimiento son merecedoras de un status conocido como "prestigio", que es desconocido en otras especies (donde "dominio", es la única forma de status). Buscamos aprender de los que tienen prestigio.

Los conocimientos sobre el entrenamiento atlético se han acumulado durante varias generaciones en las tierras altas de Kenia. A mediados del siglo XX, miembros de las tribus Kalenjin abrazaron los métodos de atletismo británicos, pero otras tribus no lo hicieron, dicen John Bale y Joe Sang en Kenyan Running: Movement Culture, Geography and Global Change. Por ejemplo, cuando era un niño, Kip Keino se montó una accidentada pista de atletismo y "mantuvo registros cuantitativos de su progreso desde la edad de 15 años, cuando su mejor tiempo para la milla fue de cinco minutos y 49 segundos." Siete años más tarde hizo su primera aparición internacional en los Juegos de la Commonwealth de 1962 en Australia. Cuatro años después ganó los 1.500 metros en los Juegos Olímpicos de 1968 y se llevó la plata en los 5.000 metros.

Puede ser que ser miembro de una tribu Kalenjin implique una cierta ventaja genética. Pero el hecho de que la mayoría de los grandes corredores de Kenia son de una de las tribus de Kalenjin puede tener una explicación cultural, de acuerdo con Benoit Gaudin del Departamento de Ciencias del Deporte de la Universidad de Addis Abeba. Uno de sus proyectos de investigación consiste en entrevistar a corredores de élite que no proceden de Kalenjin y preguntarles cómo lo consiguieron. Le dijeron que si uno no es de Kalenjin, es mucho mas difícil encontrar de alojamiento o unirse a un campo de entrenamiento.

Los que tienen éxito lo hacen tras convertirse en Kalenjin. "A través de aprender el idioma o casarse con una chica Kalenjin, o lograr un apoyo de alto perfil dentro de la comunidad de corredores y así alguien les está ayudando. De lo contrario es muy difícil, porque tienen un lenguaje específico, incluso dentro del grupo Kalenjin. Por ejemplo, puedes entrenar con ellos hoy, pero no sabes dónde será el entrenamiento mañana, porque cuando llega el momento de dar esa información clave, cambian de idioma. Si quieren bloquear la entrada a su negocio, pueden hacerlo muy fácilmente. Están protegiendo su nicho. Y esto es muy interesante, ya que es un tema étnico, pero no tiene nada que ver con la genética".

Hasta la fecha, este tipo de razonamientos para explicar el dominio que el oriente de África tiene en el atletismo se ha ignorado en gran medida. Es muy posible que factores ambientales y fisiológicos importantes, tales como la dieta o caminar descalzo en la infancia, expliquen este fenómeno. Sin embargo, la historia advierte que no deberíamos exagerar estos factores. Como dicen Bale y Sang, debido a que los atletas finlandeses dominaron la escena global en los años 1930 y 1940, surgieron diversas teorías sobre la "energía climática" y la vasta naturaleza en la que vivían – "como animales en el bosque"–. Así que cuando buscamos explicar nuestras derrotas, debemos tener en cuenta que Kenia y Etiopía no siempre van a estar en la cima y que las semillas de la victoria también pueden plantarse en otros lugares. Después de todo, como O'Connell – que dirigía el programa de atletismo en Iten –  le dijo a David Epstein, autor de The Sports Gene: "Fue la cultura la que se fue de Finlandia, no los genes”.