Cuando los historiadores miren hacia atrás y se topen con la elección presidencial de 2016 ciertamente tendrán muchas preguntas, pero quizás la más grande no está recibiendo suficiente atención hoy. “¿Qué (inserte aquí la profanidad popular del futuro)?” probablemente preguntarán. "¿Por qué casi no huno mención alguna del cambio climático?" ¿O, a lo mejor, los futuros habitantes de la Tierra estarán tan distraídos con su supervivencia que ni siquiera se preocuparán por lo que sucedió en 2016 cuando el mayor país del planeta en ese momento negó la existencia del problema?

Con solo unas pocas menciones en los discursos –y, sorpresivamente, sin preguntas del tema en los debates presidenciales– esta omisión marca un singular fracaso de la prensa y la clase política. Pero es indicativo de una putrefacción sistémica mucho más amplia. No se equivoque, la ciencia estaba en la boleta electoral este otoño y casi nadie se dio cuenta. Pero ahora deberían hacerlo porque la administración Trump está perfilando una cartera de políticas agresivas que no solo pone nuestra respuesta global al cambio climático en profundo peligro, sino que también amenaza con cambiar radicalmente la dirección fundamental de la ciencia en Estados Unidos.

La prensa política trata a la ciencia como un asunto de nicho. Pero yo diría que es central para el poder militar y económico de Estados Unidos, que le da forma a la salud y el bienestar de nuestra ciudadanía y que nuestro apoyo gubernamental a la búsqueda pura del conocimiento a través de la investigación básica es uno de los símbolos que definen la excelencia de EE.UU. La ciencia refuerza nuestra estatura mundial a través de su institucionalizado respeto de la verdad, la toma de decisiones basada en la evidencia y su disposición a aceptar opiniones diferentes cuando los hechos lo dictan.

Es por eso que necesitamos repensar radicalmente cómo la prensa, los científicos y los políticos incorporan a la ciencia en el discurso nacional. Y no podemos darnos el lujo de esperar. La máxima prioridad debe ser que los científicos traten de involucrar a la nueva administración. Aunque los primeros indicios de cómo el Presidente Trump podría abordar cuestiones de la ciencia son preocupantes, no podemos permitirnos no intentarlo. Sugiero que un grupo de ganadores del Premio Nobel, miembros de la Academia Nacional de Ciencias y otros líderes científicos que puedan llamar su atención ofrezcan reunirse con el Presidente electo para exponer cuáles son, desde su perspectiva, los temas más importantes. Lo más fundamental es mostrar el papel especial que juega la ciencia en la planificación de nuestro futuro, especialmente cuando se trata del cambio climático.

Las encuestas reflejan que el público no es tan rígido en cuestiones de la ciencia como podría sugerir nuestra reciente división política. Históricamente las políticas científicas fuertes han sido un lugar de cooperación bipartidista. Tal vez, con un Presidente que debe poco de su capital político a un partido nacional, podemos adoptar una forma de toma de decisiones que tradicionalmente ha sido apolítica y comenzar a basar más de nuestras políticas en la ciencia. Tal vez nuestro nuevo Presidente pueda ser persuadido a escuchar de temas sobre los que no ha pensado profundamente. Tal vez pueda ver esto como una forma de reconstruir el sector agrícola, manufacturero y tecnológico de Estados Unidos en beneficio de todos. Por supuesto, este esfuerzo de alcanzarlo podría no llegar a ninguna parte, pero sería imprudente no intentarlo. Ahora no es el momento para que la comunidad científica y la nueva dirección política se separen. Si lo hacen, cada uno de ellos, y el resto del país también, saldrá herido.

