Quizás todo el dinero debería ser lavado.

En los últimos años se han apilado los estudios que describen exactamente cuán sucios —específicamente cuán repletos de bacterias— pueden estar nuestros dólares y centavos. Las bacterias fecales y otros patógenos pueden haber pasado de las manos, nariz o delantal de alguien y terminar en nuestro dinero. Las levaduras o el moho también podrían andar por ahí. El resultado podría ser un riesgo duradero para nuestra salud cada vez que nuestro dinero cambia de manos.

Las superficies fibrosas de la moneda de los Estados Unidos proporcionan grandes grietas para que las bacterias se sientan como en casa. Y cuanto más tiempo ese dinero permanezca en circulación, más oportunidades tendrá de contaminarse. Los billetes de menor denominación se usan más a menudo, por lo que los estudios sugieren que nuestros billetes de uno, cinco y diez son más propensos a estar llenos de bacterias que causan enfermedades. Algunos de estos patógenos se sabe que sobreviven durante meses, según una reciente revisión de los estudios sobre “dinero sucio”. Desafortunadamente, los dólares sucios, ya sean denominaciones de $1 o $100, no son llevados a la lavandería cuando lo necesitan. Ellos tienden a circular alrededor de cuatro a 15 años, según la Reserva Federal. Y las monedas estadounidenses duran aún más: unos 25 años, dice el Sistema de la Reserva Federal de EE.UU.

Mientras el dinero en efectivo pasa todo ese tiempo deambulando, por ejemplo, de la nariz de un consumidor de cocaína, a las manos de un camarero y luego al bolsillo trasero de alguien, se va a encontrar con microbios en el camino. Muchos de estos microorganismos pueden ser inofensivos, pero otros podrían hacernos enfermar y los datos acumulados desde  la década de 1970 ponen en relieve el medio microbiano que puede esconderse en nuestro dinero.

Las bacterias resistentes a los antibióticos, como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA, por sus siglas en inglés), que pueden causar infecciones de la sangre mortales, pueden sobrevivir en nuestra moneda. La galería de patógenos aislados en billetes o monedas también incluye: Escherichia coli (que puede causar diarrea con sangre e incluso insuficiencia renal o muerte) y Pseudomonas aeruginosa (que causa infecciones del tracto urinario y del sistema respiratorio). Por separado, también se han encontrado pequeñas cantidades de cocaína, heroína, levadura y hongos en el efectivo. Un análisis realizado en 2010 por investigadores australianos examinó el número real de bacterias por centímetro cuadrado en varios billetes y encontró que un dólar estadounidense contiene 10 microbios por centímetro cuadrado (más alto que lo que Australia y Nueva Zelanda tenían en su moneda).

Este séquito patógeno probablemente se extiende más allá de unos pocos dólares errantes que llegaron a laboratorios de los científicos. Investigadores de la Fuerza Aérea de EE.UU. publicaron hallazgos en 2002 que concluyeron que la mayoría de los billetes de un dólar —el 94 por ciento de los 68 billetes en dólares examinados— contenían bacterias, algunas de las cuales podían causar neumonía u otras infecciones graves.

Ese riesgo para la salud pública puede reforzar el argumento para considerar una sociedad sin dinero en efectivo, una propuesta perenne y controvertida que recientemente recibió el apoyo del economista Kenneth Rogoff en su nuevo libro, The Curse of Cash. Por razones que tienen más que ver con el control de la delincuencia y la promoción de la política económica que la salud pública, recomienda que sigan el ejemplo de países como Suecia que ya han dejado de permitir dinero en efectivo en muchas localidades y, en su lugar, requieren pagos basados en tarjetas.

Tales propuestas, obviamente, plantean serias consideraciones, incluyendo la renuencia de muchas personas a que se registren todas las transacciones financieras. También están los desafíos logísticos de eliminar el dinero en efectivo, probablemente una carga pesada, teniendo en cuenta que los estadounidenses aún no han desechado los centavos a pesar de años de datos que demuestran que, económicamente, deberíamos. Pero si la cuestión de una sociedad sin dinero se aborda puramente desde el punto de vista de la salud pública, la respuesta parece clara.

