Un equipo internacional de astrónomos ha conseguido “fotografiar” un insólito mundo: un supergigante gaseoso cuatro veces más masivo que Júpiter y que orbita en torno a la estrella más luminosa de un sistema estelar triple. Los hipotéticos —y, con toda probabilidad, inexistentes— habitantes de dicho planeta verían por tanto tres soles que, en ciertas estaciones del año, llegarían a salir y a ponerse otras tantas veces al día. En otras épocas, en cambio, siempre habría algún sol brillando en el cielo, por lo que el planeta experimentaría una situación de día constante. Los resultados fueron publicados el viernes en la edición en línea de la revista Science.

El nuevo mundo, situado a 320 años luz de distancia y bautizado como HD 131399Ab, no es el primer planeta descubierto en un sistema estelar triple. Sin embargo, sí presenta varias características que lo convierten en un caso excepcional con respecto a los casos previos conocidos. En primer lugar, su órbita es extraordinariamente amplia: HD 131399Ab se encuentra a más de 80 unidades astronómicas (UA) de la estrella principal del sistema triple; es decir, dos veces más lejos de su astro madre que Plutón del Sol (1 UA equivale a la distancia Tierra-Sol). Sin embargo, y a pesar de esa enorme separación, no se trata en absoluto de un mundo helado. Su estrella anfitriona es mucho más masiva que el Sol, por lo que en la superficie del planeta se alcanzan temperaturas de casi 600 grados Celsius, mayores que las que sufren Venus o Mercurio.

Ha sido precisamente esa característica la que ha permitido detectar el planeta por medio de una técnica relativamente inusual: la toma de imágenes directas. Este método se basa en captar la emisión térmica del planeta, lo que equivale a “verlo” en el infrarrojo. La gran mayoría de los exoplanetas descubiertos hasta ahora no han sido localizados de este modo, sino por los efectos que provocan en la estrella en torno a la cual orbitan (bien porque al pasar por delante de ella amortiguan ligeramente su luz, o bien por las pequeñas oscilaciones que el tirón gravitatorio del planeta causa en la estrella anfitriona). En particular, se trata del planeta más frío —a pesar de sus casi 600 grados— hallado hasta ahora por el método de toma directa de imágenes. El descubrimiento ha sido posible gracias al espectrógrafo SPHERE, instalado en el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile.

Una recreación artística de este mundo orbitando por sus estrellas. Crédito: ESO/L. Calçada/M. Kornmesser

El hallazgo reviste también importancia por otro motivo. En principio, cabe esperar que un planeta situado en un sistema estelar múltiple tenga una órbita inestable, ya que el influjo gravitatorio de varias estrellas cercanas resulta por lo general en una dinámica caótica, y lo más probable es que cualquier cuerpo acabe siendo expulsado muy pronto del sistema, por lo que esta clase de hallazgos se consideran muy improbables. De hecho, el nuevo mundo es uno de los exoplanetas más jóvenes conocidos hasta la fecha: posee una edad estimada de 16 millones de años, un suspiro en términos astronómicos.

En su artículo los autores aventuran tres posibles escenarios de formación: que el planeta se originase cerca de la estrella principal del sistema triple y que luego fuese eyectado hasta su órbita actual, más amplia; que naciese como un planeta circumbinario en torno a las otras dos estrellas del sistema (muy cercanas entre sí) y que fuese después desplazado hacia el astro principal; o que se gestase cerca de la estrella principal o del par menor, pero antes de que los tres astros se uniesen entre sí para dar lugar al sistema triple. Sea como sea, un curioso mundo que añadir a la cada vez más extensa lista de exoplanetas conocidos.

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó primero en Investigación y Ciencia.