El alcance total de los defectos de nacimiento relacionados con el zika puede extenderse mucho más allá de provocar que un niño nazca con una cabeza anormalmente pequeña y daño cerebral. Una investigación que se presentó esta semana en una conferencia sobre teratología —el estudio de las anomalías y malformaciones congénitas— en San Antonio, Texas, sugiere que los graves problemas en las articulaciones, las convulsiones, el deterioro de la visión, la dificultad para alimentarse y el llanto persistente se pueden agregar a la lista de los riesgos derivados de la exposición al zika en el útero.

Los hallazgos confirman las preocupaciones de los médicos, de que incluso cuando los bebés expuestos al zika nacen sin microcefalia y en gran medida parecen normales, pueden desarrollar problemas de salud, incluyendo convulsiones y retrasos en el desarrollo, que solo se hacen evidentes semanas y meses después del nacimiento. El nuevo trabajo también refuerza los hallazgos recientes que sugieren que el tipo de problemas que experimentan los bebés también varía según el trimestre del embarazo en que sus madres fueron expuestas al zika, y se registran pocos casos de microcefalia cuando las madres lo contrajeron durante el tercer trimestre.

La investigación destaca la curva de aprendizaje que enfrentan los científicos y los funcionarios ante este virus, que se transmite a través de las picaduras de mosquitos y el contacto sexual. Los primeros estudios que describen daños aparentemente relacionados con el zika también habían dado a entender que los médicos tenían mucho que aprender sobre los defectos de nacimiento causados por virus. En marzo, los investigadores publicaron sus hallazgos en el New England Journal of Medicine y sugirieron que 29 por ciento de las mujeres embarazadas que dieron positivo para el zika tenían fetos con anormalidades que ya eran visibles en el ultrasonido. El descubrimiento fue particularmente alarmante porque los médicos sabían que muchos problemas del sistema nervioso central solo serían reconocibles meses o incluso años después del nacimiento del niño.

Aún hoy no está claro exactamente cuántos bebés nacidos de mujeres infectadas con zika durante el embarazo desarrollarán defectos de nacimiento. Pero los nuevos hallazgos de Brasil dan una mejor idea de la amplitud de los obstáculos que pueden enfrentar las familias afectadas por el zika durante el primer año de vida de sus recién nacidos.

Los investigadores brasileños siguieron a 83 niños nacidos desde agosto de 2015 de madres que se cree que habían sido infectadas con zika. El estudio incluyó a familias de ocho estados, la mayoría del noreste de Brasil, donde se han disparado los defectos de nacimiento.

Sin embargo, debido a que las pruebas sólidas para el zika aún no se habían implantado el pasado otoño, solo se confirmó que 10 de las 83 madres habían estado expuestas al zika usando análisis de laboratorio, una advertencia importante que se aplica a la mayoría de los actuales estudios de problemas vinculados al zika. Esa realidad deja abierta la posibilidad de que los defectos de nacimiento podrían deberse a otros factores ambientales o genéticos. Aún así, alrededor de 70 por ciento de las madres en este estudio recordó experimentar una erupción —un síntoma conocido del zika— durante el embarazo, y los investigadores eliminaron otras causas principales de defectos de nacimiento, incluyendo algunas exposiciones a tóxicos e infecciones virales por citomegalovirus (CMV).

El equipo brasileño halló que alrededor de 10 por ciento de los 83 bebés tenían limitaciones articulares en la rodilla o el codo, tan graves que los bebés no podían extender completamente los brazos o las piernas. Otro 43 por ciento de los bebés tenía problemas articulares menos pronunciadas que impedían el movimiento de los dedos de las manos o los pies, o los bebés tenían otras anomalías en las extremidades como pie zambo. Y la mitad de los bebés tenía convulsiones y exámenes oculares anormales.

Esta investigación refleja la situación de un grupo de estudio relativamente pequeño, y solo incluía bebés con anomalías. No obstante, logra dar hacer algunas precisiones, como que los defectos congénitos pueden variar según en qué trimestre del embarazo la madre se infectó con el virus.

“Estos resultados están en sintonía con nuestros hallazgos sobre los bebés expuestos al zika en el útero”, dice Karin Nielsen-Saines, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas y autora principal de la investigación publicada en marzo en NEJM. Sin embargo, advirtió que debido a que este nuevo estudio sólo incluye a bebés con anormalidades no ofrece una buena instantánea de realmente cuán comunes son los defectos de nacimiento entre los expuestos al zika. “Puedes estar pasando por alto a niños que son normales, por lo que puedes distorsionar los datos hacia anomalías”, dice la experta.

El zika puede estar abriendo la puerta a una serie de sorpresas desagradables. Es la primera enfermedad transmitida por insectos que tiene una relación comprobada con defectos congénitos graves (se han vinculado problemas de visión al virus del Nilo Occidental, pero todavía su causa no fue verificada).

Sin embargo, la infección con otros virus durante el embarazo —en particular, toxoplasmosis, rubeola o citomegalovirus— también puede dar lugar a microcefalia, problemas de visión o pérdida de la audición, trastornos que pueden no ser evidentes inmediatamente después del nacimiento. Por eso, los defectos congénitos causados por virus no son inéditos. En raras ocasiones, el CVM y la toxoplasmosis también pueden provocar problemas en las articulaciones, dice Dee L. Quinn, directora de la sede en Arizona de la organización sin fines de lucro MotherToBaby y asesora genética de alto nivel de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Arizona.

Los nuevos hallazgos en Brasil sobre el zika también se hacen eco de ciertos patrones relacionados con esas otras infecciones virales. En particular, las madres infectadas con zika al final del embarazo tienden a tener bebés con efectos secundarios relativamente menos graves: con más frecuencia, los niños tenían retrasos en el desarrollo, incluyendo problemas para sentarse, así como convulsiones en lugar de microcefalia y calcificaciones cerebrales importantes, dice Lavinia Schuler-Faccini, presidenta de la Sociedad Brasileña de Genética Médica, quien presentó los hallazgos la semana pasada. Aún así, eso no significa que los fetos expuestos durante el tercer trimestre estén mejor. Nielsen-Saines dice que en su trabajo publicado y en el análisis en curso está viendo que esa exposición tardía es más probable que conduzca a muertes fetales.

Sigue siendo una tarea ardua dar respuestas más concretas sobre cuán comunes pueden ser los defectos de nacimiento entre embarazadas, y los científicos aún no saben si otros factores pueden tener un papel, incluyendo la genética, la exposición a otros virus o la forma en que las mujeres contrajeron el virus (ya sea a través de relaciones sexuales o la picadura de mosquito).

Otros esfuerzos complicados para tener una idea del problema: según la Organización Mundial de la Salud, más mujeres embarazadas infectadas con zika ahora están pidiendo abortos.