El dinero tiene un papel único y omnipresente en la vida cotidiana. Aunque a menudo tocamos una variedad de objetos que podrían ser capaces de absorber, albergar y transmitir organismos infecciosos, el dinero está siempre presente —y a menudo cerca de la comida–. “Es más probable manipular dinero y luego comida que tocar un poste de metro o una manija comúnmente usada y luego comida”, señala Manolis Angelakis, investigadora de enfermedades infecciosas de la Universidad Aix-Marsella, que ha estudiado el dinero sucio.

No hay una investigación definitiva que conecte suficientes puntos para demostrar que el dinero sucio realmente hace enfermar a la gente, pero sí tenemos una fuerte evidencia circunstancial en los estudios: la gripe, el norovirus, el rinovirus y otros han sido transmitidos a través de contacto mano a mano o de superficie a mano, sugiriendo que los patógenos podrían viajar fácilmente por una ruta mano-dinero-mano. En un estudio, 10 personas manipularon una taza de café contaminada con rinovirus — y la mitad desarrolló posteriormente una infección–.

La composición de nuestros billetes es especialmente preocupante, más que la de nuestra moneda de cobre, que parece ser menos acogedora para las bacterias. Los billetes estadounidenses, hechos con una mezcla de 75 por ciento de algodón y 25 por ciento de lino, pueden ser más atractivos para las bacterias que el dinero de otros países.

Los billetes hechos con polímeros utilizados en Australia y Canadá parecieran ser “más limpios”, es decir, más resistentes a la suciedad y las bacterias, que los de algodón. Sin embargo, no hay planes para cambiar la composición del dinero estadounidense, dijo la Reserva Federal en un correo electrónico respondiendo nuestras preguntas . La Reserva, que supervisa la política monetaria de la nación y establece las tasas de interés, dijo que la moneda estadounidense no es un agente de transmisión muy eficaz para los gérmenes. Citó un estudio de 1982 sobre la pobre supervivencia de los virus de la gripe en las superficies del medio ambiente.

Sin embargo, trabajos posteriores han encontrado una gran cantidad de microbios, incluidos los virus de la gripe, que pueden persistir en los billetes (dependiendo de factores como humedad). Investigadores suizos descubrieron en un estudio de 2008 que los virus de la gripe, que típicamente sobreviven durante un par de días en francos suizos, pueden sobrevivir hasta 17 días si van acompañados con mucosidad — trayendo problemas para la gente que manipula dinero en efectivo después de que alguien más con secreción nasal lo manipuló–.

Otros estudios sobre el efectivo en todo el mundo apuntan específicamente a los altos recuentos de bacterias en el dinero manejado por los trabajadores de alimentos o en zona de hospitales. Un vistazo reciente a la variedad de dinero estadounidense es también inquietante. En los últimos años, la estudiante de postgrado de la Universidad de Nueva York Julia Maritz y sus colegas del Centro de Genómica y Biología de Sistemas de la misma universidad, analizaron el material genético en 80 billetes de $1 y encontraron aproximadamente 3.000 tipos de organismos, incluyendo bacterias relacionadas con neumonía, intoxicación por alimentos e infecciones por estafilococos.

La investigación en curso, todavía inédita, pero cubierta por The Wall Street Journal, también puso en relieve los diversos tipos de exposición que nuestro dinero tiene a los seres vivos y la geografía: encontró billetes con huellas de ADN de varios animales, incluido el rinoceronte blanco. Sin embargo, “nuestra investigación se centra en la presencia de estos organismos [microscópicos]”, dice Maritz. “No trabajamos en los aspectos de transmisibilidad. No sabemos si estos organismos están haciendo enfermar a la gente, no es algo que se pueda saber por el tipo de datos que generamos”, añade.

En contra de este escenario de efectivo cargado de bichos, los médicos y los investigadores ya recomiendan lavarse las manos antes de comer. Pero, ¿qué más se puede hacer? Tal vez la propuesta de la sociedad sin dinero de Rogoff no es tan disparatada como puede parecer. Todavía tocaríamos otras superficies con gérmenes —incluyendo los teclados utilizados en muchas de las transacciones sin dinero— pero aunque sea poco, ayuda.