Los científicos de Brasil, que ya luchaban para enfrentar los enormes recortes de fondos realizados por el gobierno, ahora están protestando contra otro golpe: el Ministerio de Ciencia del país ha sido degradado por el presidente interino Michel Temer, que asumió el gobierno el 12 de mayo después de que el Senado decidiera iniciar juicio político a Dilma Rousseff, y la suspendiera de su función por 180 días.

Una de las primeras acciones de Temer fue anunciar la fusión del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) con el ministerio que se ocupa de las Telecomunicaciones y las regulaciones de Internet. Eso llevó a que la ciencia se transforme una oficina principal en un 'superministerio' dirigido por Gilberto Kassab, exalcalde de Sao Paulo.

El movimiento, que Temer comenzó a insinuar hace unos días, ha molestado a algunos investigadores brasileños. El 11 de mayo, 13 asociaciones científicas, encabezadas por la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) y la Academia Brasileña de Ciencias (ABC), enviaron una carta a Temer advirtiendo que la fusión sería “perjudicial para el desarrollo científico y tecnológico del país”. Los investigadores decían que  eso afectaría la autoridad del MCTI, que ha formado la columna vertebral del apoyo federal para la ciencia y la innovación en Brasil durante las últimas tres décadas.

“La reorganización administrativa debe surgir de una visión para el país. No debe ser simplemente un amontonamiento artificial de actividades dispares”, dice el presidente de la ABC Luiz Davidovich. La medida es “un paso atrás”, agrega.

Temer ya había generado preocupación entre los científicos cuando dio a entender a los medios locales que podría nombrar a un obispo evangélico creacionista para dirigir el Ministerio de Ciencia, una sugerencia que llevó tanto a la SBPC como a la ABC a pedirle a Temer que le ahorrara a la agencia eventuales reformas.

Desafortunadamente, el Ministerio de Ciencia suele ser una de las primeras piezas de negociación en cada nuevo gobierno”, dice José Eduardo Krieger, decano de investigación en la Universidad de Sao Paulo.

Brasil ha tenido tres ministros de ciencia en los últimos 16 meses, y aparentemente cada uno fue nombrado por cuestiones políticas más que por una pericia particular. En enero del año pasado, Rousseff eligió a Aldo Rebelo, un escéptico declarado respecto al cambio climático perteneciente al Partido Comunista (el aliado más cercano al Partido de los Trabajadores, una agrupación de centro-izquierda en la que milita la mandataria). A Rebelo le siguió Celso Pansera, cuyo nombramiento fue considerado como un intento por atraer votos del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al que pertenece Temer. Y Emília Ribeiro, ex viceministra del MCTI, ha sido titular de Ciencia desde abril de 2016.

Pansera admite que tan alta rotación es perjudicial para la investigación. “Te da mucha discontinuidad”, dice.

Financiación reducida drásticamente

La discontinuidad más dolorosa para los investigadores de Brasil han sido los alarmantes recortes a los fondos federales. El año pasado, cuando empezaba a sentirse la crisis fiscal de la nación, el presupuesto del MCTI fue cortado en cerca de 1.900 millones de reales (US$ 540 millones), lo que lo dejó en 5.400 millones de reales. Su presupuesto para este año fue establecido en 37% menos que el año pasado, y su gasto autorizado fue rebajado otro 6%. El colapso de los precios del petróleo y un escándalo de soborno que involucra a Petrobras, la gigante compañía estatal de petróleo, han reducido aún más los flujos de efectivo para la investigación de Brasil, que depende en parte de los ingresos del petróleo.

Una de las principales víctimas de la crisis económica es el programa insignia de intercambio Ciencia sin Fronteras, que a finales de 2015 había enviado a cerca de 94.000 universitarios y estudiantes de posgrado brasileños a capacitarse en instituciones líderes en el extranjero. El programa buscaba enviar 100.000 estudiantes más para 2018, pero su segunda fase, prevista para comenzar este año, ha sido cancelada.

Para reactivar el gasto en ciencia, el gobierno había autorizado al MCTI a negociar un préstamo de US$ 1.400 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con sede en Washington DC. Pero esa operación se ha anulado debido al juicio político, dice Pansera. “Ahora vamos a tener que renegociar todo con el equipo económico del nuevo gobierno”.

Los institutos de investigación están luchando por sobrevivir. En el Instituto del Cerebro de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, en Natal, los investigadores dividieron entre ellos los gastos básicos de mantenimiento — tales como las facturas de Internet— y compraron equipos con su propio dinero, dice el director del instituto, Sidarta Ribeiro.

Y algunos científicos ya están planificando dejar el país. Suzana Herculano-Houzel, neurocientífica de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, lanzó una campaña de crowdfunding el año pasado para comprar nuevas piezas para un microscopio. Pero ahora ha decidido mudarse a la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos: en setiembre cerrará su laboratorio en Brasil, que había funcionado durante una década.

Los científicos brasileños están familiarizados con las crisis económicas. En la década de 1990 las restricciones presupuestarias eran la norma, recuerda Paulo Artaxo, físico de la Universidad de Sao Paulo. Pero antes de la crisis actual, la investigación del país había experimentado una expansión sin precedentes, con financiación en aumento y una cantidad de estudiantes de doctorado en alza. En 2011, Brasil aumentó al puesto décimo tercero en el mundo en términos de producción de artículos de investigación, en comparación con el puesto décimo séptimo que tenía en 2001.

Esa tendencia ya se está invirtiendo, dice Rogério Meneghini, especialista en ciencias métricas y director científico de SciELO, una colección subvencionada de revistas, principalmente de América Latina. La producción de artículos de investigación de Brasil creció a un ritmo constante de 16% entre 2011 y 2014, pero sus cifras preliminares sugieren que bajó 4% en 2015.

“Lo cruel de esto es que, cuando recortas la ciencia, nunca puedes reanudar desde donde dejaste”, dice Krieger. “Se pierde la posición”.

 

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó primero  el 12 de mayo de 2016.