No obstante, los científicos necesitan un aliado para hacerse sentir, y eso debe provenir de una prensa activa e involucrada. La prensa puede construir puentes entre la comunidad científica, el público y los funcionarios electos. Puede aumentar la conciencia sobre cuestiones importantes y ejercer una fuerte presión sobre los políticos. Esta postura ha sido el papel fundamental de la prensa a lo largo de la historia de nuestra democracia y debe extenderse a una cobertura robusta de la ciencia. Si la ciencia no se involucra con el liderazgo y con el pueblo, la prensa compartirá una gran parte de la responsabilidad.

Pienso que, contrariamente a la opinión general en las salas de redacción, las historias sobre ciencia son a menudo muy populares y podrían ser una manera de ampliar audiencia y alcance. Lo que me preocupa desde hace tiempo es que no hay suficientes editores y reporteros con formación científica informando y escribiendo las noticias en EE.UU. La importancia de esta formación no es solo una cuestión de acertar los hechos sobre la ciencia, sino de comprender el espíritu y el proceso del descubrimiento, la cultura de la empresa de investigación y la relevancia de la ciencia para muchas otras historias. Las redacciones que cubren la ciencia suelen recurrir a los médicos. No hay nada malo en eso, pero mirar casi todas las ciencias de la vida desde la perspectiva de la salud humana es demasiado limitante. Hace que la ciencia parezca reducida y restringida, en lugar de centrarse en los emocionantes, innovadores y generalizados usos de la investigación científica para mejorar nuestra vida cotidiana.

Lo que necesitamos es una colaboración sostenida y mejorada entre la prensa y la comunidad científica. Necesitamos más polinización cruzada y compromiso. Necesitamos experimentar la forma, el tono, el contenido y la distribución. No podemos permitir que el contenido científico sea relegado al eco de las cámaras o de los puntos de distribución de la élite. Tenemos que tratar de encontrar una manera de llevar el mensaje a donde está la gente, a través de la promoción digital, distribución y participación en los medios sociales.

Creo firmemente que la ciencia es de vital importancia para el mundo que quiero que mis hijos y nietos hereden. Creo que es una manera de conectar a diferentes grupos, naciones y generaciones. Creo que los científicos tienen más poder en el mercado público de las ideas de lo que pueden darse cuenta. Me niego a creer que el peso moral de la investigación basada en los hechos no tiene lugar en lo que puede parecer una era posterior a la verdad. Todo lo que se necesita es el virus Zika o el descubrimiento de un nuevo tratamiento contra el cáncer para que el mundo venga golpeando a las puertas de la academia para exigir alivio.

No tengo mucho entrenamiento en ciencia. Cuando aprendí sobre biología en la escuela, Watson y Crick todavía no habían descubierto la estructura del ADN. Pero como periodista, me he dado cuenta de que la ciencia es una de las historias más grandes e importantes de nuestra época. No me malinterpreten, hay periodismo científico maravilloso que se está haciendo, especialmente en las nuevas formas emergentes en línea y en cosas tales como podcasts. Pero necesita mucho más y debe distribuirse de forma más prominente. En este punto de mi vida, estoy decidido a hacer una contribución. Me asocié con investigadores y narradores de ciencia para tratar de cambiar esta dinámica. Espero tener más noticias sobre eso en los próximos meses. Pero esta es una causa que debe ser más grande que un solo esfuerzo. Estoy ansioso por prestar mi nombre y voz, así como el apoyo organizacional, informes, producción, promoción y cualquier otra contribución que pueda hacer. Pero necesitaremos tanta ayuda como sea posible.

Al final, la ciencia es la esperanza. Se trata de expandir nuestros horizontes, y tratar de entender más. Es un instinto tan profundamente humano, y un instinto que necesitamos ahora más que nunca. Una empresa vital para nuestro futuro nacional debe alistar a todos los que pueden ayudar desde el mundo del periodismo y la ciencia. El público y los responsables políticos deben escuchar este mensaje. La ciencia crea verdades evidentes que todo el mundo puede poseer. Creo que el mundo está listo para escuchar, solo debemos encontrar una mejor manera de hablar.