El virus del zika es tenaz. En menos de un año ha llegado a cerca de 40 países del mundo, y más de 150 viajeros de Estados Unidos se contagiaron con el virus en otro lugar y se enfermaron de regreso a casa, de acuerdo con un recuento estado por estado hecho por Scientific American.

Con los meses de verano por llegar, las latentes preocupaciones ahora están llegando a un punto álgido sobre qué puede significar para EE. UU. un brote global. Y las proyecciones no se ven bien. Altos funcionarios de Estados Unidos de dos organismos han dicho que esperan que pequeños cúmulos de la enfermedad —a través de la transmisión local del mosquito Aedes aegypti— surjan dentro de las fronteras del país, y también hay pruebas crecientes de transmisión sexual del virus de hombre a mujer entre humanos.

Ante la ausencia de vacunas contra el zika, funcionarios de EE. UU. y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) están analizando soluciones innovadoras para ayudar a combatir el brote, incluyendo el uso de mosquitos A. aegypti genéticamente modificados que puedan desplazar a la población local de estos insectos y aprovechar la bacteria Wolbachia —originalmente probada para combatir el dengue—, que podría evitar que los mosquitos infectados transmitieran el virus.

Luciana Borio, jefa científica interina de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU., dijo a los legisladores el pasado 2 de marzo que su agencia “pronto” prevé dar a conocer al público un informe que evalúa el impacto ambiental de la liberación de pequeñas cantidades de mosquitos genéticamente modificados en los Cayos de Florida. El proyecto piloto sería diseñado para probar cómo estos insectos ayudarían ante un brote de zika. Los mosquitos transgénicos machos —producidos por la empresa Oxitec, con sede en Reino Unido— fueron modificados para asegurar que cuando se apareen con hembras salvajes, su descendencia muera antes de la edad adulta (cuando las hembras se alimentarían de los humanos). En EE. UU. ya se han registrado más de 40 casos importados de zika (relacionados con viajes) y autoridades sanitarias del país se están preparando para la transmisión local del virus de los mosquitos nativos.

Sin embargo, la mayor preocupación de las autoridades de salud de Estados Unidos es el territorio de Puerto Rico. “Con el zika pudimos ver cientos de miles de infecciones a final del año [en Puerto Rico]”, advierte Tom Frieden, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), de EE. UU. Para abril, es probable que allí haya zika “generalizado”, le dijo a los legisladores en la audiencia del 2 de marzo ante una subcomisión de la Cámara.

 Los números no son sacados de la nada. Puerto Rico fue apaleado en los últimos dos años por miles de casos de otra enfermedad llamada chikungunya, que es transmitida por los mismos mosquitos. Este mal, que causa dolor articular, se extendió en todo el país a un año de su llegada. El mosquito A. aegypti que transmite tanto zika como chikungunya es considerado la “cucaracha de los mosquitos”, dice Frieden. Vive en la sombra, está en todas partes y es muy difícil de matar. Puede reproducirse en solo una pequeña cantidad de agua y sus huevos pueden permanecer en estado latente durante mucho tiempo. Por otra parte, estos mosquitos han desarrollado resistencia a muchos insecticidas tradicionales, y los mosquiteros son de poca utilidad para prevenir las picaduras debido a que estos insectos se alimentan durante el día.

Otros proyectos piloto con los mosquitos transgénicos de Oxitec han demostrado ser exitosos para reducir la cantidad de mosquitos. Los ensayos realizados en Brasil, Panamá y las Islas Caimán dieron como resultado una eliminación de más de 90 por ciento de la población A. aegypti salvaje, según la compañía. En ensayos en Piracicaba, Brasil, la empresa redujo 82 por ciento las larvas del mosquito salvaje, detalla Oxitec. Pero aún no se sabe si este enfoque puede ser exitoso, sostenible y aceptado en EE. UU. Borio le dijo a los legisladores: “No sabemos qué opina la gente”.