La meditación es la práctica de un estado de concentración sobre algo concreto: un pensamiento, un objeto externo o la propia conciencia. “Una aspirina para la mente”, asegura Andy Puddicombe, monje budista de origen inglés creador de la aplicación móvil Headspace meditation.
 
Pero esta práctica milenaria de origen budista es mucho más que una manera de relajarse y reducir el estrés. La meditación regula la atención, una capacidad cognitiva que influye en otros procesos mentales como el aprendizaje.
 
El cerebro es plástico y está en cambio constante. Hábitos como la meditación varían la comunicación entre neuronas y modifican ciertas estructuras neuronales. A día de hoy, la ciencia ha observado las ventajas de esta antigua práctica en el bienestar de los seres humanos.
 
A grandes rasgos, su práctica parece aumentar la capacidad de atención, concentración y aprendizaje. También mejoraría la memoria y el sistema inmunológico de los individuos. Además, su práctica sosiega y mejora la empatía con los demás.
 
Las grandes empresas aprovechan los beneficios de la meditación para potenciar la capacidad de trabajo entre sus empleados. Las oficinas centrales de Google en California ofertan el curso S.I.Y. (Search Inside Yourself) del ingeniero y motivador Chade-Meng Tan. Incluso sus clases han inspirado un libro, prologado por los científicos más relevantes que investigan sobre meditación.
 
Una de las formas de meditación más extendidas es el programa Mindfulness. El doctor Jon Kabat-Zinn, doctor en biología molecular del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), creó esta modalidad en la Universidad de Massachusetts en el año 1979 después de 13 años de práctica budista.
 
Centros médicos y clínicas universitarias de América del Norte y de Europa aprovechan las ventajas del Mindfulness para reducir la ansiedad de los pacientes antes de una operación y mejorar las terapias de estrés postraumático.
 
Los pensamientos dan forma a las neuronas
 
La relación entre la meditación y la ciencia no tiene más de 40 años de historia. Los pioneros en este campo de investigación fueron muy mal vistos por el resto de comunidad científica, que se mostraba escéptica frente a sus beneficios cognitivos.
 
“El hecho de practicar meditación era considerado casi una herejía y estudiarla era un imposible científico”, escribe Richard J. Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Wisconsin-Madison, en su libro El perfil emocional de tu cerebro.
 
A la vuelta de un viaje de tres meses por la India y Sri Lanka, el doctor Davidson y Daniel Goleman, autor del popular manual Inteligencia emocional, demostraron que las personas que practicaban meditación sufrían menos ansiedad y, por lo tanto, presentaban una mayor capacidad de atención que el resto.
 
“Mis primeros intereses de investigación como psicólogo se centraron en cómo el entrenamiento mental puede configurar los sistemas biológicos”, recuerda el doctor Goleman.
 
Ahora la situación es otra. Desde hace un par de décadas, los trabajos científicos en este campo se han multiplicado gracias a las técnicas de neuroimagen. Esta tecnología permite observar los cambios en las estructuras neuronales provocados por la meditación.
 
Apto para todas las audiencias
 
Los estudios de imagen por resonancia magnética de la doctora Sara Lazar del Hospital General de Massachusetts concluyen que las personas que practican meditación aumentan la densidad de materia gris en estructuras cerebrales implicadas en el aprendizaje, la memoria, la regulación de las emociones y la empatía. En cambio, la materia gris decrece en otras zonas como la amígdala, que se encarga de respuestas fisiológicas relacionadas con el miedo y el estrés.
 
Además, la meditación disminuye el ritmo de adelgazamiento progresivo del córtex prefrontal, que influye en comportamientos complejos como la toma de decisiones. Este freno natural al desgaste cognitivo asociado a la edad es especialmente interesante para las personas mayores. En relación con los niños, la meditación es una práctica que puede mejorar su atención y creatividad.
 
A nivel hormonal, los científicos han visto que la meditación reduce los niveles de cortisol en sangre. El carácter neurotóxico de esta sustancia relacionada con el estrés disminuye la capacidad de memorización y de aprendizaje.
 
Los expertos calculan que entre 10 y 30 minutos de meditación al día son suficientes para regular las emociones y mejorar la capacidad de atención, concentración, la memoria y el proceso de toma de decisiones. En definitiva, mejorar el bienestar.
 
Aparte del cuerpo, el ser humano también debe cuidar a su cerebro y tomarse unos minutos al día para no hacer nada y concentrarse en algo. “No podemos cambiar cada cosa que nos sucede en la vida, pero podemos cambiar la forma en que lo experimentamos”, recuerda Puddicombe.