¿Qué hacer ante ese enorme reto llamado cambio climático? En realidad no existe una única respuesta y las soluciones pueden llegar desde cualquier rincón del mundo.

Aunque en la COP21, que se iniciará el próximo 30 de noviembre, se apostará por el compromiso de los grandes países contaminantes, también se hace necesario impulsar la creatividad y la innovación de proyectos pequeños y medianos.

Para impulsar este tipo de iniciativas, la Secretaría de la ONU para Cambio Climático creó “Impulso para el cambio” y cuatro proyectos de Latinoamérica fueron seleccionados como parte del grupo de 16 actividades reconocidas.

“Mostrando estas extraordinarias soluciones, y reconociendo a las personas que las ponen en marcha, podemos impulsar los esfuerzos para lograr el nuevo acuerdo, acelerar la transición mundial hacia un desarrollo bajo en emisiones de carbono, altamente resiliente, y marcar un hito en la gestión sostenible del planeta Tierra para los 7.000 millones de personas que viven en él hoy y los 10.000 millones que lo harán en 2050”, dijo sobre estos reconocimientos Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

En declaraciones a Scientific American, Sarah Marchildon, encargada de Comunicaciones de la CMNUCC, explicó que aunque el premio no conlleva ningún reconocimiento en efectivo, sí implica un reconocimiento importante a nivel mundial que pone estas ideas en contacto con tomadores de decisiones, así como apoyo en el manejo de las relaciones públicas y mercadeo.

Estas son las iniciativas latinoamericanas reconocidas:

Cacao sostenible en Perú

Sembrar cacao y detener la deforestación al mismo tiempo es el principal objetivo del proyecto REED+ Tambopata- Bahuaja Sonene en Madre de Dios, Perú.

Con $12 millones en un fondo de inversión, se empodera a 1.100 agricultores para producir cacao sostenible, protegiendo la rica biodiversidad de la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja-Sonene.

La zona de Madre de Dios es la “capital biológica” del Perú, ya de por sí uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Es hogar de más del 50% de los mamíferos y aves de este país sudamericano y protege a especies en peligro de extinción como el armadillo gigante, el caimán negro y el jaguar. Conservar los bosques y aumentar su extensión es una manera de mitigar las emisiones de efecto invernadero.

El dinero a un agricultor quien quiera sembrar cacao se da a cambio del compromiso  de que no destruirán más bosques y de que se reforestarán 4.000 hectáreas. Además, se debe trabajar para obtener una certificación de comercio justo y otra producto orgánico, lo cual asegura la venta del producto a un mejor precio.

Además de cultivar cacao, los agricultores siembran cultivos comestibles con el fin de obtener seguridad alimentaria.

También deben compartir las ganancias con los inversores del fondo porque el dinero no es un regalo, sino una inversión.

Actualmente, el proyecto trabaja con 100 agricultores asociados en una cooperativa y la meta es llegar a los 1.100 propuestos como gran meta en 2018. En ese momento se deberán producir unas 3.200 toneladas de cacao.

En el 2014 el precio por tonelada fue de $3.100 y los creadores de este proyecto esperan cobrar $500 más por tonelada debido a las certificaciones. Así, el proyecto generaría en su punto máximo cerca de $11,5 millones anuales.


Mujeres buscan producción más limpia en Colombia

Tomando el lugar en la sociedad que les corresponde por derecho propio, mujeres de la academia, organizaciones públicas y empresas privadas se han unido para crear una asociación la cual impulsa prácticas de producción más limpia en Cali, Colombia.

En esta ciudad, capital del Valle del Cauca, detectaron que el sector de la construcción era especialmente contaminante. Mundialmente se calcula que este sector aporta el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero y que consume hasta 40% de la energía.

El Centro Regional de Producción más Limpia impulsa a las mujeres para que lideren procesos que prevengan la contaminación industrial en la cual laboran o con la cual se relacionan.

A esta iniciativa ya se unió una mujer de la industria de la galvanoplastia (cobertura mediante capas metálicas mediante electrólisis) la cual ayudó a eliminar el uso de cianuro y metales pesados en los procesos, redujo los desechos sólidos e impulsó la reutilización de agua.

Otra que ya forma parte del grupo trabajó en un trapiche y eliminó la quema de llantas para el horno artesanal donde se procesaba el jugo de la caña, cambiando a un sistema más eficiente.

