Farolas y parquímetros alimentados por energía solar no son difíciles de encontrar, como tampoco lo son paneles fotovoltaicos que suministran energía a casas y fábricas. Estos avances conllevan una gran pregunta: ¿seremos capaces algún día de utilizar el sol para cargar nuestros ubicuos teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles en lugar de conectarlos a la red todas las noches?

La respuesta depende no solo del aumento de eficiencia en la tecnología de células fotovoltaicas, sino también de dónde se colocan las células en nuestros dispositivos y de dónde los guardamos –muchos de nosotros mantenemos nuestros teléfonos inteligentes metidos en un bolsillo o bolso durante gran parte del día, fuera del alcance de la energía del Sol–.

Sin duda, ha habido algunos avances. En el último World Mobile Congress, que se celebra cada año en Barcelona, el fabricante japonés de teléfonos celulares Kyocera Corp. mostró por segundo año consecutivo el prototipo de un teléfono de 12,7 centímetros que funciona con energía solar. El dispositivo, aún sin nombre, permite un minuto de conversación por cada tres minutos de luz solar, una gran mejora con respecto al predecesor de 2015, que ofrecía solo 15 minutos por cada dos horas de carga solar.

Para el desarrollo del teléfono Kyocera trabajó con la empresa Sunpartner Technologies, con sede en Francia, que produce una película translúcida impregnada con células fotovoltaicas. Al ser transparente, la película se puede instalar entre la pantalla LCD y la pantalla táctil para que el teléfono se pueda cargar más fácilmente mientras está en uso. La mayoría de los intentos anteriores por conseguir teléfonos alimentados con energía solar tenían las células en la parte posterior, lo que significa que el dispositivo tenía que estar hacia abajo para ser cargado y que las células, siendo externas, se podían dañar más fácilmente.

Kyocera dice que espera sacar al mercado su teléfono inteligente alimentado con energía solar en breve, posiblemente a tiempo para el próximo Mobile World Congress en febrero de 2017. La compañía dice que la carga solar no añadirá mucho en cuanto al costo, por lo que los teléfonos tenderán a tener un precio aceptable para los usuarios y las compañías que venden los teléfonos. John Chier, portavoz de Kyocera, añade que es muy probable que la tecnología aparezca en una de sus líneas de teléfonos orientados para el uso industrial o al aire libre. Si se convierten en un éxito, es de esperar que más fabricantes de dispositivos sigan su ejemplo.

La película Wysips de SunPartner tiene un 90 por ciento de transparencia, medio milímetro de espesor y utiliza una capa fotovoltaica unida a una red de microlentes. Las células fotovoltaicas son prácticamente transparentes, ya que son muy delgadas y también porque están distribuidas alrededor de una superficie que contiene "una pluralidad de zonas fotovoltaicas activas separadas por zonas transparentes", según un documento de patente presentado en 2014. Bookeen, un fabricante de lectores de pantalla con tinta electrónica con sede en París, planea utilizar la tecnología en los cargadores de energía solar para sus lectores electrónicos. El relojero francés Nevo planea integrar la película en relojes inteligentes.

Otro truco es diseñar una célula fotovoltaica que permita a la luz visible pasar a través suyo, y mientras recoja energía de la radiación infrarroja y ultravioleta. "La idea es que usted ni siquiera notará que está recargando su teléfono", dice Vladimir Bulović, decano asociado para la innovación de la Facultad de Ingeniería del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Bulović, Richard Lunt, de la Universidad del Estado de Michigan, y el ganador del premio Lemelson-MIT Miles Barr han utilizado la tecnología que desarrollaron para cofundar Ubiquitous Energy, una empresa incipiente que desarrolla células solares transparentes.

Bulović dice que se puede obtener una mayor eficiencia de los sistemas fotovoltaicos que alimentan aparatos portátiles –pero no mucho más en este punto–. "La luz del sol solo le da cierta cantidad de energía; no podemos cambiar eso", dice. "Hemos trabajado en la mejora de la eficiencia de células solares una y otra vez. Las mejores células solares ya se están trabajando al límite del rendimiento físico esperado". Esas células "mucho mejores" están cerca de ser competitivas económicamente en algunas aplicaciones con combustibles fósiles como el carbón, pero son caras y poco prácticas para la electrónica de consumo, de ahí el interés de Kyocera en la película solar. "Quieres algo que sea razonablemente eficiente a un costo razonable para que no cambie el paradigma de lo que cuesta su teléfono celular", dice Bulović.

El equipo de Lunt de la Facultad de Ingeniería de Michigan State College está desarrollando un concentrador solar luminiscente y transparente que puede ser aplicado sobre un área tan grande como una ventana o tan pequeña como una pantalla de teléfono inteligente. El material recoge la luz infrarroja y ultravioleta y la canaliza a los bordes, donde las células fotovoltaicas convierten la luz en electricidad.

A pesar de todos los avances técnicos, los teléfonos que funcionan con energía solar se enfrentan a otra limitación que tiene más que ver con el comportamiento del usuario – específicamente cuánto tiempo tiene la gente su teléfono fuera de los bolsillos, mochilas o carteras y a la luz, dice Bulović–. Hacer los teléfonos solares más prácticos "requeriría un cambio en los hábitos", añade. Bulović sugiere que las nuevas configuraciones de teléfonos móviles pueden resolver algunos de estos problemas. Una posibilidad: teléfonos que vengan con una hoja solar extensible que salga para cargarse, y que luego se retrae cuando ha terminado.

Pero nada está asegurado en este mercado. En el 2009 Samsung presentó el teléfono Blue Earth –que incluía un cargador solar–, pero pronto fue retirado. Un portavoz de Samsung dice que Blue Earth era un teléfono de "producción limitada" que nunca fue vendido en EE.UU. En 2012 Nokia abandonó un proyecto para desarrollar teléfonos con un cargador solar incorporado en la parte de atrás, diciendo que simplemente no era práctico y la demanda era limitada.