Cuando nos fallan las palabras, maldecimos. Al menos esto es lo que la hipótesis de "pobreza de vocabulario" (POV, por sus siglas en inglés) nos quiere hacer creer. A causa de esto, blasfemar es "señal de un vocabulario débil", resultado de una falta de educación, pereza o impulsividad. En consonancia con esta idea, tendemos a juzgar con dureza a los que usan vulgaridades, clasificándolos en estatus socio-intelectuales más bajos, menos eficaces en su trabajo y menos amigables.

Pero este punto de vista de lo vulgar no cuadra con las recientes investigaciones en lingüística. Por ejemplo, la hipótesis de POV predeciría que cuando las personas tienen dificultades para llegar a las palabras adecuadas, sean más propensas a soltar juramentos a diestro y siniestro. Pero la investigación muestra que las personas tienden a llenar los vacíos incómodos en su idioma con "ehs" y "ums" y no "mi*rda" y “pu*a”. Esta investigación ha dado lugar a una explicación alternativa para el uso de groserías: la fluidez con palabras tabú podría ser un signo de fluidez verbal en general. Los que son excepcionalmente vulgares también podrían ser excepcionalmente elocuentes e inteligentes. De hecho, las palabras tabú tienen un propósito en particular en nuestro léxico que otras palabras no pueden lograr con la misma eficacia: emitir una expresión emocional intensa, breve y dirigida. Por lo tanto, los que blasfeman con frecuencia podrían ser más sofisticados en los recursos lingüísticos que pueden usar con el fin de defender su postura.

Una nueva investigación de científicos cognitivos del Marist College y del Colegio de Artes Liberales de Massachusetts intenta probar esta posibilidad, y desacreditar aún más la hipótesis de POV, midiendo cómo la fluidez en palabrotas se relaciona con la fluidez verbal en general. La hipótesis POV sugiere que debe haber una correlación negativa: cuanto más blasfeme, menor será su destreza verbal. Sin embargo, los investigadores plantearon la hipótesis contraria: cuanto más blasfema más amplio será su vocabulario.

En tres estudios, los investigadores dieron a los participantes una medida bien conocida de la fluidez verbal, llamada Prueba de Asociación de Palabras Controlada (COWAT, por sus siglas en inglés). COWAT pide a los participantes que digan tantas palabras como puedan que empiecen con una letra determinada (por ejemplo, F, A o S) durante un tiempo específico. La cantidad de palabras que generan se resume en una puntuación de fluidez. A continuación, en lo que tiene que ser una de las situaciones experimentales más extrañas y divertidas de la historia de la ciencia cognitiva, los participantes tenían que decir, en voz alta al experimentador, tantas palabrotas como pudieran pensar en un minuto. Esta era la medida de fluidez de groserías.

Los resultados del estudio 1 mostraron que los participantes generaron 400 palabras tabú únicas y, como los investigadores predijeron, la fluidez en la generación de estas palabras se correlacionó positivamente con el rendimiento en el COWAT. Este hallazgo se reprodujo en los Estudios 2 y 3, usando también una versión escrita de las pruebas. Cuantas más palabras tabú podían generar los participantes, más fluidez verbal tenían en general.

Este hallazgo puede servir a los soeces en todas partes como un buen corte de manga empírico dirigido a aquellos que, hasta ahora, habían juzgado injustamente sus habilidades lingüísticas. Blasfemar, al parecer, puede ser creativo, habilidoso, e incluso rotundamente lírico. Esto también debería abrirnos los ojos al singular subcampo de investigación que dedica su tiempo a deconstruir las múltiples y variadas formas en las que, y razones por las cuales, decimos palabrotas. Por ejemplo, ¿sabía usted que algunos lingüistas y filósofos del lenguaje establecen distinciones significativas entre palabras tabú que expresan los estados emocionales intensificados (por ejemplo, mi*rda), peyorativos generales (por ejemplo, cabr*n) cuyo significado es connotativo, pero dirigido a una persona, e insultos (por ejemplo, p*ta), que tiene tanto elementos expresivos descriptivos como despectivos? Yo desconocía esto.

Dicho esto, estos resultados deben tomarse con cautela. El conocimiento de palabras tabú y el uso habitual de estas palabras son dos cosas muy diferentes. Perfectamente puedo tener un conocimiento enciclopédico de vulgaridades, pero también tener el tacto necesario para regular el lenguaje en situaciones sociales. En otras palabras, solo porque la gente con fluidez verbal tenga la capacidad de maldecir al nivel de los mejores, no significa que lo hagan. Esto presenta un pequeño problema con la investigación actual ya que los autores parecen querer afirmar que sus resultados informan sobre qué tipo de gente maldice en el mundo real. No se puede sacar esta conclusión de estos datos. Los estudios no nos dicen nada acerca de cómo los hablantes usan las palabras tabú, solo qué serían capaces de decir si eligieran usarlas. Blasfemar habitualmente y ser capaz de generar una larga lista de palabrotas cuando se solicita son cosas muy diferentes. De hecho, la hipótesis POV todavía podría sobrevivir a esta crítica. Aún podría ser cierto que los que tienen una mayor fluidez verbal, a pesar de que también tienen una mayor fluidez en palabras tabú, usen menos palabrotas menos porque tienen la base de datos léxica necesaria para expresarse de otras maneras.

En 1977 Norman Mailer se enfrentó a Gore Vidal en una fiesta después de que Vidal hiciera una mala reseña de uno de los libros de Mailer. Mailer, desbordado por la ira tumbó a Vidal de un puñetazo. Desde el suelo, Gore Vidal alzó la vista y lanzó la famosa ocurrencia: "Una vez más, las palabras han fallado a Norman Mailer". Sin duda, Vidal podría haber soltado una serie de perlas a su agresor. Seguramente tenía un dominio del lenguaje soez comparable a su dominio del lenguaje en general. Pero su fluidez verbal le permitió elaborar una respuesta aún más ingeniosa. Y si las palabras no le hubieran fallado a Mailer, tal vez él también habría reaccionado menos groseramente.

 

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