SAN JOSÉ- La noche del 31 de mayo de 2013, Jairo Mora y tres voluntarias patrullaban la playa de Moín, en el Caribe costarricense. El patrullaje era habitual en la vida de Jairo, quien trabajaba con la organización ambientalista Widecast, y visitaba las playas por la noche para evitar que alguien matara tortugas o robara sus huevos, como es común en la zona.

Sin embargo, esa noche, en medio de la oscuridad, aparecieron varios hombres con la cara cubierta. De ellas abusaron y a él lo golpearon hasta la muerte. Su cuerpo amaneció tendido sobre la misma arena que sus amadas tortugas necesitan para que nazca una nueva generación.

El asesinato encendió la indignación del país. Un joven de 26 años, sencillo pero determinado, amante de la naturaleza en una nación que se vende al mundo como una potencia verde, había muerto por una pugna entre traficantes de huevos de tortuga, según informaron las autoridades.

La mañana del lunes 26 de enero del 2015 se dictó la sentencia del caso: los jueces explicaron que la Fiscalía y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) habían hecho una pésima labor de investigación y realizado errores en el manejo de pruebas. Pese a haber siete hombres acusados por el homicidio, al final ninguno fue declarado culpable por la muerte de Jairo.
 
La regla, no la excepción
Por desgracia, el caso de Jairo Mora es la norma y no la excepción en América Latina. Según el informe Deadly Environment, realizado por la ONG Global Witness, lo normal es que los asesinatos de ambientalistas queden impunes.

Pero la investigación va más allá y explica que América Latina es la región más peligrosa para quienes quieren proteger el ambiente. Según sus datos, obtenidos mediante fuentes oficiales, del total de víctimas registradas entre 2002 y 2013, que fueron 908, el 80% están en el subcontinente.

América Latina tiene, además, los dos países más peligrosos para ambientalistas en el mundo: Brasil, con 448 fallecimientos, y Honduras, con 109. Otros países de la región con alta cantidad de asesinatos de protectores del ambiente fueron Perú, con 58 víctimas, y Colombia, con 52.

A pesar de que la cantidad de casos que registra la investigación de Global Witness es alarmante, es muy probable que exista un subregistro. Por ejemplo, para esta ONG en el periodo de estudio en Costa Rica se presentó solo una muerte de un ambientalista. Aunque no se menciona directamente, es probable que se trate de la muerte de Mora. No obstante, un artículo publicado por el diario La Nación de Costa Rica a inicios de febrero, explicaba que nueve muertes de ambientalistas sucedidas en los últimos 26 años en ese país permanecen impunes.

De acuerdo con la investigación, de los 908 asesinatos del informe de Global Witness, en 656 no hubo información sobre los sospechosos, en 208 hubo información muy limitada sobre ellos, en 38 sí hubo sospechosos identificados y solo en 6 casos los asesinos fueron condenados o castigados de alguna manera.

Además, los especialistas recordaron que normalmente la muerte es el clímax, pero no la única acción violenta ejercida contra los ambientalistas, quienes también pueden verse sometidos a amenazas, intimidaciones, calumnias, golpizas o robo, por ejemplo.

Según contaron sus amigos, Jairo Mora ya había visto a personas armadas rondando las playas de Limón, aunque nunca le hicieron daño, y les había confesado que la situación era “muy distinta” a lo que había vivido en la costa del Pacífico, donde también fue voluntario.
 
Un poco de esperanza
“Hoy en día, la protección del medio ambiente es uno de los principales campos de batalla de los derechos humanos. Mientras los gobiernos discuten por el texto de nuevos acuerdos mundiales, a nivel local cada vez hay más personas por el mundo que ya están poniendo en peligro sus vidas para proteger el medio ambiente”, declaró Andrew Simms, de Global Witness.

“A no ser que la comunidad internacional tome medidas urgentes, morirán más personas a las que deberíamos estar rindiendo homenaje por su heroicidad”, añadió Simms.

“La impunidad es dañina y en un caso como el de Jairo Mora es ofensiva hasta el punto de lo intolerable. Es impensable que, en Costa Rica, un joven de 26 años no pueda seguir sin riesgo su vocación de proteger a la naturaleza”, dijo el papá de Jairo, Rafael Mora, al diario La Nación, el día después de la sentencia en el caso de su hijo, cuando visitaba su tumba.

El Fiscal general del país centroamericano, Jorge Chavarría, criticó que el tribunal que vio el caso de Jairo Mora bloqueó varias pruebas importantes en el caso. En declaraciones a la prensa aseguró que los jueces se apartaron de la objetividad y que utilizaron los medios de comunicación para defender una resolución sin argumentos.

Además de criticar a los jueces, Chavarría interpuso un recurso ante la Sala Constitucional para no tener que dar cuentas al Congreso costarricense por el desempeño de la organización que dirige en el juicio.

El caso se encuentra ahora en etapa de apelación. Las autoridades adelantaron que pedirán la nulidad de la sentencia absolutoria y que se ordene un nuevo juicio con un tribunal distinto.

Aún existen esperanzas de que al menos el caso de Jairo Mora no quede impune.