Ellas se unen a mujeres que ya han logrado otras cosas bastante concretas: que una compañía de construcción use energía de celdas fotovoltaicas para iluminar y para bombear agua de lluvia, otra que promueve políticas de reciclaje y reutilización materiales de desecho en construcción de carreteras y otra que luchó para que se cambiaran las motocicletas por bicicletas en algunas supervisiones.

Una de las características más notables de este proyecto es que las ideas promovidas por estas mujeres son sencillas, alcanzables y pueden ser implementadas con tecnología y materiales locales, lo cual los hace sencillas de replicar en otras industrias en el contexto colombiano e incluso latinoamericano.

Secando fruta con el calor de la Tierra en El Salvador

El calor sobrante y el vapor condensado de las plantas geotérmicas de El Salvador está permitiendo a mujeres de áreas rurales en este país centroamericano deshidratar frutas que luego venden. Además, gracias a este proyecto, cuatro mujeres tienen un empleo permanente como vigilantes de la vida silvestre del parque donde están establecidas las plantas geotérmicas de la empresa LaGeo.

Se calcula que 1,8 toneladas de dióxido de carbono no llegan a la atmósfera gracias al uso de calor geotérmico en lugar de los combustibles fósiles tradicionales en el secado de las frutas. Como tradicionalmente también se usaba madera para la obtención de esa energía, otra de las ganancias es que se cortan menos árboles.

Hasta ahora, el área protegida relacionada con este proyecto es de casi 112.000 metros cuadrados. El agua para los servicios de protección de la biodiversidad se obtiene también del vapor condensado de la producción geotérmica.

El deshidratador colocado tiene una capacidad de 25 kilos de fruta y eso da 15 kilos de fruta deshidratada por lote. En cada lote obtienen una ganancia de $75. La  producción depende de la demanda, pero en promedio se produce un lote por mes. Si a usted le parece poco, tome en cuenta que el salario mínimo para labores agrícolas en El Salvador es de $3,94 al día, lo cual implica que este proyecto marca una diferencia en el nivel de ingreso de las familias.

Además, como parte de este proyecto se ha contratado a 15 mujeres por seis meses a $5,19 por día para plantar árboles de cacao y café, cuya producción luego podrá comercializarse.

“La esencia de este reconocimiento es que palparon el trabajo hecho conjuntamente con vecinos, especialmente mujeres, quienes además de trabajos permanentes y eventuales, tienen el apoyo nuestro para crear pequeños negocios, como cultivos, viveros y venta de plantas ornamentales con riego de agua condensada, etc”, dijo a Scientific American Rubén Loy, ingeniero de Gestión y Control de LaGeo.

El proyecto de la empresa LaGeo, en El Salvador, empodera a mujeres y les da trabajo fijo y temporal que les permite mejorar sus ingreso y también proteger el ambiente.
Crédito: Comunicaciones LaGeo-Grupo CEL


Ciudades más sostenibles en toda Latinoamérica

En Latinoamérica ya viven más personas en las ciudad que en el campo y ese incrementó seguirá los próximos años no solo en las megalópolis como Ciudad de México, Buenos Aires o Santiago, sino especialmente en ciudades secundarias.

La  Iniciativa de CIudades Emergentes y Sostenible del Banco Interamericano de Desarrollo llega con un enfoque multisectorial que busca reducir no solo las emisiones de efecto invernadero de estas ciudades, sino también dar otro tipo de beneficios sociales, económicos y ambientales a sus habitantes, especialmente los más pobres. Objetivos específicos son reducir la huella de carbono y aumentar la resiliencia frente al cambio climático.

Además de definir las métricas clave para mitigación y adaptación de las ciudades, también se trabaja en temas como la eficiencia energética y el manejo del riesgo de desastre lo cual desemboca en la creación de mapas de riesgo y el cálculo de la huella de carbono, por ejemplo.

Los resultados de estas investigaciones se ligan a escenarios de crecimiento urbano, lo cual permite a los tomadores de decisiones locales entender mejor el impacto futuro de las políticas y regulaciones actuales.

Ya existen frutos de este proyecto: una mejora en el sistema de transporte público de La Paz (México) permitió dar transporte más eficiente, limpio y cómodo a 50.000 personas por día mientras que cambios en las calles del Mar del Plata (Argentina) han mejorado las condiciones para más de 13.000 peatones a diario. El plan de acción para Managua (Nicaragua) incluye un programa para mejora de vecindarios pobres, sistemas de drenaje, transporte urbano y nuevas viviendas sociales.