El siguiente ensayo se reproduce con permiso de The Conversation, una publicación en línea que cubre la investigación más reciente.

Cabecear una pelota de fútbol puede parecer fácil, pero muchos científicos han sospechado que en realidad podría dañar el cerebro del jugador. Podría haber consecuencias reales –sabemos que la lesión cerebral está relacionada con un mayor riesgo de demencia, por ejemplo–. Sin embargo, ha resultado sorprendentemente difícil averiguar el verdadero impacto de los cabezazos en fútbol, ​​en parte debido a que las lesiones cerebrales leves son notoriamente difíciles de detectar.

Ahora nuestra nueva investigación, publicada en EBioMedicine, sugiere que una única sesión de entrenamiento de cabeceos ya resulta en un daño temporal de la memoria y una ruptura del equilibrio normal de la química del cerebro. Ahora debemos investigar si estos efectos se mantienen como temporales después de la exposición repetida a cabezazos en el fútbol y cuáles son las consecuencias a largo plazo sobre la salud del cerebro.

Mucho de lo que sabemos sobre el cerebro se basa en investigación sobre el cerebro maduro, pero el cerebro humano no está completamente desarrollado hasta los veintitantos años de edad. Los lóbulos frontales maduran especialmente tarde. Esta parte del cerebro, que absorbe el impacto del balón, es el hogar de cualidades humanas únicas, como el control de los impulsos y la planificación consciente. En los años de adolescencia las sustancias químicas del cerebro están en un estado de cambio y el cerebro es muy sensible de muchas maneras. Se lleva a cabo un proceso masivo de reorganización de conexiones antes de que el cerebro se calme en el estado maduro.

EL EXPERIMENTO

Un típico ejercicio de entrenamiento de fútbol sería hacer muchas repeticiones cabeceando el balón. Entonces, ¿qué le ocurre al cerebro cuando estos impactos en la cabeza se repiten una y otra vez, sobre todo si se hace desde una edad temprana?

Para averiguarlo, utilizamos una técnica de investigación sensible de nuestro laboratorio básico de neurociencia para llevar a cabo el estudio. La estimulación magnética transcraneal utiliza una bobina sujeta sobre la cabeza de una persona para generar un breve pulso magnético que estimula una pequeña área del cerebro. Esto, junto con electrodos colocados sobre el músculo, se puede utilizar para medir las señales neurales del cerebro al músculo.

A partir de esto podemos calcular el nivel de "sustancias químicas inhibidoras" en el cerebro. Estas pueden interrumpir o bloquear cierta actividad cerebral y potencialmente hacer que los músculos sean más difíciles de controlar, por ejemplo. En particular, nos fijamos en la señal química cerebral llamada GABA, que es el inhibidor más potente del sistema motor del cerebro. Si hay más inhibición en el cerebro significa que la química cerebral normal ha cambiado después de golpear el balón con la cabeza.

Le pedimos a un grupo de jugadores de fútbol que golpearan una pelota con la cabeza 20 veces, lanzada desde una máquina lanza-bolas para simular el ritmo y la potencia de un saque de córner. Antes y después de las sesiones de cabezazos, medimos la inhibición cerebral medida de los jugadores utilizando la estimulación magnética transcraneal, y funciones cognitivas de los jugadores como la memoria. Hicimos un seguimiento de estos mismos niveles de nuevo al día siguiente, el día después de ese, y dos semanas después de la sesión de cabezazos en el laboratorio.

Hallamos que los cabezazos de fútbol dieron lugar a cambios inmediatos y medibles en la función cerebral. Se detectó un aumento de la inhibición en el cerebro después de solo una única sesión de cabezazos. El rendimiento en las pruebas de memoria también se redujo entre un 41 y un 67%.

La buena noticia es que estos cambios en la función cerebral fueron transitorios, con una normalización de los efectos a las 24 horas. La mala noticia es que no sabemos si existe un efecto acumulativo cuando esta interrupción bioquímica se repite una y otra vez con los ejercicios de práctica semanal, o cuáles son las consecuencias a largo plazo de los cabezazos para la salud del cerebro. Es por ello que se necesita más investigación.

Ahora que sabemos que cabecear un balón de fútbol cambia la bioquímica del cerebro, al menos temporalmente, nos gustaría visualizar los efectos del cabezazo mediante el uso de un escáner cerebral. En un escáner cerebral podemos ver como micro-lesiones en la estructura del cerebro y en conexiones cerebrales están relacionadas con los cambios en la bioquímica del cerebro. Esto nos daría una idea mucho mejor de lo que sucede en el cerebro como consecuencia de cabecear el balón. Por tanto, la investigación que hemos hecho es solo un primer paso en el camino de averiguar cuál es el verdadero impacto de los cabezazos en fútbol.

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Entonces, ¿qué significa esto para los jugadores del hermoso juego? Si hay más inhibición en el cerebro inmediatamente después de cabecear el balón, esto podría afectar al control de los músculos, que puede perjudicar el rendimiento y exponer al jugador a un mayor riesgo de lesiones –algo que ha sido previamente reportado en personas que han tenido una conmoción cerebral–.

También es importante darse cuenta de que no existen niveles seguros conocidos de cabezazos en fútbol. Es poco probable que un cabezazo provoque daño cerebral, pero ¿cuántos cabezazos lo hacen? ¿Con qué niveles de exposición entramos en la zona gris?

Es quizás un poco como el alcohol, no hay límites de seguridad conocidos para el consumo de alcohol. Perturbar la química del cerebro durante el desarrollo cerebral hasta la adolescencia tardía puede justificar una precaución adicional. Con suerte, nuevas investigaciones pueden arrojar algo más de luz sobre las consecuencias para la salud a largo plazo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el artículo original.